Somos un gran país a pesar de que no seamos un país grande. Tenemos excelentes profesionales, capacidades para los negocios, excelentes infraestructuras y servicios, una sanidad, a pesar de todos los problemas, excelente, nos visitan cada año cien millones de personas, el doble de nuestra población.
Curiosa (y odiosa) coincidencia: PP y PSOE, los dos principales partidos nacionales, que suman entre ambos más de quince millones de votos, celebran este fin de semana sendas 'cumbres' en teoría de remodelación de sus órganos directivos y de reflexión sobre lo actuado y sobre las líneas éticas, estéticas, tácticas y estratégicas a seguir.
Feijóo se blinda con su hombre de confianza nombrándole secretario general del PP.
El vendaval no cesa, pero ya escribió Lucas Mallada ("Los males de la patria", 1890) que "sin fuertes vendavales es imposible purificar la pestilente atmósfera que nos rodea".
Vienen días en los que los dos principales partidos nacionales, cada uno, naturalmente, por su lado, prometen reflexionar a fondo sobre sus planteamientos, sobre sus tácticas y sus estrategias, al tiempo que cambian algunos rostros quemados.
En medio de una tensa batalla interna entre las vicepresidentas primera, María Jesús Montero, y segunda, Yolanda Díaz, el Gobierno ha aprobado una polémica enmienda que exime de pagar IRPF a los trabajadores que perciben el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), pero deja fuera a otros colectivos vulnerables, como pensionistas y personas en paro, que cobran cuantías similares.
Un juez del Tribunal Supremo ha enviado a prisión a Santos Cerdán imputándole delitos de organización criminal, tráfico de influencias y cohecho.
Sin ir más allá en la interpretación de los aspectos técnicos de la cuestión, que afectan a la adopción de medidas cautelares por riesgo de fuga y destrucción de pruebas, conviene hacer dos precisiones.
Las pruebas, incluyendo esos audios que él reclama que están trucados, se volvieron, implacables, contra Santos Cerdán, hasta hace pocas semanas 'número tres' del partido que gobierna en España.
Nada de verdadero valor se puede comprar con dinero, y lo que menos, tal vez, el buen gusto.
No he compartido nunca la fascinación periodística por el personaje. Tal vez sea porque lo conocí y compartí tertulias cuando no era ni diputado, entró como sustituto de Solbes tras su dimisión, y pareció, y me parece, un impostado chulo de los billares.
El mundo al revés. La amnistía no perdona a los condenados por el intento de golpe del "procés", lo que hace es pedirles perdón.
El cuerpo le pide a uno escribir del escándalo del Tribunal Constitucional sobre la amnistía, cuando ya se prepara la negociación de una financiación "especial" para Cataluña -lean: más dinero para ellos, menos solidaridad, más privilegios, más gasto público en políticas discriminadoras- o sobre los escándalos que vienen.
De infarto. Esta que ahora comienza va ser una semana de infarto.
Eso: ¿para qué sirve la Constitución española, si ha dejado de cumplirse con excesiva frecuencia, si es 'retorcible', valga el palabro, y moldeable para que se adapte a lo que quieran el Ejecutivo u otros poderes y si, por supuesto también, se ha quedado anticuada en muchos aspectos? Pienso que es urgente admitir la necesidad de pactar una reforma profunda de nuestra ley fundamental y de otras leyes que deberían, y no lo hacen, defender la fortaleza del Estado y las instituciones.
El crecimiento económico de España muestra señales preocupantes de enfriamiento.
Asumo en toda su integridad la letra y el espíritu de un reciente artículo del exdirigente socialista, Javier Lambán, profesor de Historia y expresidente de Aragón, cuando se refiere a la etapa de los gobiernos de Felipe González como "edad de oro del PSOE", y cuando llama a los militantes a defender la Constitución y la democracia por encima de todo.
Que Felipe González se haya convertido, de hecho y con unas simples declaraciones radiofónicas, en el líder de la oposición a Pedro Sánchez es algo que debería hacer meditar no poco al auténtico jefe de la oposición 'oficial', el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, cercano a celebrar un congreso de su partido que debería ser el de la 'refundación', pero que, por lo que vamos viendo, se va a quedar en poco.
En La Haya el presidente del Gobierno de España suscribió el comunicado conjunto de todos los gobernantes de los 32 países que forman la OTAN en el que se compromete el incremento hasta un 5% del PIB en los próximos diez años.
Los secesionistas que urdieron y dieron el golpe de Estado de 2017, están tranquilos, porque el presidente del Tribunal Constitucional -con la toga embarrada por el polvo del camino- Cándido Conde Pumpido, ha logrado sacar adelante, con la ayuda de su vicepresidente, Inmaculada Montalbán Huertas, un aval para la ley de Amnistía.
Lo que nos faltaba: que Trump nos amenazase, con ese nada sutil estilo suyo, con hacernos casi imposibles las exportaciones a Estados Unidos de bienes españoles que se producen en una decena de provincias, hoy alarmadas no poco con los rayos de la ira del habitante de la Casa Blanca a cuenta del desplante del Gobierno español en la 'cumbre' de la OTAN a las pretensiones de aumento del gasto militar.
Miente Sánchez sobre sus conversaciones con la OTAN -y sobre todo lo que sea necesario-, miente Bolaños al juez y alardea de ello, miente Ábalos sobre lo que le han grabado y hasta dice que no reconoce su voz, miente Cerdán sobre la compra de la empresa-trampa para sus mordidas a pesar de su firma estampada cuatro veces en el acuerdo, miente Leire Díez, periodista sin periódico y especialista en limpiezas sucias.
El Gobierno no paraliza la opa del BBVA al Banco Sabadell, pero la frena, a pesar de que la CNMC (Comisión Nacional del Mercado de la Competencia) había considerado por unanimidad "adecuados, suficientes y proporcionados" los compromisos del BBVA para hacerla viable sin perjudicar el dogma de la libre competencia en el sector bancario.
Quienes me conocen saben bien que no soy lo que podría llamarse un entusiasta de este Gobierno, el Gobierno de los líos, de las irregularidades, de las falsedades y de la falta de solidaridad con los que no piensan como quienes ejercen la gobernación.