A mediados de junio de 2025, cuando aviones de Estados Unidos y de Israel bombardearon instalaciones industriales y militares de Irán justificando que dichos ataques tenían como objetivo cercenar la capacidad para fabricar armas nucleares, algunos de los aviones americanos que participaron en aquel raid habían contado con la asistencia logística de las bases de Rota y Morón.
Ha muerto un periodista deshabitado de sectarismos y extemporáneas añoranzas guerracivilistas. Templanza, moderación y el tono aterciopelado de una voz sin estridencias, sin agudos, sin gritos histéricos, sin insultos.
La izquierda está efervescente. Los del "no a la guerra", están encantados con el presidente por romper con Europa, declarar la guerra a Trump y poner a España al borde de un incierto futuro económico.
Cuánto lamento decirlo, pero no puede ser que el presidente del Gobierno salga a hacer una importante declaración (sin periodistas, por supuesto) reafirmando una orientación en la política exterior española y, a los pocos minutos, el jefe de la oposición salga a derribar ese eje estratégico, aludiendo a que lo que busca Pedro Sánchez es protagonismo frente a los competidores a su izquierda.
Esto de normalizar el mal, de dar por amortizados o extinguidos los fundamentos más elementales de la convivencia entre las personas o entre las naciones, esto que algunos gobiernos, como el de Alemania, asumen hoy por seguidismo del autoproclamado rey, o emperador, o casi dios del mundo, no puede sino regresar a la humanidad a la barbarie, ese estadio anterior a todo donde parece sentirse feliz ese apócrifo rey, o emperador, o casi dios.
El Consejo de Ministros ha aprobado la designación de Inés Olóndriz, actual secretaria general de Financiación Autonómica y Local del Ministerio de Hacienda como nueva presidenta de la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal).
El peor pecado de nuestra vida política, por tanto de nuestra democracia, es, digámoslo ya desde el comienzo, la falta de acuerdos en temas sustanciales. Esta vez lo digo porque me parece sencillamente increíble que una sola persona, por muy jefe del Gobierno de España que sea, haya decidido dar un paso en política internacional teniendo al Parlamento 'cerrado por vacaciones' y sin encomendarse no solamente a la oposición, sino ni siquiera a su propia coalición.
El líder del PP, Alberto Nuñez Feijóo, ha introducido en la "conversación" una propuesta polémica: el regreso de Juan Carlos de Borbón. La excusa no es otra que la desclasificación de los documentos del 23 F, en los que queda claro lo que ya sabíamos: el rey desmontó el "golpe" con su alineamiento con la Constitución y, por tanto con la incipiente democracia.
En razón de haberse convertido en una suerte de comodín, que traslada la idea de que quien lo proclama o se lo adjudica está cargado de razón, se ha puesto de moda un sintagma de significado confuso.
No resulta difícil detectar intencionalidad política en la inopinada publicación de todos los archivos relacionados con el golpe de Estado del 23-F que han permanecido secretos durante 45 años.
En la empresa Adif debe de haber algún tonto, que ignora que sustraer pruebas de una investigación policial y judicial es un delito. En todas las empresas hay tontos contemporáneos. Da igual que sean publicas o privadas, que se dediquen a la comunicación, la extracción de minerales o la distribución de productos alimentarios. Y lo mismo se puede afirmar de la función pública, sea municipal, autonómica o estatal. Es raro, cuando gestionas con la Administración, que no te encuentres, en cualquier momento, con el tonto contemporáneo correspondiente.
Pienso que carece de sentido rasgarse las vestiduras ahora por el hecho de que Juan Carlos de Borbón, mal llamado rey emérito -a él creo que no le gusta-, siga residiendo en un emirato árabe donde garantizar las libertades no parece ser lo que más inquieta a quienes lo rigen.
No hay semana, bueno, últimamente la semana se ha ido reduciendo y ahora va por días, en que el presidente y sus acólitos no lancen alguna liebre para mantenernos distraídos y así desviar la atención sobre los escándalos y corruptelas que afectan al Gobierno.
Quiso, entre otras cosas, dejar claro Pedro Sánchez este miércoles en el Congreso de los Diputados que la izquierda, hoy tan en disputa, es él.
Lo había dicho el expresidente del Gobierno Felipe González unas horas antes: "España no funciona".
El otro día leía un reportaje titulado "Los increíbles beneficios de sostenerse sobre una sola pierna" y no pude menos que exclamar: "coño, Sánchez".
En el ámbito de la derecha, hasta ahora, en términos prácticos, Vox solo había servido para privar de votos al Partido Popular lo que se traducía en oxígeno para Pedro Sánchez.
Hace unos días, la AIReF puso el dedo en la llaga sobre un problema frente al cual no parecía existir interés ni por parte del Gobierno ni de los sindicatos: la incapacidad temporal.
Arrostramos un invierno en el que las semanas se miden por borrascas y los días por desgracias provocadas por riadas que arramblan con todo.
Una querida colega dice que el recuento electoral en Aragón está cargado de adversativas.
Toda elección supone una lección. Para los que la quieran entender, claro.
Tras el resultado de las elecciones en Aragón quizá sea prematuro avizorar que estamos en el preámbulo del final del ciclo sanchista.
¿Qué es lo peor que nos puede pasar hoy? Para mucha gente, desde los más pequeños a los más mayores, que nos desconecten.
Y ahora, tras Extremadura, tras Aragón, les toca votar, el mes próximo, a dos millones de castellano-leoneses.