La celebración de un aniversario de la Constitución debería ser una ocasión para el encuentro como país, un momento para reflexionar sobre el futuro a medio y largo plazo: ¿qué hemos hecho bien en los últimos tiempos, qué hemos hecho mal? No diré yo que todo sea lo segundo y no haya nada de lo primero; pero qué duda cabe de que, en cuestión de política pura y dura, es mucho más lo que hacemos mal que lo que hemos hecho bien.
Hay momentos en que escribir no responde a un oficio, ni a una rutina, ni al peso del deber. Hay momentos en que uno escribe porque siente una punzada de vacío. Porque alguien al que nunca estrechaste la mano te acompañó durante años. La muerte de Alfonso Ussía es uno de esos momentos: uno siente que se apaga una farola que iluminaba una esquina muy concreta del mundo, esa en la que conviven la ironía y la ternura, la crítica feroz y el amor por un país que no siempre sabe quererse.
Aquí se trata de un libro de memorias y un extravagante video promocional con vagos parecidos a un mensaje navideño de sus viejos tiempos.
La alarma sanitaria creada por la aparición de jabalíes contaminados de peste porcina africana en la provincia de Barcelona, más allá del quebranto económico que supondrá el veto de algunos países a la importación de productos del cerdo y el hundimiento en España de los precios de la carne de porcino, ha venido a dejar en evidencia hasta dónde llegan algunas de las miserias de la política.
Que la Comunidad de Madrid celebre, la víspera, el aniversario de la Constitución, por su cuenta y sin presencia apenas de socialistas en la Puerta del Sol, parece un despropósito más.
En vísperas de la celebración del 47 aniversario de la Constitución, se hace más necesario que nunca abordar un gran pacto de Estado para reformarla en los aspectos que más urgentemente lo necesitan, y que no se refieren tan solo al Título VIII, acerca de las autonomías y que es ya un 'clásico' cuando se habla de la necesidad de modernizar y actualizar nuestra Ley Fundamental.
Al ser bastante despistado, ignoro si se ha publicado algún decreto en el que sea obligatorio pintarse las uñas, o bien se trata de uno de esos vendavales de la moda que, de repente, surgen con la fuerza con la que aparece la lava de un volcán dormido.
La industria de la desvergüenza se desmorona en torno a Sánchez. Lo último es el portazo de Junts, por boca de Miriam Nogueras, la corresponsal de Puigdemont en la capital de España.
¡Duele tanto tu ausencia! ¡Duele tanto saber que nunca más podré besarte, abrazarte, que nunca más cogerás mi mano entre la tuya! Apenas han pasado veintiún días desde que nos dejaste y ayer volvimos a juntarnos todos los que te queríamos -muchos más estaban presentes aunque no pudieran estar allí- para decirte adiós.
Juan Carlos de Borbón fue rey de España durante algo más de 39 años, ahora tiene 88, y no se resigna a pasar al baúl de los recuerdos de los libros de Historia.
Resulta difícil cometer tal serie de desaciertos como los protagonizados en las últimas semanas por Juan Carlos de Borbón.
El Gobierno encara 2025 con una paradoja difícil de pasar por alto: continúa sin presupuestos desde 2023, pero ya ha comprometido más de 50.000 millones de gasto, a los que se suman casi 14.000 millones adicionales derivados de las subidas a pensionistas y empleados públicos.
"Hay una sensación en el PSOE de que la etapa Pedro Sánchez está finalizando". Son palabras del ex ministro socialista Jordi Sevilla, uno de los pocos dirigentes que apoyó la candidatura de Pedro Sánchez en el transcurso de los borrascosos días que dividieron al partido durante el proceso de primarias para elegir al secretario general.
El exministro Jordi Sevilla, desembarcado del sanchismo a las primeras de cambio, propone rescatar del populismo al PSOE y devolvérselo a la socialdemocracia.
Cuando el poeta y político Emilio Gastón tuvo que ir a Londres, a recuperar el cuerpo de su hija, Diana, fallecida a temprana edad, por una peritonitis, se sentó en el avión y, sumergido en una nube de tristeza, escribió un poema que, cada vez que lo leo, se me humedecen los ojos.
Cada día sobrepasamos cotas que aún no habíamos alcanzado, tanto por parte del Gobierno, que nos sobresalta con sus 'inventonas', como de la oposición, que en ocasiones pierde los nervios a la hora del ataque.
Al hilo de la entrada en prisión del ex ministro y todavía diputado José Luis Ábalos, está cobrando uso y velocidad la conocida metáfora de la manta.
El Gobierno a lo suyo: "aquí no pasa nada, todo va bien, los corruptos "ya" no son del PSOE, los jueces son políticos frustrados y los medios nos persiguen.
El panorama, tras una manifestación que se anunciaba como grande (y temo que el Partido Popular abusa de este recurso) es siempre doble: el éxito se discute entre el Gobierno civil y los convocantes por una diferencia de cientos de miles de personas; el mayor o menor entusiasmo de los que salen a la calle en un día frío y lluvioso es siempre algo subjetivo, y la eficacia de esta marcha suele ser perfectamente descriptible, o sea, poca.
Vaya por delante que defiendo con uñas y dientes el derecho a manifestarse libremente.
La industria española vinculada a la guerra, incluida la denominada guerra híbrida, vive un momento de fuerte expansión impulsado por el rearme europeo y por un clima político y mediático marcado por el miedo al expansionismo ruso y la inestabilidad internacional.
El autor vincula el llamado ‘black Friday’ político a los casos que afectan a Santos Cerdán, José Luis Ábalos y Koldo García, y sostiene que la sucesión de escándalos por presunta corrupción puede marcar un punto de inflexión en la política española y en el PSOE, al igual que ocurrió antes con el PP.
El adelanto del encendido de las luces navideñas se interpreta como un intento de contrarrestar un clima de crispación política creciente, alimentado deliberadamente por distintas formaciones para movilizar a una ciudadanía percibida como apática.
Mientras en las empresas privadas el acoso laboral se vigila, y los acosadores suelen ser despedidos, en algunas empresas públicas los que son acusados son los funcionarios o empleados decentes, que se alarman y denuncian irregularidad, detrás de las cuales suele estar el dinero de la corrupción.