Dieciséis funciones; tres "violetas"; el papel "casi" agotado y pantallas gigantes en museos y auditorios son algunos de los síntomas de la "traviatamanía" que convertirá a Madrid desde el lunes en el corazón de "una fiesta" de emoción, música y pasión que llegará a toda España.
El Teatro Real "brinda" al público una producción "intimista, sobria y fatalista" de la que es la ópera más representada en el mundo, con Renato Palumbo al frente de la orquesta y David McVicar en la dirección escénica.
'La Traviata' será, además, el plato fuerte de la Semana de la Ópera, que acoge el Real, a la que asistirán la segunda semana de mayo representantes de 150 teatros y festivales líricos procedentes de más de 40 países.
El 8 de mayo se transmitirá en directo la función en museos, centros culturales, auditorios, universidades de toda España y en la Plaza de Oriente, delante del Real, además de en su Palco Digital.
Este montaje de la obra de Verdi, basada en "La dama de las camelias", a su vez inspirada en la vida lujuriosa de la cortesana Marie Duplessis (1824-1847), es una coproducción del Real con el Liceo, de Barcelona, la Scottish Opera, de Glasgow, y la Welsh National Opera, de Cardiff, teatros donde este montaje ya se ha presentado.
Además, supondrá la vuelta al Real del barítono Leo Nucci, en uno de sus papeles fetiche, el de Giorgio Germont, padre de Alfredo. El italiano es el primer cantante que ha conseguido hacer un bis en ese teatro, en su papel de Rigoletto.
Palumbo ha explicado hoy en rueda de prensa, acompañado del director artístico del teatro, Joan Matabosch, y las sopranos que se alternarán en el papel, Ermonela Jaho, Irina Lungu y Venera Gimadieva, que es una obra que "parece simple, pero que es de las más complicadas de realizar".
Su "misterio" es, según Palumbo, que está "llena de matices, planos, de psicología y profundidad" y "siempre en desarrollo, en continua búsqueda".
"Quien tenga el privilegio de ver a los tres repartos tendrá también la suerte ver tres 'Traviatas' distintas", ha asegurado el director, un experto verdiano.
La pasión por "La Traviata" en todo el mundo, la "traviatamanía", se explicaría además, según Palumbo, porque "va contra el estilo de un mundo que vive en crisis".
"Soy muy afortunado haciendo esto, porque este pequeño universo no está contaminado y es nuestra responsabilidad llevar a todos un mensaje que ayuda a los ciudadanos a ser mejores. Si somos capaces de que 20 jóvenes dejen de mirar su móvil para mirar esta ópera, será una victoria", ha asegurado.
El director y la soprano que estrenará el día 20, Ermonela Jaho, han subrayado que el primer acto es "de una gran dificultad vocal", en el que es más importante "transmitir la desesperación que ser técnicamente perfecto".
"Antiguamente se cantaba esta obra dándole toda la importancia al primer acto, el segundo era discreto, y el tercero era 'bruto'. Ahora no, ahora es todo más equilibrado, ligado y fluido y no hay que olvidar que Violeta está enferma desde el primer acto", ha detallado el italiano.
Jahlo cree que su papel precisa de "verdadera emoción para provocar el enamoramiento en el público".
"Tiene que tocarle el corazón y, si el sentimiento no es verdadero, simplemente canta un robot. Es una gran responsabilidad por todas las grandes que lo han interpretado, pero lo importante es liberarse, ser auténtica y no una copia", ha añadido.
Para Gimadieva es "cierta" la "leyenda" que dice que para cantar su papel, "uno de los más difíciles que existen técnicamente", son "necesarias tres voces", ya que el primer acto es "muy vivaz y alegre, con una extensión vocal muy exigente"; el segundo "debe transmitir calor humano"; y en el tercero, "hay que darle el color del sacrificio y la muerte".
"Pero lo importante es expresar misterio, crear verdadera sugestión, algo verdaderamente dramático, y sin eso la técnica vocal no es nada", ha añadido Gimadieva.
La producción de McVicar se inicia, al igual que la novela de Dumas, con el desenlace, es decir la subasta de los muebles de la casa de la agonizante Violeta.
Todo el drama transcurre sobre la piedra gris de su tumba, en la escenografía concebida por Tanya McCallin, autora también de los figurines, que ha creado espacios sobrios y reducidos.
En el papel de Alfredo se alternarán Francesco Demuro, Antonio Gandía y Teodor Ilincai, y en el de Giorgio Germont, Nucci, Juan Jesús Rodríguez y Ángel Ódena.