Filosofía y ópera, ¿qué se puede decir de los personajes que protagonizan estas obras?

Filosofía y ópera, ¿qué se puede decir de los personajes que protagonizan estas obras?

Este camino de pensamiento es el que seguiremos durante la lectura del ensayo filosófico: “Lo sublime en Wagner. Cuatro lecturas lacanianas de óperas clásicas” (Herder, 2025), del filósofo esloveno Slavoj Žižek (Liubliana, 1949). Marcado por un ritmo melódico, el libro recorre desde el pensamiento filosófico y lacaniano la dramaturgia wagneriana, acogiendo en su recorrido una profundización de lo bello a través de la música. 

Pensador polivalente, Zizek trabaja desde ámbitos tan diversos como el marxismo, el psicoanálisis, el hegelianismo y la crítica cultural, siendo uno de los grandes representantes de la llamada izquierda lacaniana debido a que su pensamiento no puede ser comprendido sin la gran influencia de Lacan, que a través del legado de conceptos como el deseo que es constituyente del sujeto o la triada de lo imaginario, lo simbólico y lo real, repensará grandes pilares dentro de la teoría marxista, especialmente la ideología. 

Desde sus primeras páginas, Žižek llena de referencias sus líneas, permitiendo al lector seguir el hilo de pensamiento que pretende exponer: llega a citar en las tres primeras páginas a ocho filósofos distintos y de diferentes épocas, entre ellos pensadores como Rousseau, Kant o Rancière, u otros que también protagonizan grandes influencias para el autor como Hegel o Schopenhauer. 

El libro une ópera, filosofía y psicoanálisis, recorriendo grandes espectáculos líricos como “Parsifal”, “Tannhäuser” o “Tristán”. A lo largo de las páginas el lector va encontrando comparaciones entre ellos –obras del mismo compositor– además de con otras obras, como el “Salomé” de Strauss. Pero, ¿por qué hace esto? Tomando a los héroes y sus circunstancias, Žižek recorre los límites de los anhelos que tiñen la vida del ser humano, el amor puro, el dolor sublime de las injusticias o la espera interminable. 

La música es capaz de revivir el dualismo de la experiencia representado en estas grandes obras, independientemente de la época en la que se participe de ellas.Se afirma que “cuando progresamos hasta el núcleo mismo del sujeto, nos hallamos con el núcleo fantasmático del goce que ya no puede ser subjetivado ni asumido efectivamente por el sujeto; el sujeto solo puede contemplar este núcleo con una mirada fría y fija, incapaz de reconocerse de manera plena en él”. El filósofo trae a la obra la idea de lo sublime al más puro estilo kantiano, como aquello inefable, que ciega y nos deja perplejos. 

Žižek cuenta cómo Kant consideraba que esta experiencia despertaba un sentimiento de una facultad suprasensible en nosotros, parecido a cuando en la ópera te tiemblan las piernas al son de la vibración, el corazón es compungido como si le estuviesen mirando directamente y la piel de gallina florece. La música nos transporta a un mundo que supera y rompe el lenguaje, y que aun así interpela a cada uno y todos por igual. En este estudio lacaniano de la dramaturgia wagneriana, lo sublime se presenta como la emoción absoluta, la apasionante fuerza de la demanda incondicional del amor. 

El trabajo del esloveno pasa esencialmente por esta relación de lo sublime con un estudio cuidadoso psicológico freudiano y lacaniano de los personajes principales, trayéndonos del inconsciente a las letras con variaciones estructurales de un gesto o un objeto, esquivando nuevamente los significados propios del lenguaje detallado, a lo que Žižek se refiere como una “interpretación horizontal” a la hora de leer a Wagner. 

El ensayo, sin perder de vista el tema principal sobre la dramaturgia wagneriana, no se olvida de cerrar todos los posibles puntos de fuga a la hora de investigar: desde el gusto por la entropía nihilista del Romanticismo hasta la predilección de la estructura autónoma moderna de la ópera; la relación de lo sublime con una inmersión en el vacío y la pulsión de muerte freudiana; la idea schopenhaueriana de que la música representa la Voluntad nouménica mientras que el discurso pertenece a la representación fenoménica, devolviéndonos a esa idea de la magia de la música; el arte y el inconsciente de la mano de Munch, Kafka o la relación entre Kandinsky y Schönberg. 

El libro finaliza con un recorrido que atraviesa a las principales mujeres de las obras desde la idea de la histeria femenina. Como vemos, el disfrute de la lectura no solo está en la posición maravillada respecto a la música, sino en su amplísimo trato de distintos temas desde una perspectiva profundamente filosófica. Aunque es cierto que el lenguaje usado en el libro requiere de una cierta formación en filosofía, las explicaciones son abundantes y el ritmo lo suficientemente rápido como para poder crear un campo esquemático mental de cada una de las partes desarrolladas e interconectadas. Es un ensayo para disfrutar de la sonoridad más honda de la música, acompañada de los grandes autores a lo largo de los últimos siglos.

@estaciondecult