La soledad no deseada golpea con especial fuerza a las mujeres, que representan el 55% de las personas que buscan apoyo emocional en España.
Así lo refleja el Mapa de la Soledad no Deseada en España, elaborado por la Fundación Social Padre Ángel y Mensajeros de la Paz a partir del análisis de más de 7,2 millones de llamadas recibidas por el servicio Teléfono Dorado a lo largo de sus 30 años de funcionamiento.
El estudio pone de manifiesto que este fenómeno tiene una clara distribución territorial y social, estrechamente ligada a factores demográficos, económicos y emocionales, y que afecta tanto a personas mayores como a generaciones más jóvenes.
Según el informe, la Comunidad de Madrid concentra el 21,5% de los casos de soledad no deseada registrados, seguida de Andalucía, con el 19,7%, y el País Vasco, con el 10,4%. El análisis señala que en Madrid influyen especialmente la vida acelerada, la movilidad constante y el anonimato propio de las grandes ciudades, factores que dificultan la creación de vínculos estables.
En Andalucía, la soledad se explica por una combinación de amplias zonas rurales envejecidas y entornos urbanos donde muchas personas carecen de una red familiar cercana. En El País Vasco, por su parte, la elevada esperanza de vida se asocia a una soledad vinculada a la longevidad y a la pérdida progresiva de las redes comunitarias tradicionales.
El informe también destaca otros territorios donde la soledad no deseada tiene un peso relevante. En la Comunidad Valenciana, que concentra el 10% de los casos, la soledad afecta tanto a personas mayores que viven solas como a quienes llegan desde otras regiones en busca de oportunidades laborales y tardan en reconstruir sus relaciones sociales.
Galicia, con un 3%, y Castilla y León, con un 4,8%, reflejan de manera clara el impacto de la despoblación. En estas comunidades, miles de personas mayores residen en aldeas o pequeños municipios donde la distancia, la falta de servicios y la marcha de los jóvenes generan un profundo vacío social.
Cataluña, con un 4,8%, y Murcia, con un 2,5%, muestran un patrón marcado por las áreas urbanas. En grandes ciudades, el ritmo de vida, la movilidad constante y el individualismo dificultan la consolidación de vínculos estables, dando lugar a una sensación de soledad incluso entre personas rodeadas de gente.
Los datos del Teléfono Dorado revelan que la soledad no deseada está estrechamente relacionada con la forma de convivencia. El 64% de las personas que buscan acompañamiento vive sola, mientras que el 51% se identifica como clase media y el 27% como clase baja. En cuanto al nivel educativo, el 45% cuenta con estudios secundarios, el 39% con formación primaria y solo el 7% con estudios superiores.
El estado físico y emocional también desempeña un papel clave. Cuatro de cada diez personas que llaman mencionan dolencias físicas persistentes, el 23% reconoce síntomas de depresión y un 11% afirma sufrir ansiedad o angustia.
Aunque la soledad no deseada tiene una fuerte presencia entre las personas mayores, no es un problema exclusivo de la vejez. El 64% de quienes llaman al Teléfono Dorado son personas mayores que viven solas y un 30% reconoce no recibir visitas durante semanas. Sin embargo, el estudio también alerta sobre la llamada “soledad silenciosa” que afecta a la Generación X y a los ‘baby boomers’, de entre 40 y 65 años, a menudo vinculada a separaciones, inestabilidad laboral, el cuidado de padres mayores y la falta de tiempo para la vida social.
Entre los más jóvenes, el Teléfono Dorado ha detectado en 2024 un aumento sostenido de llamadas de menores de 35 años, especialmente tras rupturas sentimentales, mudanzas a otras ciudades o la pérdida de vínculos familiares. Muchos de ellos confiesan sentirse abrumados por la hiperconexión digital, pero sin una persona real con la que poder hablar.
Este informe se ha dado a conocer en el marco de una iniciativa impulsada por la Fundación Social Padre Ángel para instaurar el 16 de diciembre como Día Internacional de la Soledad no Deseada. El objetivo es visibilizar un problema social creciente y promover respuestas colectivas que devuelvan la compañía y la escucha a quienes más lo necesitan.