Vivimos tiempos extraños, de sensibilidad difusa. La polarización política y el sectarismo tienden a embotar el criterio acerca de lo que está bien y lo que no. Tenemos un ejemplo en la indiferencia con la que, en general, la izquierda ha recibido la aplicación del régimen abierto a una treintena de presos de la organización terrorista ETA condenados por asesinatos o secuestros.
Una medida impulsada por el Gobierno vasco (coalición PNV-PSE) gestionada por la consejera de Justicia (María Jesús San José) y que en algunos casos permite que de lunes a viernes los beneficiados abandonen la prisión sin más obligación que regresar a dormir al centro penitenciario.
La designación de Carlos Cuerpo como vicepresidente primero, en sustitución de María Jesús Montero, supone un paso de consecuencias difíciles de calibrar en estos momentos: de las tres vicepresidencias en el Gobierno de Sánchez, ninguna pertenece a un militante del PSOE.
Dadas las escasas protestas que ha provocado el proceso de sacar de la cárcel a los asesinos de ETA, me parece que podría tener aceptación un grupo terrorista especializado en violaciones. Al principio, las violaciones se llevarían a cabo en el territorio vasco, pero enseguida se extenderían por toda España, con acciones que llamaran la atención, como, por ejemplo, una violación de tres o cuatro mujeres a la vez, en el parking de unos grandes almacenes, en Barcelona.
Acabó la sesión parlamentaria, por cierto con los escaños azules (y rojos) prácticamente vacíos, y se cerró una etapa política. Sé que, desde hoy mismo, muchos españoles están preparando sus vacaciones de Semana Santa, o directamente se han lanzado ya a ellas.
La número dos de Sánchez ha reproducido el síndrome Chaves, aquel ministro de Felipe González que hizo famosa la frase "Me tendrá que llevar la Guardia Civil". Eso dijo cuando empezó a verse señalado para encabezar la candidatura socialista a la Junta de Andalucía.
Acudo al Congreso de los Diputados para ver y escuchar el debate sobre la posición española en la guerra de Irán (ya era hora de que la comparecencia de Pedro Sánchez se produjese, por cierto).
"El verdadero peligro no es obligar a las personas a creer una mentira. El verdadero peligro es lograr que renuncien por completo a la idea misma de la verdad". Lo escribió hace muchos años Hannah Arendt y sigue siendo una reflexión absolutamente actual.
Según datos recientes del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal) en España tenemos en el paro a 2.408.670 personas. Ciudadanos en edad de trabajar. El mayor número de parados se registra en el sector servicios -1.
A estas alturas, cualquiera se atreve a pronosticar qué proporciones tendrá la remodelación del Gobierno que deberá hacer Sánchez con la salida de la vicepresidenta y ministra de Hacienda María Jesús Montero para oficializarse como candidata a las elecciones de la Junta andaluza el próximo 17 de mayo.
A mediados de junio de 2025, cuando aviones de Estados Unidos y de Israel bombardearon instalaciones industriales y militares de Irán justificando que dichos ataques tenían como objetivo cercenar la capacidad para fabricar armas nucleares, algunos de los aviones americanos que participaron en aquel raid habían contado con la asistencia logística de las bases de Rota y Morón.
Ha muerto un periodista deshabitado de sectarismos y extemporáneas añoranzas guerracivilistas. Templanza, moderación y el tono aterciopelado de una voz sin estridencias, sin agudos, sin gritos histéricos, sin insultos.
La izquierda está efervescente. Los del "no a la guerra", están encantados con el presidente por romper con Europa, declarar la guerra a Trump y poner a España al borde de un incierto futuro económico.
Cuánto lamento decirlo, pero no puede ser que el presidente del Gobierno salga a hacer una importante declaración (sin periodistas, por supuesto) reafirmando una orientación en la política exterior española y, a los pocos minutos, el jefe de la oposición salga a derribar ese eje estratégico, aludiendo a que lo que busca Pedro Sánchez es protagonismo frente a los competidores a su izquierda.
Esto de normalizar el mal, de dar por amortizados o extinguidos los fundamentos más elementales de la convivencia entre las personas o entre las naciones, esto que algunos gobiernos, como el de Alemania, asumen hoy por seguidismo del autoproclamado rey, o emperador, o casi dios del mundo, no puede sino regresar a la humanidad a la barbarie, ese estadio anterior a todo donde parece sentirse feliz ese apócrifo rey, o emperador, o casi dios.
El Consejo de Ministros ha aprobado la designación de Inés Olóndriz, actual secretaria general de Financiación Autonómica y Local del Ministerio de Hacienda como nueva presidenta de la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal).
El peor pecado de nuestra vida política, por tanto de nuestra democracia, es, digámoslo ya desde el comienzo, la falta de acuerdos en temas sustanciales. Esta vez lo digo porque me parece sencillamente increíble que una sola persona, por muy jefe del Gobierno de España que sea, haya decidido dar un paso en política internacional teniendo al Parlamento 'cerrado por vacaciones' y sin encomendarse no solamente a la oposición, sino ni siquiera a su propia coalición.
El líder del PP, Alberto Nuñez Feijóo, ha introducido en la "conversación" una propuesta polémica: el regreso de Juan Carlos de Borbón. La excusa no es otra que la desclasificación de los documentos del 23 F, en los que queda claro lo que ya sabíamos: el rey desmontó el "golpe" con su alineamiento con la Constitución y, por tanto con la incipiente democracia.
En razón de haberse convertido en una suerte de comodín, que traslada la idea de que quien lo proclama o se lo adjudica está cargado de razón, se ha puesto de moda un sintagma de significado confuso.
No resulta difícil detectar intencionalidad política en la inopinada publicación de todos los archivos relacionados con el golpe de Estado del 23-F que han permanecido secretos durante 45 años.
En la empresa Adif debe de haber algún tonto, que ignora que sustraer pruebas de una investigación policial y judicial es un delito. En todas las empresas hay tontos contemporáneos. Da igual que sean publicas o privadas, que se dediquen a la comunicación, la extracción de minerales o la distribución de productos alimentarios. Y lo mismo se puede afirmar de la función pública, sea municipal, autonómica o estatal. Es raro, cuando gestionas con la Administración, que no te encuentres, en cualquier momento, con el tonto contemporáneo correspondiente.
Pienso que carece de sentido rasgarse las vestiduras ahora por el hecho de que Juan Carlos de Borbón, mal llamado rey emérito -a él creo que no le gusta-, siga residiendo en un emirato árabe donde garantizar las libertades no parece ser lo que más inquieta a quienes lo rigen.
No hay semana, bueno, últimamente la semana se ha ido reduciendo y ahora va por días, en que el presidente y sus acólitos no lancen alguna liebre para mantenernos distraídos y así desviar la atención sobre los escándalos y corruptelas que afectan al Gobierno.
Quiso, entre otras cosas, dejar claro Pedro Sánchez este miércoles en el Congreso de los Diputados que la izquierda, hoy tan en disputa, es él.
Lo había dicho el expresidente del Gobierno Felipe González unas horas antes: "España no funciona".