Del Consejo de Ministros del martes pasado ya salió la normativa de la nueva regulación extraordinaria de inmigrantes. Moncloa habla de 500.000 y Funcas de 850.000 a 1 de enero de 2025, aunque la realidad no ha parado de escalar en los quince meses transcurridos sin freno a la entrada legal y la permanencia ilegal de extranjeros en España.
¿Es deliberado el intento de acabar con la confianza de los ciudadanos en la justicia para reformarla y controlarla? ¿Puede un ministro de Justicia atacar a un juez, llamarle prevaricador y decir que se avergüenza de sus actuaciones por el mero hecho de que investigue y procese a la mujer de su jefe?
Todo exceso conduce a su contrario y en eso estamos. Con varios ministros, entre ellos el de Justicia, criticando la actuación de los jueces y sembrando dudas prevaricadoras acerca del magistrado que ha instruido el sumario que procesa por cuatro presuntos delitos a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno.
Dicen algunos acompañantes de Pedro Sánchez en el avión de regreso de Pekín que el presidente está eufórico. O casi, porque solamente la nube de lo que él considera una 'persecución judicial' contra su esposa, Begoña, arroja un poco de sombra a lo que en Moncloa parece considerarse el sol que brilla refulgente sobre el papel que el presidente español representa en el mundo mundial.
La última iniciativa del Gobierno que permitirá la regularización de la estancia hasta ahora ilegal en España de medio millón de inmigrantes abre las puertas a la polémica. En el caso del PP porque, según alguno de sus dirigentes, pone en peligro la seguridad en nuestro país, va en contra de la normativa de la UE y provocará un efecto llamada.
Decían los griegos que el destino duerme en las rodillas de los dioses. Ayer me acordé de esa frase, que me viene recordando el cerebro con mucha frecuencia, desde que Pedro Sánchez se convirtió, al poco, en Pedro I, El Mentiroso; un clásico fanfarrón de taberna, millonario, Donald Trump, se transformó en presidente de Estados Unidos, y un sospechoso psicópata ejerció como tal invadiendo Ucrania.
Vivimos entre espejos virtuales que nos miran y donde nos miramos. Así nos vamos abriendo paso entre la maleza. A escala planetaria, continental, nacional o local. De ahí que el juego de espejos sea una inagotable fuente de analogías y carreras de sacos, solos o acompañados, por salir ganando en las comparaciones.
El homenaje recibido por el rey Juan Carlos I en la Asamblea Francesa debería hacer reflexionar a quienes en España, de manera harto mezquina desmerecen su figura, no reconocen el papel determinante que tuvo en el complejo proceso político de transición de la dictadura a la democracia y critican su posible regreso definitivo a nuestro país.
Por supuesto, para nada estoy comparando al prorruso húngaro Víktor Orban, destronado este domingo por las urnas tras dieciséis años de mandato, con Pedro Sánchez. Nada, o muy poco, que ver el uno y el otro, entre otras cosas porque tanto Putin como Trump hubiesen apostado gustosos por la permanencia de Orban al frente del Gobierno húngaro y, en cambio, sospecho que tanto el mandatario norteamericano como el ruso estarían encantados con una caída del presidente español.
MADRID 12 Abr
Podrían ser "la pareja fantástica", incluso "una pareja perfecta", o "la pareja de al lado" y hasta "la pareja ideal" que, según los psicólogos es una fantasía romántica o una proyección mental que "puede resultar dañina al ignorar las imperfecciones humanas reales del otro". Y, en este caso, hasta podría ser un trío porque detrás de uno de los miembros de la pareja siempre aparece "el otro". También, por último, "la extraña pareja", pero esa película estaba protagonizada por Jack Lemmon y Walter Matthau, dos actores con mucho talento y un gran dominio de la escena. Pero eso es cine. La realidad es otra cosa y la realidad política es incluso más complicada. Hay personajes que llegan a la política para servir -son los más, aunque sean los que menos suenan- y otros que llegan para instalarse y vivir de ella y de los ciudadanos que pagamos los impuestos.
