El Rey emérito Juan Carlos I ha advertido en sus memorias de que la monarquía parlamentaria en España sigue siendo una institución “frágil” y objeto de ataques, al tiempo que ha expresado su plena confianza en el futuro de la Corona en manos de su hijo, el Rey Felipe VI, y de su nieta, la Princesa Leonor, de quien asegura que está “extremadamente bien preparada” para asumir su destino.
En un extracto de su libro Reconciliación, redactado junto a la escritora francesa Laurence Debray y publicado por la editorial Stock, Don Juan Carlos recuerda que España “no es automáticamente monárquica” y que “corresponde al Rey modelarla todos los días”. A diferencia de otras casas reales europeas, sostiene que la monarquía española no se asienta sobre siglos de tradición ininterrumpida ni cuenta con una base simbólica o afectiva tan consolidada como la británica. Es, en sus palabras, “más reciente y frágil, pero igualmente preciosa”, y denuncia que actualmente “se enfrenta a ataques frontales de ciertos partidos políticos”.
El emérito insiste en que hará cuanto esté en su mano para asegurar el éxito de su hijo al frente de la Corona y que confía plenamente en la continuidad institucional con la Princesa Leonor. En sus memorias, también alerta de que “la democracia es un bien frágil, que hay que preservar y defender” no solo en España, sino en el mundo entero.
Sobre su abdicación en junio de 2014, asegura que el entonces Príncipe de Asturias “estaba más que preparado para tomar el relevo” y que fue una decisión que tomó en solitario tras meditarla durante un tiempo. “Una vez tomada, fue irrevocable”, afirma, rechazando cualquier intento de disuadirle. “Actué con la conciencia tranquila del deber cumplido”, añade, convencido de haberlo hecho en el mejor interés del país.
Don Juan Carlos rememora también episodios clave de su reinado, como el intento de golpe de Estado del 23F, durante el cual quiso que el joven Felipe estuviera a su lado para que comprendiera la gravedad de aquellos momentos. “La Corona está en el aire”, le dijo entonces al Príncipe, convencido de que era fundamental que viera con sus propios ojos “que a veces todo puede dar un vuelco en unos segundos”.
El nacimiento de su hijo, al que se llamó Felipe en honor al primer Borbón español, fue para él un momento de gran felicidad. Destaca como especialmente simbólico el día de su bautizo, en febrero de 1968, cuando por primera vez desde la proclamación de la República se reunieron tres generaciones de Borbones en suelo español.
En sus reflexiones sobre el papel del monarca, sostiene que la Constitución limita sus funciones, pero que la Corona hace “mucho más de lo que parece”. Se refiere a sí mismo como “el último bombero en caso de incendio” y recuerda su labor como intermediario y consejero en situaciones delicadas.
También aborda su relación con los seis presidentes del Gobierno con los que convivió durante su reinado: Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Pese a las especulaciones mediáticas sobre preferencias personales, afirma haber mantenido con todos ellos una relación de “confianza personal y fluida”.