La Consejería de Sanidad lanza un protocolo para atender a las víctimas de abusos tras ser drogadas

La Consejería de Sanidad lanza un protocolo para atender a las víctimas de abusos tras ser drogadas

La sanidad madrileña tiene desde un nuevo protocolo de actuación para atender a personas que hayan sufrido abusos tras ser drogadas, y anima a todas las víctimas de sumisión química a denunciar los hechos cuanto antes para obtener las muestras biológicas que sirvan como pruebas.

"Queremos que se difunda, que la gente sepa que existe una forma de rastrear y les animamos a denunciar. Todo aquel que crea que una mujer o un anciano haya sido abusado o engañado porque alguien echó algún tipo de droga en su bebida, que le inste a ir a un centro sanitario lo antes posible", ha dicho el director general de Coordinación de la Asistencia Sanitaria, Antonio Alemany.

La Consejería de Sanidad presenta el protocolo a los equipos directivos de los hospitales, centros de salud y del SUMMA 112 para que dispongan desde ya de pautas homogéneas sobre "la recogida de sangre y orina, así como la custodia de las muestras" con fines de denuncia judicial por parte de las víctimas.

Este protocolo, basado en las pautas que venía aplicando el Hospital Clínico San Carlos en estos casos, "es pionero en España a nivel autonómico", ya que involucra a Atención Primaria, hospitalaria y servicios de Emergencia.

"El protocolo agiliza, homogeneiza y disminuye la variabilidad, ya que la persona será atendida de la misma forma en cualquier punto sanitario de la región", y además permitirá crear "un sistema de registro para conocer los casos" que se producen, ha añadido.

No hay todavía estadísticas al respecto, y aunque se barajan entre cien y 300 casos anuales, estas cifras pueden ser solo "la punta del iceberg", de ahí la importancia de contar con un registro, continúa.

"En unos seis, ocho meses podríamos tener una aproximación del número de casos en Madrid", asevera Alemany.

El documento surgió de "la necesidad detectada" por los profesionales sanitarios de Urgencias, Atención Primaria y Atención Rural, que son los "más próximos a la hora de atender casos de sumisión química", explica.

Además de mejorar la atención a las víctimas, se fijan las pautas de "custodia de las pruebas, que es muy importante para que se animen a demandar a quienes les hayan abusado. Las pruebas deben estar a puerta cerrada y bajo unas garantías de que nadie haya tocado las muestras, para que sean válidas", continúa Alemany.

En la mayor parte de los casos, las víctimas son mujeres que resultan abusadas sexualmente, ancianos que sufren engaños con fines de robo y extorsión, y en menor medida niños hiperactivos a los que se quiere calmar para que se duerman y no den guerra.

En general, las sustancias más empleadas son ansiolíticos y somníferos, también psicotrópicos en el caso de los mayores, que se echa en la bebida, sobre todo en alcohol, mientras que la burundanga, de la que se habla mucho en los últimos tiempos, es sin embargo "la menos difundida", pese a que sus efectos "son espectaculares", en el mal sentido, precisa.

Las personas pierden la memoria cercana de lo ocurrido, pueden presentar moratones y otro tipo de marcas -que hay que documentar- en el cuerpo y no recuerdan lo que pasó.

"Algunas sustancias están pocas horas en el organismo, otras se eliminan más rápido, de ahí la importancia de acudir pronto al centro sanitario a sacar sangre y orina", recomienda Alemany.

"Un mensaje a las víctimas: no tengan la sensación de culpabilidad por haber ingerido alguna sustancia, porque fue un acto involuntario; y sepan que se puede rastrear y denunciar", concluye el director general.