“Las jefas” de Esther García Llovet: una historia incómodamente divertida

“Las jefas” de Esther García Llovet: una historia incómodamente divertida

Esther García Llovet (Málaga, 1963) estudió Psicología Clínica y Dirección de Cine. Además de su faceta como escritora, es fotógrafa. Ha publicado varios relatos como “Spanish Beauty” (2022), una novela negra ambientada en Benidorm con un agente de policía como protagonista; “Los guapos” (2024), que cuenta la historia de un hombre que se hace pasar por periodista con la intención de investigar unos círculos de unos arrozales, o “Gordo de Feria” (2020), en donde desarrolla el relato de un humorista profundamente infeliz. Las obras de Llovet son como las pinturas surrealistas de Dalí. Fusiona novela negra con existencialismo o humor con tristeza. Desde sus inicios, este rasgo es algo que la ha caracterizado como novelista y hace de sus libros una aventura tan bizarra como interesante.

En “Las Jefas” (Anagrama, 2026), la malagueña nos presenta una novela que se desarrolla en un resort. Este hotel está cargado de lujo, señoras horteras y una odiosa rutina que aburre a sus protagonistas. En esta historia, ambos mundos se cruzan prácticamente para crear una tensión divisoria entre lujo y aventura, con sordidez y rutina. El diálogo entre opuestos es algo común en la obra de Llovet.

Asimismo, el texto se divide en capítulos cortos en los que no hay continuidad entre sí. Este rasgo juega a favor de la propuesta, pues le otorga un ritmo muy ameno.

Ahora bien, esta velocidad a la hora de contar el relato es interrumpida por la conversación entre la autora y el lector. Un diálogo escueto y sin ornamentos. Llovet no es una autora que se pierde en descripciones largas o enrevesadas introducciones. Ella persigue el realismo de las palabras. Se entra de lleno en la trama, casi como si te la escupiera. No hay introducción, simplemente pequeños destellos de pistas que van situando a quien lee en la historia poco a poco.

Con todo, gran parte de la complejidad narrativa de Llovet reside en la psique de sus personajes. Entre las figuras más relevantes del relato hallamos al genérico y astuto Primo, cuya vocación es arreglarlo todo en cuanto lo llaman. En el lado opuesto encontramos a Romana Romano y a las hermanas Navarro, dueñas de un hotel en medio de una selva. Toda la historia se desarrolla en este resort, y lo que parece ser un paraíso vacacional termina siendo una trampa de la cual sus dueñas son incapaces de huir.

Es precisamente este último punto el que nos presenta al protagonista latente de esta historia: el “ennui”. Este término se refiere a la sensación que deja el hastío vacacional. Sin embargo, en esta novela, es además el principal potenciador de la historia. El cansancio es el espejo de una crítica profunda al turismo de lujo. La escritora experimenta con este sentimiento hasta lograr un relato en el que el asco de los personajes se convierte en el del lector. En consecuencia, obtenemos un retrato tan irrisorio como petulante. García Llovet consigue despertar una repugnancia superlativa que se potencia gracias a las figuras narrativas, el público y hasta la propia autora.

Este “ennui” queda apaciguado gracias al discurso sencillo que tiene su escritora: Llovet no es una autora que busque enrevesar con palabras, solo con emociones. Gran parte de este papel lo juega su lenguaje. No juega con una voz pesada, pero sí maneja un paisaje cerrado. La trama, de hecho, comienza con una tormenta tropical. Esta atmósfera se mantiene en toda la obra. Es una persistente nube espesa de cigarro que impide leer el texto. El objetivo es provocar desasosiego en el público con emociones que se traducen en un universo asfixiante. Esta pesadez existencial surge del vacío que provoca el privilegio, un rasgo criticado ferozmente por Llovet en esta obra.

En otras palabras, esta propuesta es un pequeño relato que, incluso siendo corto, no deja indiferente. Es una historia incómodamente divertida. Una enrevesada senda en la que a veces el lector será sorprendido por la suciedad de las palabras, como también se conmoverá por la tristeza que las adornan. Un pozo que nos deja perdido con la sobrealimentación de estímulos.

Sin duda es esta atrevida imprecisión la que caracteriza la obra de Llovet. En este caso lo utiliza para hacer una profunda crítica a quiénes disfrutan del lujo bruto y frío. La deshumanización de los personajes no es una elección al azar, es una consecuencia.

“Las Jefas”, más que una novela, es una provocadora experiencia: atrapa al público y no lo suelta fácilmente.

@estaciondecult