El sosiego, la tranquilidad, el comedimiento con el que nuestro Gobierno ha reaccionado ante el ataque a los transportistas españoles en suelo de la Unión Europea, el destrozo de sus mercancías, incluso el robo descarado de ellas, ha sido encajado con una cautela tan honda que algunos llegamos a pensar si nuestros gobernantes creían que los transportistas a los que expoliaban en las carreteras francesas eran transportistas pakistaníes, malayos o rusos.
Por primera vez, que no será la última, las tres derechas votaron lo mismo en la actual legislatura. Hasta aquí, todo normal, pues PP, Vox y Junts sienten el mismo asquito por el gobierno de coalición, pero a partir de aquí lo normal ya no se vislumbra.
Los empresarios no esperan nada bueno de este 2024 y no debe extrañarnos puesto que las decisiones económicas del gobierno no ayudan como tampoco el marco exterior. El Indicador de Confianza publicado por el INE asegura que más de una cuarta parte de las empresas prevé subir los precios en este primer trimestre.
Espero que el juez García Castellón, a quien hace tiempo que conozco y respeto, sepa perdonarme por discrepar de su opinión achacando a actos terroristas algunos de los lamentables sucesos vividos durante el 'procés'.
Ayer el presidente Sánchez bajó al barro. Barro mezclado con bilis. Lo que nunca debe hacer el presidente de una nación que se supone que representa a todos los ciudadanos, le hayan votado o no.
Todos recordamos el escándalo que se montó, especialmente aireado desde algunos medios de comunicación, tras la llegada del Gobierno de Pedro Sánchez, por la "indebida", "oscura" y "fraudulenta" inmatriculación de bienes hechos por la Iglesia Católica.
El cuarto trimestre del año pasado marca, según la Encuesta de Población Activa, un nuevo paso en la desaceleración del mercado laboral que venía observándose desde el verano. De hecho, de octubre a diciembre el empleo a tiempo completo descendió en 211.100 personas, mientras que el trabajo a tiempo parcial aumentó en 192.000. También disminuyó el número de asalariados en más de 84.000, con contrato indefinido aumentaron en 68.300 y los que firmaron uno temporal se redujeron en 152.500.
Como aquí ya no nos extraña nada, tampoco es que se hayan concedido grandes alharacas a la peor historia de pésimos espías que agita las subterráneas, y no tan subterráneas, cloacas del Estado: ahí es nada, un espionaje desde ese Estado (¿o era el Gobierno?) a una parte de ese Estado, representado por el presidente de una autonomía.
En el ejercicio del poder, antes o después, todos los políticos cambian de opinión y se desdicen de algunas de sus promesas y compromisos. Pero no hay precedentes similares a la trayectoria de cambios y engaños de Pedro Sánchez.
He asistido a la inauguración de la mayor feria de turismo del mundo, Fitur, que marca el principal hito de la economía española. Miles de personas, esperando, por cierto, largas colas -una organización no demasiado buena-- trataban de acceder al recinto de la Institución Ferial de Madrid donde los reyes inauguraban, junto al presidente del martirizado Ecuador -invitado especial en esta ocasión-- la 44 edición de esta 'cumbre', que evidencia la indudable buena salud de algo que, como el turismo, es más que mera economía: es convivencia, acercamiento entre los pueblos, cultura.
Al presidente Sánchez, cuando no está resolviendo qué más tiene que ceder a Puigdemont, estoy seguro de que le preocupa mucho la educación, la calidad de nuestra educación, que según el Informe PISA, y salvo algunas excepciones, está a la baja en áreas tan importantes como las matemáticas y la comprensión lectora, que son dos herramientas fundamentales para el sistema educativo y para garantizar que formamos adecuadamente a los jóvenes.