Gabriel Rufián e Irene Montero tratan de formar una pareja de hecho para salvarse de la quema de sus partidos y seguir viviendo de la política. Muy bien por cierto en ambos casos, uno como diputado en el Parlamento español -él que es independentista y que vino para unos meses y lleva más de 10 años cobrando del "nefasto" Estado español- y ella, comunista de ideología, eurodiputada con un sueldo fantástico, trabajándose una buena pensión y "chaletista" de lujo. Ambos promueven una unión de la izquierda a la izquierda del PSOE, aunque ninguno de los dos parece ya muy de izquierdas salvo de boquilla. Lo suyo es un enamoramiento interesado para llenar los vacíos, las carencias y las necesidades de ambos. Él, marginado en su partido, ERC, está tratando de vender una alianza de izquierdas, un proyecto españolista, que su partido rechaza y que le haría cabeza de lista en Cataluña para apoyar en el resto de España a todo lo que sustituya a Sumar, que sustituyó a Podemos, que sustituyó a Izquierda Unida, que sustituyó al PCE. Y ella, al revés, una coalición de intereses con el nombre que sea, no un partido, dispuesta a apoyar el derecho de los catalanes a irse de España y a aplicar un comunismo sectario de salón, una ideología que ha fracasado en el mundo entero y que es responsable de millones de muertos y de la pobreza de todos los que aún viven bajo esas dictaduras.
La unión tendría dos objetivos: seguir viviendo de la política, ya lo he dicho -ambos personajes tienen una experiencia laboral muy limitada y poco exitosa fuera del "servicio" público- y "frenar el fascismo". Sus argumentos son simples y limitados. Rufián, al que alguien le ha presentado estrambóticamente como "el puño de hierro contra la derecha española y catalana", dice que "si no vamos juntos, nos matarán". Irene Montero, que como Pablo Iglesias, disfrutaría "reventando a la derecha", asegura que "lo que podamos hacer en el futuro es más importante que cualquier cosa del pasado". Ella que vive del pasado, no sólo por su ideología viejuna y caduca, sino porque todo lo que no es izquierda extrema es franquista y fascista. Incluido Juan Roig y cualquier empresario, seguramente no quiere recordar sus sonados fracasos legislativos, que pusieron en la calle a violadores, y su inoperancia política.
Lo de Rufián y Montero no es más que una charla de pareja, llegue a donde llegue. Él ha prometido que si le va en ello el cargo, se va a su casa. Las promesas hay que cumplirlas. También ha dicho que prefiere "llenar Tik Tok que bibliotecas porque mi hijo mira Tik Tok" y suponemos que no pisa una biblioteca. Eso se llama altura de miras y visión de futuro. Podría ser el próximo ministro de Educación. Podemos va de fracaso en fracaso -Extremadura, Aragón, Castilla y León, pronto Andalucía- hasta su desaparición total. Por eso intentan agarrarse a un clavo ardiendo como Rufián. Se van a quemar. Pero por el camino, uno y otra han contribuido activamente a la destrucción institucional. Y como dice Fernando Vives, el presidente de Garrigues, primer despacho de abogados de Europa, "las instituciones tardan décadas en construirse, en sedimentarse para que los ciudadanos creamos en ellas, pero se tarda muy poco en su deterioro". A esta pareja de conveniencia les queda trabajo por hacer. Y no quieren renunciar a hacerlo.
MADRID 12 Abr
Leo con detenimiento en la prensa dominical los detalles del 'juicio Ábalos', o quizá el 'juicio Koldo', o 'caso Aldama', o 'affaire mascarillas', como usted quiera. La verdad, las disquisiciones sobre el pelo que se ha implantado el ex aizkolari y ex portero de puticlubs, incluso el interrogatorio a la infeliz ejem dentista, todo ese mundo patibulario como de Torrente, son detalles sin duda sabrosos, que dan color al turbio fondo, pero que no acaban de apasionarme.
