Los belenes vivientes se han consolidado como una de las grandes tradiciones navideñas en la Comunidad de Madrid, atrayendo cada año a miles de visitantes y movilizando a cientos de voluntarios. Municipios como Buitrago del Lozoya o Colmenar Viejo, junto a parroquias de la capital, ofrecen representaciones que combinan arte, fe y participación ciudadana.
Buitrago del Lozoya, que este año celebra la 35 edición de su belén viviente, ha vuelto a colgar el cartel de entradas agotadas. Las 10.000 localidades disponibles se vendieron en apenas dos semanas. Reconocido como Fiesta de Interés Turístico Regional, el evento cuenta con 195 actores y un recorrido de 2,3 kilómetros paralelo a la histórica muralla del municipio. María Cano, vicepresidenta de la Asociación Cultural Belén Viviente, destaca el esfuerzo colectivo que hace posible representar las 41 escenas, gracias al trabajo y la implicación de los vecinos, que además de actuar, aportan elementos de atrezzo como tinajas, herramientas y animales.
En Colmenar Viejo, otro de los belenes vivientes con más arraigo en la región, se ultiman los preparativos para la representación de este sábado. Gonzalo Madrid coordina un proyecto que comenzó hace 25 años en el entorno parroquial y que hoy moviliza a unas 250 personas entre actores y ayudantes. Las parroquias del municipio y vecinos de otras localidades cercanas colaboran para dar vida a una docena de escenas que rememoran el nacimiento del Salvador. Este belén espera recibir en torno a 7.000 visitantes.
La capital ofrece nacimientos monumentales, históricos y adaptados a los más pequeñosEn Madrid capital, varias parroquias mantienen viva la tradición del belén con propuestas artísticas de gran calidad. En la basílica de la Milagrosa, Andrés Cantarero, sacristán del templo, explica que este año han instalado dos nacimientos: uno especialmente pensado para niños, con figuras animadas por motores, y otro de carácter monumental, montado por la asociación belenista La Milagrosa. Esta última recreación atrae visitas de colegios y familias del entorno, y permite acercar a los más pequeños al misterio de la Navidad.
La parroquia de San Ginés, en pleno centro de la capital, acoge otro de los nacimientos más singulares, con figuras del siglo XVIII vestidas con mantos históricos. Su párroco, Antonio-Hernán Gómez, destaca el estilo barroco y napolitano del belén, cuyas piezas de madera policromada y pino han sido cuidadosamente conservadas. Este montaje ofrece una experiencia visual rica en detalles y cargada de simbolismo.
También en el barrio de Recoletos, la parroquia de San Manuel y San Benito ha retomado su belén tras el paréntesis obligado por la pandemia. Ana Correro, responsable de su coordinación, explica que el nacimiento está especialmente pensado para atraer la atención de los niños, con una noria en movimiento y plantas naturales. El párroco, Modesto García, reconoce el esfuerzo que supone montar el belén, una tarea que comienza en septiembre y que implica a numerosos fieles.