El 'no me gusta' se queda corto. Sería más adecuado 'me repugna'. Cualquier adjetivo es insuficiente para calificar lo que hicieron los hinchas del PSV Eindhoven en Madrid cuando tomaban cervezas en las terrazas de la Puerta Sol en la previa del partido de vuelta de octavos de final de Liga de Campeones frente al Atlético.
En la Plaza Mayor había indigentes pidiendo dinero. Pues no se les ocurrió a los holandeses otra cosa mejor que hacer -entiéndase la ironía- que tirar monedas al suelo para que agacharan a recogerlas. La cosa no quedó ahí ya que hubo quienes quemaban billetes delante de ellos y los tiraban a su lado para que, ardiendo, los cogiesen.
También hubo a alguno que se le ocurrió ponerse al lado de los indigentes a hacer break dance para darles dinero si lo repetían. La humillación hacia esas personas –la mayoría mujeres- fue de vergüenza.
La reacciones de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y de la presidenta de la Comunidad, Cristina Cifuentes, no se han hecho esperar y han calificado la acción de "humillante" y "lamentable". La embajada de los Países Bajos ha condenado lo sucedido en el día de ayer. La cosa no debe quedar ahí y hay que exigir responsabilidades a los autores de este suceso racista, ya que los holandeses también cantaron a las indigentes (rumanas) que no querían que pasasen la frontera.
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