El centro de Madrid ha comenzado a recuperar la normalidad este miércoles tras el derrumbe del edificio situado en el número 4 de la calle de las Hileras, a escasos metros de la Puerta del Sol, que se cobró la vida de cuatro trabajadores que participaban en la reforma del inmueble, destinado a convertirse en un establecimiento hotelero.
A primera hora de la mañana el ambiente era ya muy distinto al vivido la víspera, cuando decenas de dotaciones de emergencias —entre bomberos, Policía Municipal, Samur y Samur Social— mantenían acordonado el área y se afanaban en las tareas de rescate. Ahora, menos de media docena de patrullas policiales custodian el perímetro, mientras se preparan para reanudar, en los próximos días, los trabajos de retirada de los aproximadamente 150 metros cúbicos de escombros que sepultaron a las víctimas.
La vicealcaldesa y delegada de Seguridad, Inma Sanz, ya había adelantado que las labores de desescombro se prolongarían varios días, aunque desde la madrugada del miércoles la prioridad fue la recuperación de los cuerpos de los desaparecidos, hallados todos antes del amanecer. A lo largo de la jornada, la calle de las Hileras permanece cerrada al paso general, aunque se permite el acceso a los residentes debidamente acreditados.
En paralelo, la circulación vuelve progresivamente a su cauce. Se han reabierto vías afectadas como la calle Arenal y Mayor, y se restablece la conexión peatonal a través de la plaza de Herradores. El centro comienza a recuperar su ritmo habitual, si bien aún se perciben alteraciones puntuales derivadas del dispositivo de seguridad y los restos del colapso.
La ubicación del siniestro, en plena almendra central de Madrid, ha hecho que no solo los vecinos, sino también cientos de turistas, se hayan acercado hasta las inmediaciones atraídos por la fuerte presencia policial y mediática. Algunos residentes, aún impactados, recuerdan el fuerte estruendo del desplome y reconocen que, durante los primeros instantes, pensaron que se trataba de un atentado. Otros expresan su preocupación por la estabilidad de los inmuebles colindantes.
El edificio, cuyo derrumbe se produjo alrededor de las 13.00 horas del martes, había sido evacuado previamente para su rehabilitación. La tragedia obligó al desalojo de inmuebles cercanos y al corte del tráfico en buena parte del centro, lo que contribuyó a paralizar la actividad en la zona durante horas. A última hora del miércoles, los vecinos desalojados pudieron volver a sus viviendas acompañados por agentes de la Policía Municipal.
Pese a la aparente normalidad, los residentes de la propia calle Hileras seguirán varios días conviviendo con las consecuencias del colapso: presencia de maquinaria pesada, restricciones de acceso, ruido, y la inevitable inquietud por lo ocurrido. La magnitud del siniestro y la cercanía a enclaves como la Puerta del Sol o la Plaza Mayor han marcado las últimas horas de la capital, que ahora se esfuerza por volver a la rutina sin perder de vista las causas y responsabilidades del suceso.