La mujer detrás del mito en “Mi nombre es Celestina”

La mujer detrás del mito en “Mi nombre es Celestina”

Igual que “donjuán”, “quijote” o “lazarillo”, “celestina” es un término que se ha lexicalizado y que hoy convive en nuestro vocabulario gracias a la importancia del personaje del que toma el nombre. Según el “Diccionario de la lengua española”, esta palabra se define como sinónimo de “alcahueta”, es decir, aquella mujer que concierta una relación amorosa, generalmente de forma ilícita. 

Aunque hoy en día conocemos la obra cumbre de Fernando de Rojas como “La Celestina”, en un inicio se tituló: “Comedia de Calisto y Melibea”. No obstante, el personaje de Celestina acabó por imponerse hasta darle nombre. Ahora bien, ¿qué es lo que podría haber llevado a alguien a convertirse en esta astuta anciana sin escrúpulos, cuyo interés y beneficio propios eran lo único que le importaban? Esta es la pregunta que Desirée Baudel (Barcelona, 1978) pretende responder en “Mi nombre es Celestina” (Grijalbo, 2026).

Baudel se licenció en Filología Hispánica por la Universitat de Barcelona y, antes de escribir sus propios libros —“Diario de un incendio” (Tres Hermanas, 2022) o “Ya lo pensaré mañana” (Grijalbo, 2025)—, trabajó como jefa de prensa en diferentes sellos editoriales. Gracias a su actual trabajo como profesora de secundaria, ha podido profundizar más en este personaje tan emblemático de la literatura española y, tras mucha investigación, le ha construido una vida previa al mito que todos hemos estudiado. 

Escrita a modo de biografía, la novela abarca desde los inicios de la vida de la Celestina hasta lo que podrían ser unos pocos años antes de que Calisto requiriera sus servicios para embaucar a Melibea. Desde el principio, ya puede intuirse la suerte que correrá este personaje, pues teniendo solamente seis años su madre la abandona en la casa de la vieja Sancha, a quien a partir de ese momento debe servir. En ese instante, es despojada de su infancia y, en cierto modo, también de la vida que podría haber tenido. Entonces, deberá aprender a sobrevivir sola en un mundo que la desprecia y que no se lo pondrá nada fácil, enfrentándose a su propio “viaje del héroe”.

Puede verse mucho del personaje de Rojas en Sancha: una vieja a la que la gente desprecia, pero a la que recurren por sus conocimientos sobre botánica, medicina e, incluso, hechicería. Además, se la define como una persona muy codiciosa que verá en Celestina una herramienta para acrecentar su fortuna y que, a base de golpes y traspiés, le enseñará cómo trata la vida a quienes no han tenido suerte. De ella lo aprenderá todo, logrando superarla en todos los sentidos.

A lo largo de la novela, dividida en siete partes que reflejan sus diferentes etapas vitales, es duro ver cómo la joven intenta reconducir su camino hacia una vida mejor. Incluso llega a intentar refugiarse en el amor, que tanto ansiaba y echaba en falta desde que su madre la dejó. No obstante, sus planes siempre se verán truncados y cada piedra con la que tropieza aumentará su rabia y rencor hacia todo y hacia todos. 

La autora hace fácil seguir su historia, dura en muchas ocasiones, y empatizar con ella, aunque siempre sin olvidar cuál es su destino, escrito seis siglos atrás. La obra se aleja de maniqueísmos: Celestina no se presenta ni como la “buena” ni como la “mala”, simplemente es una persona que actúa como cree que debe hacerlo en cada situación en función de lo que ha ido aprendiendo. Baudel no pretende justificar sus acciones, sino poder llegar a comprenderlas.

“Mi nombre es Celestina” también pretende dar respuesta a otras incógnitas presentadas en la tragicomedia medieval, como el origen de la cicatriz que atravesaba su cara o la estrecha relación que afirmaba haber mantenido con Claudina, la madre de Pármeno, muchos años atrás; algo que fue clave para conseguir que el criado de Calisto participara en su contienda. Aunque podría ser difícil discernir cuánto había de verdad en las palabras de Celestina, experta en manipular y moldear el discurso a su interés, la versión de Baudel apuesta por confiar en ellas y desarrolla una de las relaciones más sinceras en la historia de la alcahueta.

Claudina es otro personaje que, como ella, ha sido despreciada y sentenciada por la sociedad. Se hace mucho hincapié en el papel de la mujer y en las dificultades que tiene por el simple hecho de serlo, algo que trasciende la novela y que puede extrapolarse más allá de los márgenes del periodo que aquí se refleja. Este sentimiento que ambas sienten se puede percibir perfectamente en una de las conversaciones que mantienen: “Has estado años sola en este mundo infecto en el que las mujeres solo somos bien vistas si obedecemos, si fingimos no tener voz y si nos convertimos en esposas sumisas y en madres, o en putas”. 

Con esta novela, Baudel va dando forma a las múltiples capas de este personaje tan complejo y construye lo que podría haber sido la historia de Celestina. El empeño y cuidado que ha puesto en este proyecto pueden apreciarse en el resultado: desde la redacción ágil y la precisa selección léxica, hasta la lograda ambientación que hace al lector adentrarse en plena Edad Media y conocer el día a día de esta mujer que se convirtió en mito.

@estaciondecult