El Ayuntamiento de Mejorada del Campo clausura la Catedral de Justo Gallego por falta de licencia

El Ayuntamiento de Mejorada del Campo clausura la Catedral de Justo Gallego por falta de licencia

La conocida como ‘Catedral de Justo’, en Mejorada del Campo, ha quedado cerrada al público por orden del Ayuntamiento al carecer de licencia municipal. El Consistorio ha decretado el cese de cualquier uso público del edificio, una medida que se mantendrá hasta que sus actuales responsables, Mensajeros de la Paz, regularicen la situación administrativa y obtengan los permisos necesarios.

La decisión, adelantada por El Mundo y confirmada por la propia ONG en su página web, implica que el recinto no podrá recibir visitas ni acoger actividades abiertas al público, incluido el reparto de comida a personas vulnerables que se venía realizando en el interior. Mensajeros de la Paz ha trasladado que la catedral “permanecerá cerrada en espera de que termine de tramitarse la licencia” y ha contactado con Cáritas para utilizar instalaciones alternativas en el municipio y evitar que la clausura frene su labor social.

En el ámbito municipal, Urbanismo sostiene que el inmueble carecía de licencias y que no existía tramitación en curso, lo que impidió mantener la actividad y derivó en la apertura de un expediente que ha concluido con la orden de clausura. El Ayuntamiento comunicó la decisión hace unos días a Mensajeros de la Paz y dejó la puerta abierta a revisar el cierre cuando se complete la documentación requerida.

Según ha trascendido, la organización ya había iniciado gestiones para regularizar el edificio, pero sin aportar un elemento considerado clave: un proyecto arquitectónico visado por el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid. Una vez se cumpla ese requisito, el Consistorio revisará la situación. La ONG asegura que entregará “cuantos documentos sean requeridos”.

El cierre llega tras años en los que el edificio se ha convertido en un icono popular y turístico, con hitos mediáticos como su aparición en un anuncio de Aquarius en 2005. En esta ocasión, el detonante no habría sido una inspección rutinaria, sino una consulta concreta: hace unas semanas, una fundación preguntó al Ayuntamiento qué permisos necesitaba para organizar una exposición artística en el templo. Ese paso activó la revisión municipal y terminó por precipitar el expediente.

Aunque el nombre se ha impuesto en el imaginario colectivo, el edificio no es una catedral en sentido canónico. Mensajeros de la Paz recordaba el pasado septiembre que se trata de un “centro social” sin reconocimiento oficial de la Iglesia católica como catedral y que no ha sido consagrado como templo. La ONG lo define como un “espacio comunitario” con iniciativas sociales, culturales y espirituales.

Aquella aclaración llegó tras la controversia generada por la apertura de una mezquita en el recinto. La organización fundada por el Padre Ángel explicó entonces que se trataba de un “espacio de oración interreligioso” situado en un anexo, habilitado a petición de la comunidad musulmana.

Más allá de los papeles, la clausura reabre una discusión de fondo sobre el sentido del lugar y el rumbo que se le está dando desde que Mensajeros de la Paz asumió su gestión hace cinco años. Voces críticas y personas vinculadas al origen del proyecto denuncian que la reinterpretación del espacio está desdibujando la finalidad que impulsó a Justo Gallego durante décadas y que, en la práctica, se está pervirtiendo su legado.

El argumento que sostienen quienes cuestionan la deriva es que Gallego levantó el edificio, con una tenacidad casi inverosímil, como una obra de inspiración cristiana y con vocación de templo, aunque nunca llegara a ser reconocido como catedral. En ese marco, consideran que convertirlo en un contenedor de usos cambiantes —con actividades que no guardan relación con la intención inicial— rompe con lo que Justo quiso para su “catedral” y con el sentido espiritual que, a su manera, imprimió al proyecto. La polémica no se limita a un matiz religioso: también apunta a la identidad del lugar, a la memoria del hombre que lo construyó y a la obligación moral de respetar lo que representaba.

La historia del inmueble explica su notoriedad. El proyecto comenzó hace 65 años en un solar de Mejorada del Campo, municipio de unos 25.000 habitantes. En octubre de 1961, Justo Gallego, agricultor y antiguo monje, sin formación técnica en arquitectura, empezó a levantar el edificio desde cero: primero como una ermita y, con el tiempo, con ambición de gran templo.

La construcción avanzó sin planos formales, con materiales reutilizados y con una voluntad que terminó atrayendo atención internacional. En los años noventa el edificio ya era lo bastante monumental como para convertirse en destino de curiosos. A partir de ahí, llegaron la invitación a una exposición en Nueva York en 2004, la campaña publicitaria de 2005 y reportajes en medios extranjeros, incluido The New York Times en 2017. Justo Gallego falleció en 2021 y el inmueble pasó a manos de Mensajeros de la Paz con el compromiso de impulsar su continuidad.