En su primera novela, la traductora y editora Alba G. Mora (L´Hospital de Llobregat, 1992) sitúa al lector frente al valor de aquellos objetos que poco a poco almacenamos en la vida. “Cosita” (Blackie Books, 2025) trata la historia de una joven llamada Cosita, que tras la muerte de sus padres se aficiona de manera compulsiva a coleccionar cosas. Todo sigue su curso, tal y como ella espera, hasta que un mago decide irrumpir en su vida para conseguir los objetos que ella está reuniendo en su casa familiar. Se trata de una novela oscura, pero al mismo tiempo arroja un poco de luz; con una atmósfera inquietante, onírica y extraña.
A lo largo de la lectura las preguntas crecen y ninguna obtiene la respuesta que se busca. Es desconcertante desde el principio; las incongruencias afloran entre las páginas como en los sueños. Además, es un relato que se caracteriza por esos saltos temporales que confunden todavía más al lector.
La protagonista piensa que va a morir pronto; afirma estar enferma. A través de sus ojos se percibe la soledad: una casa vacía que necesita llenar de objetos para paliar la ausencia y sentirse acompañada. Cosita se encierra en su casa, participa en subastas online, juega con el ordenador y solo sale para ir a la tienda de objetos de segunda mano “Opportunity” y para ir al cine “Maravillas”, donde siempre iba con su padre para huir del mundo real. Le asustan las personas, y la oscuridad y el aislamiento son sus amigos. Las sombras de sus padres ya fallecidos se encuentran con los objetos que traen recuerdos que muestran lo más íntimo de Cosita.
Las antigüedades que posee la protagonista son los elementos más importantes de la novela. Sus colecciones de objetos son una extensión de sí misma y al mismo tiempo tienen entidad propia. Cosita les da nombre y les da vida a través de sus descripciones que se van intercalando con los capítulos a lo largo de la novela. Así, se conocen objetos de diversa índole como una rata realista de goma o un juguete de un gato maullador. Cada objeto cuenta una historia que despierta en Cosita una sensación placentera porque puede fingir que su vida ahora es otra distinta y que esa casa, que era de sus padres, ahora pertenece a aquellos objetos. En el libro, Cosita entiende el acto de enseñar un objeto y de darlo como el acto más íntimo que existe; ella nunca muestra su casa y no pone nada en venta, aunque no lo utilice, porque para ella los objetos no tienen exclusivamente una función práctica: “¿No era una falta de respeto que aquellos objetos tan íntimos, reveladores, estuvieran expuestos al mundo?”.
Por otro lado, la casa familiar adquiere un papel fundamental en la novela y remite al realismo fantástico, evocando obras como “Carcoma” (Amor de Madre, 2021) de Layla Martínez (Madrid, 1987), donde el espacio doméstico parece cobrar vida. La casa de sus padres, que sirve de refugio para la protagonista, se resquebraja. El techo se cae, las humedades dejan grandes agujeros en las paredes. La casa tiembla al igual que la protagonista.
La aparición del mago, la Chica del Cine y el desmoronamiento de la casa son sucesos que ocurren al mismo tiempo y que separan a Cosita de su propio mundo que de alguna manera le conecta indefinidamente con la infancia. Con la aparición de estos personajes, la casa de muñecas en la que se aislaba Cosita desaparece poco a poco.
La incógnita del mago aparece desde casi el principio. Cosita al principio considera al mago como un enemigo acérrimo y misterioso, cuya identidad no se conoce, pero poco a poco esa contemplación va perdiendo fuerza porque Cosita empieza a sentir admiración por la figura de aquel hombre misterioso que comparte su misma obsesión. Su aparición conlleva que la obsesión de Cosita por los objetos mengüe de manera progresiva y permite desviarla del camino que se había autoimpuesto.
Ella durante todo el libro se cuestiona quién puede ser el que le roba los objetos, hasta que Fonso (el responsable de la tienda de “Opportunity”) le da una pista fundamental para poder rastrear al mago, y en ese momento, poco a poco la protagonista va indagando en la vida de aquel hombre. Asimismo, Cosita le contagia al lector esas ansias por encontrarse con el mago. Por otro lado, la Chica del Cine aparece con el objetivo de mostrar la ansiedad social que padece Cosita. A ella le aterroriza pensar que este personaje vaya a volver y le vaya a dar patadas o a tocar el respaldo del asiento mientras trata de disfrutar de cualquier película. La Chica del Cine, desde la mirada de la protagonista, es una persona inquietante y peligrosa. Se muestra desde dentro cómo es convivir con esos miedos.
La novela tiene el ritmo y el estilo de un cuento, con capítulos breves. Esta estructura refuerza la sensación de que no se está contando todo lo que está ocurriendo en la vida de Cosita y contribuye a construir una atmósfera única, donde el tiempo no es lineal y donde los sucesos que se cuentan están sesgados por la protagonista. El lenguaje es sencillo en apariencia, pero el relato está cargado de simbolismo. “Cosita” es una novela que hay que leer despacio para poder darle sentido. Mantiene al lector en vilo y el estilo hace del libro una lectura amena.
“Cosita” se abre a muchas interpretaciones. Trata gran cantidad de temas: la dependencia, la necesidad vital de adquirir objetos materiales, la ansiedad, el duelo, la depresión o la búsqueda de uno mismo después de un hecho traumático. Sin embargo, el tema central es esa soledad, pero no solo la que le deja la muerte de sus padres, también la que se encuentra en esa incertidumbre de no saber si alguien sería capaz de amarla.