La ministra de Trabajo y vicepresidenta segunda del gobierno parece dispuesta a liquidar al tejido productivo de este país. A Yolanda Díaz no le basta con volver a subir el SMI, lo que expulsará del mercado laboral a jóvenes, trabajadores del campo o empleadas de hogar como ya se ha demostrado tras las anteriores subidas.
El Gobierno de Pedro Sánchez, con él mismo a la cabeza, no ha dejado de meter presión a los empresarios de este país. Y no me refiero sólo a cambios legislativos continuos. La inseguridad jurídica es hoy una de las grandes preocupaciones de la empresa española y de la inversión extranjera directa que se ha desplomado.
Desde que se abrieron las Cortes en 1977, todos los presidentes nombrados, fueran hombres o mujeres, pertenecieran a un partido o a otro, se esforzaron en ser árbitros democráticos y, aunque militaran en un partido de ideología contraria a muchos de los diputados, nunca actuaron con el apasionamiento y subjetividad que se atribuye al forofo de un club de fútbol.
Nadie puede ser tan ingenuo como para pensar que un informe desfavorable a la constitucionalidad de la ley de amnistía emitido por tres letrados del Congreso, en abierta discrepancia con su jefe, puede tumbar el más controvertido de los proyectos de ley alumbrados por un Ejecutivo en la última década.
El último gobierno de Pedro Sánchez cuenta con tres vicepresidencias tras la salida de Nadia Calviño. Su sustituto en el Ministerio de Economía se ha quedado en ministro. Cierto que la ahora vicepresidenta primera María Jesús Montero debería tener entre sus funciones la coordinación de las decisiones del gobierno.
Las dos recientes entrevistas del presidente del Gobierno (País y RNE) se han coronado con titulares alusivos a su intento de enfriar el subidón de los "indepes" de Junts, convencidos de que en un futuro próximo Cataluña ejercerá plenos poderes en materia de inmigración, incluido el control de las fronteras y la capacidad de expulsar a los inmigrantes con tendencia a delinquir o saltarse las leyes a la torera.
Esta semana se ha celebrado en Madrid el Spain Investors Day y Pedro Sánchez tenía su hueco previsto. La cuestión es que su intervención se produciría tras el bochorno que se había vivido en Las Cortes con la votación de los tres decretos del Gobierno.
El último whatsApp que recibí de él tenía fecha del 23 de abril del año pasado, y decía: "Buen día de San Jorge, con un abrazo, Luis". Mi contestación fue: "¡Viva Aragón. Un abrazo, César".
Este fue el recado central del superministro, Félix Bolaños, a los siete diputados de Junts en el debate parlamentario del miércoles (el de los tres decretos fundacionales del nuevo Gobierno de Pedro Sánchez):"Cada pensionista que les votó, está hoy mirándoles".
Pese a que el Gobierno estaba este miércoles al borde del ataque de nervios por la votación de los decretos anticrisis, motivo por el que Bolaños y Yolanda Diaz apelaron a los sentimientos de solidaridad más manidos, lo grave, lo verdaderamente grave, es el chantaje de Junts.
La ministra de Sanidad ha estado ausente durante varias semanas coincidiendo precisamente con la saturación de hospitales y centros de salud. Mientras las Comunidades Autónomas se preparaban para una avalancha de gripe y covid, Mónica García les reunía para tratar asuntos alejados de este problema.
El alcalde de Madrid me prohíbe que entre en la ciudad con mi automóvil, porque es viejo, y contamina demasiado. Sin embargo, con temperaturas que esta semana han alcanzado, o alcanzarán, los seis grados bajo cero, se permite que decenas de estufas de bares y cafeterías estén encendidas, en terrazas instaladas en la calle, con el objetivo de que los clientes, con el abrigo y la bufanda al cuello, se puedan tomar una cerveza fría.
Vista la acritud de la calle ante la presencia del presidente del Gobierno en actos públicos, tendría interés saber sí Pedro Sánchez se ha llegado a preguntar acerca del porqué de tanta animadversión.