Almeida reivindica el Entierro de la Sardina como “higiene moral colectiva” y símbolo del carácter madrileño

Almeida reivindica el Entierro de la Sardina como “higiene moral colectiva” y símbolo del carácter madrileño

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha participado en el tradicional Entierro de la Sardina, con el que la ciudad despide el Carnaval y da la bienvenida a la Cuaresma, y ha defendido esta celebración como un “acto de higiene moral colectiva” que simboliza la capacidad de los madrileños para “relativizar adversidades sin rencor ni amarguras”.

En el Patio de Cristales de la Casa de la Villa, decenas de cofrades y plañideras, vestidos de riguroso luto, han cumplido con su cita anual entre risas, cánticos y el reparto de sardinas, en esta ocasión de chocolate. La Cofradía y la Peña del Boquerón han concedido este año la Sardina de Plata a “la paloma de la paz”, en recuerdo de los conflictos y guerras que persisten en el mundo, y han tenido también palabras para quienes han sufrido las recientes inundaciones y tormentas.

Ante representantes de todos los grupos municipales y miembros de la cofradía, Almeida ha subrayado que el Entierro de la Sardina “va mucho más allá del folclore”. A su juicio, esta tradición encarna una seña de identidad de la capital: la capacidad de reírse de uno mismo y de despedir lo pasado sin resentimiento.

“Eso es, en el fondo, enterrar la sardina”, ha afirmado el regidor, que ha reivindicado esta ceremonia como una expresión del carácter madrileño, capaz de convertir la dificultad en ingenio. En su intervención, ha recordado el origen popular de la tradición, vinculada al Manzanares y a una ciudad que supo transformar la escasez en celebración.

El alcalde también ha destacado el significado simbólico del acto como tránsito del bullicio del Carnaval a la sobriedad de la Cuaresma, “como corresponde a Madrid, la capital de España, sin exigencias pero también sin tristeza”. En esa transición, ha añadido, se expresa una manera particular de entender el paso del tiempo, aceptando luces y sombras y dejando atrás lo que ya no sirve.

Almeida ha puesto en valor el papel de los cofrades, a quienes ha reconocido que mantienen viva una tradición que no es “cosa de museo”, sino de calle y de participación popular. El Entierro de la Sardina, con su mezcla de ironía y recogimiento, vuelve así a cerrar el ciclo festivo del invierno madrileño y a abrir el tiempo litúrgico previo a la Semana Santa.