MADRID 11 Abr
El destino ha querido que mientras millones de contribuyentes empezaban a hacer sus cuentas y crecía su enfado para cumplir con Hacienda, comenzaba también el primer gran juicio por corrupción del Partido Socialista y del Gobierno.
MADRID 11 Abr
La política exterior de Pedro Sánchez es, cuando menos, emocionante, por decirlo de algún modo. Soy incapaz de hacer una enmienda a la totalidad en este campo, por más que me parece que la figura del ministro de Exteriores, Albares, no es la más adecuada para el cargo en estos momentos.
Después del viaje a ninguna parte, Irán está más radicalizado que nunca y, si acaso, solo Israel ha podido obtener alguna ventaja. El intento de entender lo que está pasando en Oriente Medio vuelve a ser una forma de caminar a ciegas.
Este sábado, en la sede de la Asamblea Nacional francesa, Juan Carlos I recibe un premio especial de una importante asociación literaria gala por el libro 'Reconciliación', las memorias del emérito alumbradas de la mano de la escritora francesa Laurence Debray.
Es pronto para saber cuánto tiempo costará recuperar el orden y las pautas de acción sometidas al Derecho Internacional que en líneas generales regían el mundo hasta que la Rusia de Vladimir Putin desató una guerra de conquista territorial en Ucrania y posteriormente , tras su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump decidió atacar a Irán habiéndolo hecho anteriormente contra Venezuela.
Tiene mala suerte el Ministerio de Hacienda. Primero, se le marcha una de esas mujeres que, según ella, posee una inmejorable opinión de sí misma, y no es que huya, sino que renuncia a ser la mujer con más poder político que hubo nunca en el PSOE para redimir a sus compañeros andaluces, atrapados en los brazos de la derecha.
¿Puede el presidente de la primera potencia del mundo estar loco? Puede. ¿Puede el presidente de la primera potencia mundial ser un estúpido, un imbécil? Puede, claro que puede. ¿Puede el presidente de primera potencia mundial llevar a todos los demás países a una crisis económica y a la pobreza?
La corrupción es la filoxera que amenaza con pudrir la democracia. Tenemos en la agenda judicial de estos días dos casos destacados en la infamante primera división de la corrupción. Presunta, digámoslo también, mientras la cosa esté siendo enjuiciada y no haya sentencias.
Cambiar el mundo es una vieja aspiración de la humanidad. O debería serlo. Cuando las gentes viven bajo el terror, se dejan chantajear por un fanfarrón enloquecido -realmente lo está-, se declaran 'quemadas' y, lejos de pasar al estadio de 'indignadas', miran hacia otro lado, es que algo muy serio está ocurriendo en el planeta, ese planeta que ahora miran, de lejos, nuestros enviados especiales a la Luna.
Acostumbrados a bravatas y amenazas de Donald Trump que después se quedan en nada -aranceles, Groenlandia, Canadá- quizá no estamos midiendo el riesgo que entrañan algunas de ellas. Por ejemplo: que los Estados Unidos puedan abandonar la OTAN.
La coreografía política en torno a los datos de empleo y paro vuelve a repetirse con una precisión casi mecánica: música triunfalista, cifras lanzadas al vuelo y un mensaje simplificado que busca instalar la idea de un mercado laboral boyante.
El todavía presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha enviado un sofisticado mensaje a los iraníes. Una verdadera sutileza que se acabará estudiando en las escuelas de relaciones internacionales de todo el mundo.
De cada 100 millones que salen de las arcas del Estado (proveniente de los bolsillos de los contribuyentes españoles) a cada ciudadano vasco y catalán le corresponden unos 6 euros con 50 céntimos, mientras al resto de los ciudadanos, sean canarios, gallegos, extremeños o castellanos, no les llega ni siquiera a un euro por persona, sino algo así como 90 céntimos de euro.