El drama de estar sobrecualificado y no encontrar trabajo. Solución: dedicarse a otra cosa o marcharse fuera. Este es el dilema en el que se encontró, como tantos otros españoles, el madrileño Eduardo Fernández, Doctor en Filología Clásica con dos licenciaturas a sus espaldas y años dedicados a la investigación.
.- ¿Por qué te fuiste a México?
Cuando no encuentras trabajo la situación puede llegar a resultar frustrante y plantea un grave dilema: reconvertir tu dedicación profesional dejando a un lado la inmensa inversión de tiempo y esfuerzo económico que el Estado ha hecho en cualificar a determinadas personas en una materia; o buscar fortuna fuera del país. Yo he preferido la segunda y trabajar en uno de los centros más prestigiosos de investigación en humanidades en Latinoamérica y en mundo entero: el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.
.- ¿Se aprecia más al español fuera que en su propia tierra?
Pienso que sí, que El Español tiene unas características que lo hacen muy atractivo en muchos sitios: en prácticamente todo el mundo, el español aporta un carácter abierto y sociable muy apreciado, además de su Formación Profesional, que en las últimas décadas ha favorecido la aparición de grandes expertos y especialistas de gran nivel técnico y profesional valorados internacionalmente. Por desgracia, a veces es necesario salir de nuestras fronteras para darse cuenta de esto y valorar más lo que tenemos en España.
.- ¿Crees que es real la fuga de cerebros de nuestro país?
Lamentablemente sí. Las posibilidades profesionales en España son muy limitadas y los sueldos muy cortos para determinadas especialidades, de forma que en cuanto uno levanta la cabeza y comprueba que lo que hace se valora más en el exterior y por lo tanto se paga más, no hay mucho que pensar. La realidad es que te llueven ofertas del exterior.
.- ¿Has conocido a más personas en tu situación?
En México hay una gran colonia de españoles entre los que se encuentran sobre todo altos directivos, empresarios, artistas y profesores. He conocido a varios de ellos agrupados en diversas asociaciones y clubes sociales en los que las conversaciones a distancia de la madre patria parece que sirven para encontrar los puntos comunes por encima de divergencias ideológicas y partidistas. Algunos jóvenes ingenieros, arquitectos o profesores también se han venido a trabajar a México. De hecho, en el mismo centro de investigación en Estudios Clásicos hay otro madrileño, Javier Espino, en la misma situación que yo.
.- ¿Compartís los mismos motivos?
Ante la falta de perspectivas profesionales, la primera opción es seguir formándose, hacer un máster o un curso especializado, pero cualquiera se da cuenta que solo es un parche temporal que lo único que hace es retrasar el problema del ingreso en el mercado laboral; otros prefieren trabajar de becarios precarios, sin sueldo pero que al menos con la posibilidad de adquirir experiencia profesional; los que yo he conocido en México han decidido saltarse esos dos pasos y comenzar a trabajar lejos de casa.
.- ¿La universidad española está en crisis?
La educación en España está atravesando una de sus peores coyunturas históricas en todos los niveles por culpa de una falta de intervención a tiempo y de un proyecto serio y competitivo. La transferencia de competencias a las comunidades autónomas y la eclosión de universidades públicas y privadas por todo El País, con la llegada de la crisis económica, está sufriendo un proceso de endeudamiento y contracción que probablemente provoque el cierre de muchas de ellas o al menos de su reducción a la mínima expresión.
.- Si esto sucede con las especialidades técnicas, mucho más con las que no lo son.
Obviamente que el problema se agudiza con especialidades poco productivas, o, vamos a decirlo más claramente, especulativas, como son las humanidades o las ciencias experimentales. En ambos casos queda en evidencia la ausencia de un modelo de universidad que parece haber perdido su identidad por falta de incentivos y por la emulación de un sistema economicista y empresarial que contradice la misma esencia de la universidad.
.- ¿Es complicado dar clase en la universidad?
Esta crisis también se manifiesta en la falta de oportunidades para los jóvenes bien preparados que ven copadas las plazas y taponada la entrada a la docencia universitaria con acreditaciones y acumulaciones de méritos que no son más que una excusa para ralentizar el proceso y agotar a los candidatos. Resulta curioso que los que abogan por erradicar la endogamia y promueven la meritocracia en el proceso de selección no tuvieran que pasar por esto.
.- Aun así tenemos a grandes profesores
Sí, a pesar de la profunda crisis de identidad, la universidad española sigue llena de eminencias y de altos profesionales que conjugan una labor docente cada vez más exhaustiva con una investigación muchas veces mal pagada y sin los fondos necesarios para resultar competitiva. Me consta que muchos de ellos realizan sus investigaciones desinteresadamente, por amor a la ciencia y al conocimiento, sin retribución alguna que ni el Estado ni la Universidad puede financiar.
.- ¿Y qué sucederá cuando ya no estén?
La situación es dramática. Bien es cierto que la congelación de las nuevas plazas y las dificultades para incorporarse en el cuerpo docente no desprestigia en absoluto a los actuales profesores que se ven incapaces de solventar un problema que no es suyo y les viene grande. La tragedia se producirá cuando quiera darse el relevo generacional y no encuentren a las nuevas promociones formadas por ellos porque han salido fuera de España, y allí se han visto en mejores condiciones que las que van a encontrar a su vuelta.
.- Como experto en autores clásicos, ¿qué dirían los antiguos si vieran lo que estamos viviendo?
Pienso que Cicerón o Aristóteles se asombrarían si comprobaran que aún hoy seguimos leyendo y estudiando sus escritos. Nos animarían a replantear un modelo racional de universidad no sin antes echarse las manos a la cabeza por el nivel de los alumnos y el excesivo interés por las técnicas y las ciencias experimentales. Por otra parte, en cualquier época ha habido fuga de cerebros: Aristóteles se fue dar clases a Alejandro en Macedonia; Platón tuvo que implantar su utópica república en Sicilia; y grandes autores como Cicerón, Ovidio o Séneca tuvieron que dejar Roma, algunos para no volver jamás...
.- ¿Volverías a España?
En España tengo a mi familia y a mis amigos. La identidad cultural de una persona la marcan sus orígenes a los que nunca debe renunciar. Nada me llenaría de orgullo más que devolver todo lo que se ha invertido en mí en mi propio país formando nuevas generaciones de humanistas.
Hace años, a finales de los 90, Carlos López, director de Recursos Humanos de Arthur Andersen, desarrolló el programa Operación Retorno para la 'captación' de jóvenes que hubieran realizado estudios de posgrado en el extranjero y que desearan volver a España para continuar su carrera profesional, con el objetivo de facilitar la recuperación de un capital intelectual y humano para nuestro país. Ojalá este tipo de iniciativas logren recuperar a tantos españoles que se han visto obligados a abandonar el país en busca de mejor fortuna.