Chaikovski estrenó y dirigió "La Patética" apenas nueve días antes de morir, poco después de enterarse de que tenía una enfermedad terminal fulminante.
No podía ser más expresiva la reacción de Ábalos a la piñata de mensajes que cruzó en su día con el presidente del Gobierno.
Aterra suponer qué pueden expresar Ayuso, Feijóo, Tellado o Abascal en sus mensajes privados cuando en los públicos son tan proclives a expresar barbaridades.
Sí transformamos en una línea de puntos los casos de presunta corrupción que orbitan alrededor de Pedro Sánchez -desde el sumario abierto en el Tribunal Supremo al ex ministro José Luis Ábalos, la imputación de Begoña Gómez, su esposa; la de David Sánchez, su hermano, y en otro orden de cosas el significativo asunto de los correos que intercambiaba con Ábalos, en los que se reflejan los prolegómenos que precedieron al rescate multimillonario de Air Europa-, es evidente que el cuadro que resulta nos llevaría a la conclusión de que el presidente del Gobierno debería estar preocupado.
Vaya por delante que, si yo hubiese tenido conocimiento de los wasaps cruzados entre Pedro Sánchez y Abalos, que son hoy la comidilla en todos los cenáculos y mentideros, los hubiese publicado exactamente igual que han hecho mis compañeros de El Mundo en esta ocasión, y de otros periódicos en otras.
Con alguna exageración podría decirse que, en el ámbito de la política española, en las últimas horas no se hablaba de otra cosa que no fuera el contenido de algunos mensajes de whatsapp intercambiados entre José Luis Ábalos y Pedro Sánchez.
El Rey hace suya la memoria republicana y antifascista de los españoles que penaron, sufrieron, murieron o sobrevivieron de milagro a los campos de concentración nazis después de ser repudiados por Franco.
Quiero creer que están sonando remotos tambores de paz en distintos confines, desde Ucrania -veremos cómo sale la reunión Putin-Zelenski-hasta quizá, más difícil todavía, Gaza, pasando por India y Pakistán.
Este año, cuando pague la declaración de la renta, sepa usted que, si son cuatro de familia, 100 euros de sus impuestos se dedicarán a sostener TVE y Radio Nacional de España.
Puede que "La familia de la tele" no sea más rara que cualquier otra familia, pues el listón de la raridad familiar está muy alto, pero lo que sin duda la sitúa en un punto elevadísimo de rareza es que no parece gustarle a nadie, ni a algunas de las criaturas que la componen.
Empieza a ser una costumbre. No hay lunes sin susto en Moncloa, aunque este se adelantara y por partida doble al domingo.
Se cumplen ochenta años de la rendición de Alemania. En Europa fue el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Nada hay tan decisivo para ser demócrata como tomar la decisión de cumplir las reglas de la democracia y hacerlo siempre.
(OTR /PRESS)
Fin de semana de manifestaciones contrapuestas en muchas calles españolas, con Madrid como faro de todas las tormentas.
En algo tenía razón el horrible clan trumpista cuando atacaba (ataca) a Europa como catedral del buen vivir y poco hacer.
A la tercera (dos fumatas negras y una blanca) fue la vencida. Hubimos Papa mientras la guardia vaticana desfilaba a ritmo de charanga.
Aquí, en el terruño patrio, hay quien va a manifestarse este sábado pidiendo elecciones, arrogándose, me parece que un poco abusivamente, la representación de la sociedad civil.
Hay opciones políticas a las que les sienta mejor el pasado que el futuro.
Esta es la historia de Ahmed Tommouhi, alguien que ha visto pisoteados y violados todos sus derechos en España durante décadas y que aún sigue pagando por algo que no hizo.
Otro miércoles fallido en la tribuna del Congreso o frente al televisor. Esta vez, para consumo rápido de dos extremismos: el medioambiental y el pacifista.
Precisamente porque el de Eurovisión es sólo un festival, no puede caber en él la sangre derramada de decenas de miles de civiles inocentes, ni las heridas incurables de otros tantos, ni la hambruna provocada que torna raquíticos a los niños chicos, ni las ciudades reventadas, ni los campos sembrados por la sal de las bombas.
La verdad es que, oyendo a Pedro Sánchez este miércoles en el Congreso en su bucólico relato sobre el día del apagón, uno casi tenía la impresión de que había sido un día de fiesta más.
Roma volvió a ser la capital informativa del mundo en razón del inicio de las sesiones del cónclave.
"España y Cataluña, somos sociedades, somos países extraordinarios".