Como cada primer día del año, miles de ciudadanos han acudido a la céntrica chocolatería San Ginés, en pleno centro de la capital, para degustar el primer desayuno del año.
Una escena ya habitual en la madrugada del 1 de enero, cuando el chocolate caliente y los churros se convierten en el broche gastronómico de la Nochevieja madrileña.
En declaraciones a los medios, el encargado de la chocolatería, Daniel Real, ha explicado que a lo largo de la noche han pasado por el local entre 5.000 y 6.000 personas. Según ha detallado, este flujo de clientes se ha concentrado principalmente en las ocho horas comprendidas entre las doce de la noche y las ocho de la mañana, justo después de las campanadas.
Preguntado por sus deseos para el año que comienza, Real ha subrayado la importancia de lo esencial. Ha señalado que, al final, lo más importante es el trabajo y la salud, dejando claro que no pide mucho más para el nuevo ejercicio.
El encargado ha destacado que la ubicación de San Ginés, muy próxima a la Puerta del Sol, es determinante para entender la afluencia masiva de clientes. Ha explicado que, tras comer las uvas, muchas personas se dirigen directamente a la chocolatería, lo que provoca largas colas desde el primer minuto del año. A primera hora de la mañana, ha añadido, el personal se afana en reorganizar el local para recuperar la normalidad tras la intensa actividad nocturna.
Real ha reconocido que la facturación del turno de noche suele incrementarse en una fecha como esta, aunque ha matizado que el motivo principal para abrir no es económico. Según ha señalado, lo más especial de la noche de Año Nuevo es reencontrarse con clientes que solo visitan la chocolatería una vez al año y que mantienen viva esta tradición generación tras generación.