Con la llegada de la Navidad y la cercanía del Día de Reyes, una de las tradiciones más esperadas en los hogares españoles vuelve a ocupar el centro de la mesa: el roscón de Reyes. Este dulce emblemático, inseparable de las celebraciones del 5 y 6 de enero, combina gastronomía, juego y tradición en una costumbre que se mantiene viva generación tras generación.
El roscón de Reyes es un bollo elaborado con una masa dulce en forma de toroide, decorado con rodajas de fruta confitada, escarchada o cristalizada de vivos colores. En su interior se esconde una pequeña sorpresa, que forma parte esencial del ritual. Desde comienzos del Siglo XXI, además, el roscón ha evolucionado y hoy es habitual encontrarlo relleno de nata montada, crema, cabello de ángel, moca, trufa o chocolate, adaptándose a todos los gustos.
Más allá de su sabor, el roscón encierra un pequeño juego que anima la celebración. En la masa se introducen dos elementos clave: una figurita, tradicionalmente del Rey, y un haba seca. Al repartir las porciones, la expectación crece hasta que alguien encuentra uno de estos símbolos que marcarán su papel en la reunión.
La tradición popular establece que quien encuentra el haba es el “perdedor” de la jornada y debe pagar el roscón, ya sea el de ese mismo día o el del año siguiente, según la costumbre familiar. Por el contrario, quien descubre la figurita del Rey es coronado rey o reina de la fiesta por un día, convirtiéndose en el centro de atención y, en algunas versiones, librándose de pagar… o incluso asumiendo el gasto en la próxima celebración.
El origen de esta costumbre se remonta a fiestas medievales en las que el haba servía para asignar roles simbólicos entre los participantes. Con el paso del tiempo, aquel significado ritual o de presagio fue transformándose hasta convertirse en una tradición lúdica y familiar, en la que la sorpresa y la risa pesan más que la obligación. Así, entre risas, coronas de cartón y alguna que otra protesta del desafortunado al que le toca el haba, el roscón de Reyes sigue siendo mucho más que un dulce: es una tradición que reúne, divierte y pone el broche final a la Navidad.