El músico Íñigo Coppel afina la memoria de los 90 en su primera novela “A mayor gloria de nadie”

El músico Íñigo Coppel afina la memoria de los 90 en su primera novela “A mayor gloria de nadie”

El músico y cantautor Íñigo Coppel presenta su primera novela, “A mayor gloria de nadie” (WestIndies, 2025), una obra que transita entre la memoria, el rock y la violencia urbana para narrar la España de los años noventa desde la mirada de un adolescente marginal. Nacido en Bilbao en 1977 y con una carrera musical que ha dejado discos como “En el Olympia” (2014), “Los nobles salvajes” (2016) o “El pueblo contra Íñigo Coppel” (2023), Coppel ha sabido construir una voz singular que bebe del rock dylaniano, el tango y la chanson, así como de una profunda sensibilidad literaria. 

Tras décadas afinando canciones y contando historias en múltiples formatos –incluido el programa de radio “De puro guapo”–, se lanza ahora al terreno de la narrativa con una novela que explora la épica perdida de una generación atrapada entre cargas policiales, tribus urbanas y canciones salvajes de rock and roll. 

En “A mayor gloria de nadie”, Coppel afina su guitarra de papel para cantar lo que pocos quieren oír y muchos sospechan: que la épica ha cambiado de bando. Lejos de héroes, su novela propone una radiografía de supervivientes y ruido, donde la gloria ya no pertenece a nadie y la memoria se impone como única forma de resistencia. 

La historia gira en torno a Alan Sauvage, un huérfano de 17 años que recorre las calles del Casco Viejo de Bilbao, en medio de un contexto histórico convulso, buscando respuestas sobre Dios, la identidad y el sentido de la vida. A través de su protagonista, Coppel entrelaza ficción y memoria histórica en una narrativa que se siente casi musical, con cadencias que recuerdan a riffs de guitarra y letras de rock. Madrid Actual entrevista al músico y escritor. 

PREGUNTA:- ¿Qué le inspiró a escribir “A mayor gloria de nadie” y cómo nació la idea central de la novela?

RESPUESTA:- Empecé escribiendo pequeños textos sobre mis años de adolescencia en Bilbao y pronto me di cuenta de que tenía un personaje y una historia que contar. Viví intensamente aquella época de mediados de los años 90 llena de Rock and Roll, bares, tribus urbanas, peleas callejeras, cargas policiales, atentados de ETA...

P:- El título invierte la conocida frase jesuita “Ad maiorem Dei gloriam”. ¿Qué mensaje quería transmitir al jugar con esta idea y relacionarla con “la gloria de nadie”?

R:- La novela cuenta también el final de la vieja escuela. Pertenezco probablemente a la última generación que vivió aquello de “la letra con sangre entra”, con los curas del colegio pegándonos con reglas de madera. Por otro lado, creo que también fuimos de las primeras generaciones en las que ya prácticamente nadie creía en Dios. Alan Sauvage, el protagonista, busca respuestas desesperadamente, pero lo que encuentra en la iglesia es desolador: muchos curas vascos estaban a favor de ETA, por ejemplo.

P:- El libro arranca con Alan Sauvage, un huérfano de 17 años que recorre las calles del Casco Viejo, buscándose a sí mismo en medio de cargas policiales, violencia urbana y rock & roll. ¿Qué le atrajo de esta figura marginal como protagonista y qué quería explorar a través de su mirada?

R:- Quería un personaje solitario y desesperado ante el horror del mundo. Como es huérfano, no ha heredado ninguna ponzoña ideológica, está totalmente al margen de todo y de todos. Y eso la gente no lo perdona. Se lo hacen pagar con humillaciones y palizas desde sus primeros años de vida.

P:- La novela se sitúa en España durante los años noventa, un periodo convulso, también retrata la España post-terrorismo de ETA y un país en cambio. ¿Cómo influyó ese contexto histórico en la historia que quería contar? ¿Cómo logró equilibrar la ficción con la memoria histórica de esos años?

R:- Tenía muy claro que mi primera novela debía situarse en los años 90, ya que es una época que marca el fin de muchas cosas. Por ejemplo, en mi opinión la música popular no sobrevivió al cambio de siglo, por muchas razones que contaré en otras novelas. Mi protagonista está obsesionado con las canciones, para él y para muchos jóvenes de aquellos tiempos la música era su verdadera religión. También me pareció interesante contar cómo vivíamos los adolescentes unos pocos años antes de la interrupción del internet y los teléfonos móviles, era un mundo muy distinto. Y luego está el tema de ETA, si yo tuviera ahora 15 años me gustaría saber cómo era vivir aquello en el día a día.

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P:- La novela refleja críticas hacia instituciones de la educación y ciertos sectores de la iglesia. ¿Hay experiencias personales detrás de estas reflexiones, o es más bien un ejercicio de ficción crítica?

R:- Siempre odié el sistema educativo. Me parece que aplasta sin piedad a todo aquel que es diferente, destruye la creatividad y el pensamiento crítico.

P:- El protagonista no solo se mueve entre violencia y marginalidad, sino también por un resentimiento hacia la patria, la tribu, lo colectivo. ¿Este rechazo de las identidades colectivas refleja una crisis generacional?

R:- La novela trata de explicar cómo es posible que chavales adolescentes puedan llegar a asesinar a alguien a quien no conocen, o a matarse entre ellos en las calles por pertenecer a tribus urbanas diferentes. Mucho me temo que el mundo siempre ha sido así. Desde el principio de los tiempos los seres humanos no hemos hecho otra cosa que aniquilarnos unos a otros. No tenemos remedio. Y la religión y los nacionalismos son grandes culpables.

P:- En “A mayor gloria de nadie”, el ritmo de la narrativa se siente casi musical, con cadencias que recuerdan a riffs de guitarra o letras de rock. ¿Cómo influye su experiencia como músico en la construcción del ritmo y la sonoridad de tus frases?

R:- Llevaba toda la vida escribiendo canciones y dediqué muchísimo tiempo a estudiar las diferencias que hay con respecto a escribir prosa o poesía. Mi protagonista está obsesionado con las canciones y trata de entender la vida a través de ellas, por eso sus monólogos internos están llenos de citas de letras. Así encontré una forma de combinarlo todo.

P:- Alan busca algo más grande que él mismo en un mundo que parece no ofrecer héroes, solo supervivientes. ¿Cree que la música, tanto en la novela como en su vida, sirve como forma de redención o resistencia frente a esa realidad?

R:- Claro, las canciones son una forma de escapar del mundo, aunque solo sea durante unos minutos.

P:- Tras publicar su ópera prima, “A mayor gloria de nadie”, ¿planea explorar otros cruces entre literatura y música, o incluso escribir una obra que combine ambos mundos de manera más explícita?

R:- Sí, de hecho estoy escribiendo una segunda novela que sigue la historia de Alan, y a la vez componiendo un disco en el que él es el protagonista de todas las canciones. Me interesa mucho explorar nuevas maneras de escribir y cantar historias, más allá de las formas clásicas.