En España tenemos una larga experiencia sobre la politización del dolor, y su aprovechamiento.
En su afán por controlar la justicia y a los jueces, el ministro Bolaños está tratando de meter a mil jueces por la puerta de atrás y a los fiscales por la gatera.
El todavía presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es más descifrable por lo que calla que por lo que habla.
Los gestos de los tiranos se repiten a lo largo de la historia. Si está a su alcance, acaban con la vida de quienes denuncian sus crímenes y, si han conseguido escapar de sus garras, les condenan a un castigo inicuo: la retirada de la nacionalidad.
Las cosas de la política española son imprevisibles, como se sabe.
Un año han tardado quienes nos gobiernan en ponerse de acuerdo para celebrar un funeral de Estado en memoria de las 229 personas fallecidas en la riada provocada por la dana del 29 de octubre de 2024 en la Comunidad Valenciana.
La mirada retrospectiva al desastre del 29 de octubre deja mucho que lamentar y, al menos en lo referente a la trilogía redentora de la catástrofe (verdad, justicia y reparación), nada que celebrar.
Franco lleva muerto medio siglo. O sea, que ya no vivía cuando todo español menor de 50 nació.
Pues claro que me disgusta la victoria legislativa en Argentina del partido de Javier Milei, que lleva el engañoso título de La Libertad Avanza.
Se atribuye a Abraham Lincoln decir que se podía engañar a muchas personas durante mucho tiempo pero que no se podía engañar a todo el mundo durante todo el tiempo.
El Consejo General del Poder Judicial, un año después de su casi imposible renovación -cinco años de retraso y de incumplimiento constitucional-, ha aprobado cambiar la estructura de sus comisiones con once votos a favor, más el de su presidenta y nueve en contra.
Pocos deportes tan extendidos en España como la práctica de la fantasía política.
El acceso a la vivienda se ha convertido en el gran fracaso político de nuestro tiempo.
Puigdemont es un personaje venido a menos dentro de su propio partido. Un dato de la realidad, no una opinión.
Puede que sea la segunda vez en mi vida que cometa el mismo error.
La idea (Antonio Gramsci) de que para conseguir la hegemonía política, como paso previo para acceder al poder, era necesario conquistar antes la hegemonía cultural, no ha quedado olvidada con el paso del tiempo.
Una conocida periodista de investigación parece que se presenta en nombre del presidente del Gobierno -Pedro I, El Mentiroso-, me imagino que con objeto de presionar y sacar más información para sus interesantes trabajos periodísticos.
Temo que hemos perdido la capacidad de asustarnos ante los múltiples titulares de prensa que nos anegan hablando de espionajes ilegales, chantajes y sobornos en lo que podríamos llamar las cloacas del Estado.
Dos jóvenes, Pedro del Rincón y Diego Cortado abandonan las casas de sus padres, se conocen, se hacen amigos y, sin planes, deciden acompañar a unos pasajeros a Sevilla.
Se acumulan las sospechas de que la "fontanera" del PSOE, Leire Diez, era una recadera de Pedro Sánchez.
La "pinza" que la cuarta acepción del diccionario de la RAE define como la "presión que ejercen dos personas o grupos contrapuestos sobre otra persona o grupo" como metáfora ha vuelto a ocupar espacio en la crónica más reciente de la vida política española.
Tengo la impresión de que existe mayor expectación que nunca por el contenido de los discursos que tanto el Rey como su heredera, Leonor de Borbón, vayan a pronunciar este viernes con motivo de la entrega de los premios Princesa de Asturias en Oviedo.
Y usted, si tuviese la oportunidad, siendo periodista, de preguntarle algo a Trump ¿qué le preguntaría como informador español? Yo, si se me permite personalizar, le preguntaría sobre el contencioso que mantiene con España a cuenta de la participación en los gastos militares de la OTAN.
El Gobierno, con Yolanda Díaz al frente del Ministerio de Trabajo, parece decidido a convertir la actividad empresarial en una carrera de obstáculos.