Difícil tarea la de encontrar las buenas noticias que no alumbró en la esfera pública, nacional e internacional, el año cancelado con el bullicioso subidón de la Nochevieja.
Siempre he pensado que sería una excelente idea, seguramente irrealizable sin que los políticos la prostituyeran, crear un nuevo cuerpo de Letrados de la Administración de Justicia del máximo nivel que cada año analizaran el funcionamiento de todas las leyes vigentes y propusieran al Parlamento cuáles habría que derogar por innecesarias, obsoletas o desfasadas; cuáles por sus consecuencias y efectos negativos; y cuáles por su baja calidad legislativa o por haber conseguido el efecto contrario que se buscaba.
El año que despedimos también nos deja algunas buenas noticias. En el transcurso del acto de entrega de despachos a los integrantes de la 63ª promoción de fiscales del Estado - 76 en total- conocimos datos muy llamativos: el 75% por ciento de los nuevos miembros de la carrera son mujeres y nueve de ellas figuran entre los diez mejores expedientes de la promoción.
Esto que escribo hoy, en el tránsito entre el último día de un año y el primero de otro, no es la expresión de un deseo: para nada tengo clara la alternativa.
En su balance del año Alberto Núñez Feijóo habló del "colapso total del sanchismo", enumerando una decena de razones que avalarían dicho diagnóstico, pero descarta la catarsis política que aparejaría la moción de censura al Gobierno de Pedro Sánchez.
La Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) ha elegido la subida del precio de la vivienda como el dato económico del año 2025, al considerar que resume una de las principales tensiones estructurales de la economía española y uno de los problemas sociales más acuciantes del país.
En su balance de fin de año, el líder del PP ejerció como única alternativa verosímil al todavía presidente del Gobierno.
Sí, 2026 va a ser con mucha probabilidad un año de impulso para lo que genéricamente viene llamándose 'las derechas'.
No es una costumbre original, pero cuando llega un nuevo año hay un montón de ciudadanos que elaboran unas cuantas propuestas que pretenderán llevar a cabo en los doce meses siguientes.
Los prebostes sanchistas están asustados. Y se les nota más aún cuando impostan "tranquilidad" y llaman "sus votantes" a quien ya no lo son por la muy simple razón de que les han dejado de votar.
Pedro Sánchez se fue de vacaciones sin decir una sola palabra sobre el hundimiento del PSOE en Extremadura.
¿Qué harán después de que se acaben las vacaciones y las buenas vibraciones de la Navidad, cuando vuelvan a la lucha desesperada por el poder, por mantenerlo o por alcanzarlo, cuando insistan en agitar los más bajos instintos políticos y la polarización, cuando se trate exclusivamente de salvar un proyecto personal, ni político ni de partido, aunque quemen toda la tierra que tengan delante? ¿Qué cuando dejen de fingir que les importan las personas y los derechos humanos? ¿Qué harán dentro de unos días cuando se vuelva a abrir un Parlamento devaluado intencionadamente y sin mayorías reales? ¿Qué cuando las instituciones que deberían servir a todos los ciudadanos -el CIS, RTVE, el Instituto Cervantes, el Tribunal Constitucional, las empresas públicas- se alineen con el Gobierno para servir los intereses de éste?
Nos hemos o nos han acostumbrado a que todo eso, incluidos los insultos y las descalificaciones personales, parezca "normal".
La cuesta de enero de 2026 amenaza con convertirse en una pendiente que ya no distingue entre meses ni entre clases.
Advertencia previa: anticipar lo que Pedro Sánchez, que es a quien compete hacerlo, piensa con respecto a la fecha de las elecciones generales es tarea complicada.
Este, cuando la actualidad amaina un poco y los próceres están de vacaciones, suele ser tiempo para que los comentaristas nos solacemos haciendo, en quinientas palabras, resúmenes del año que concluye y predicciones para el que viene.
Recuerdo un día, en que fui a ver a Mario Rodríguez Aragón, cuando dirigía "Sábado Gráfico", y acababa de marcharse un colega que vivía en uno de esos agitados países hermanos de América.
Dirigir a los españoles el mensaje de Navidad de pie, en lugar de, como siempre, sentado, no supone, a mi juicio y digan lo que digan los comentaristas más o menos oficialistas, una innovación verdaderamente importante en la tradición de esta 'conversación' del Rey con los ciudadanos en la noche más mágica del año.
Sin duda es la historia más bella jamás contada. La más increíble y la más real.
Estoy deseando conocer el tenor del documento que el 'grupo socialdemócrata' , aglutinado sobre todo por el exministro Jordi Servilla, nos hará conocer en el enero trepidante que nos viene.
Sin discusión posible, este año que concluye ha sido nefasto desde el punto de vista de la moralidad, la ética y la estética políticas.
La última decisión del Gobierno en materia de vivienda vuelve a evidenciar una peligrosa mezcla de ideología y desconocimiento de la realidad del mercado.
Pedro Sánchez se lo buscó, digo. Por aceptar la apuesta en clave nacional desde el principio.
El presidente Sánchez designó este lunes a doña Elma Saiz, prácticamente desconocida ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, como nueva portavoz del Gobierno, en sustitución de doña Pilar Alegría.
Pedro Sánchez ha suicidado al PSOE extremeño. Jamás en la historia democrática había sufrido semejante hecatombe en las urnas ni la derecha un resultado tan demoledor.