El próximo martes los madrileños tendremos que decidir con nuestro voto qué modelo de sociedad queremos: el Madrid de bajos impuestos, libre elección de médico y centro educativo con los mejores servicios públicos de España, o el modelo del sanchismo que quiere sojuzgar el Poder Judicial, arremete contra la prensa independiente y busca conformar una sociedad subsidiada y empobrecida que dependa del poder político. Una elección que trasciende a Madrid. Que nadie se engañe: Ángel Gabilondo es el candidato fake de Moncloa y Pablo Iglesias ya sabemos todos que tiene un proyecto de poder totalitario.
Ciudadanos es un partido integrado principalmente por personas que venimos de la sociedad civil, que acumulamos una cierta experiencia en nuestros respectivos ámbitos de trabajo, y que, en un momento dado, cada uno por sus propias razones, decide aportar esa experiencia y mucha voluntad a favor de sus conciudadanos. Por ello dimos un paso al frente, y nos afiliamos a un partido político. Pero esta no es, ni mucho menos, la única ni la más importante forma de contribuir al bien colectivo; de hecho, hay muchas más. Todos los días vemos ejemplos de acciones y actitudes altruistas aportando sus respectivos granitos de arena, que consiguen toda una “playa” de logros solidarios que consiguen que nuestra sociedad sea algo mejor que el día anterior.
El Gobierno aprobó ayer en Consejo de Ministros el Plan de Reconstrucción para acceder a los fondos europeos. La idea es enviarlo a Bruselas en unos días y resulta chocante que lo vaya a hacer sin consensuarlo con los partidos políticos, los representantes de los ciudadanos, ni con los sindicatos, ni la patronal.
Resulta inevitable hablar de 'navajeo en la campaña' tras la llegada al Ministerio de Interior de una nueva carta amenazadora, esta vez dirigida a la ministra de Industria, Reyes Maroto, y conteniendo una navaja presuntamente ensangrentada.
La verdadera salida del armario de Marlaska nada tiene que ver con su respetabilísima, libérrima y reconocida opción sexual. En absoluto. El destape del ahora ministro y antes respetado juez es otro y este sí que conlleva el descubrimiento de alguien y algo que había permanecido oculto y ahora se ha desparramado dejando perplejos y en muchos casos decepcionados y avergonzados a los que le profesaron admiración y respeto.
Empecemos reconociendo lo evidente: la pandemia ha golpeado muy duro la economía madrileña. Sus efectos se han asemejado a los de un terremoto, que es devastador por sí mismo, pero que puede serlo todavía más dependiendo de la resistencia y la calidad que tuviesen los edificios que lo sufren. Y desgraciadamente esta crisis ha demostrado que muchas de las bases de la economía madrileña y de nuestros servicios públicos eran más endebles de lo que nos decían.
Vaya por delante la obviedad de que enviar cartas con amenazas de muerte y balas dentro es un acto delictivo. Un acto que suscita, o debería suscitar, el rechazo y la repugnancia, no sólo de la clase política si no también de toda la sociedad.
Las mentiras de los políticos corrompen la democracia. Sí al ser descubiertas no hay rectificación retratan a quien las propaga y devalúan la confianza en el sistema.
La última encuesta del CIS sobre las elecciones autonómicas en Madrid del próximo 4 de mayo constata que el resultado está aún muy abierto. El dato, muy ajustado, indica que el bloque de izquierdas tendría hoy una ligera ventaja sobre el tripartito de hecho del gobierno saliente.
El Constitucional alemán, después de varios días de incertidumbre, ha dado finalmente luz verde al fondo europeo. España, como todos, tiene que presentar sus planes y reformas para acceder a los miles de millones que nos ha tocado en el reparto.
Algo muy gordo ha debido hacerle el idioma a Irene Montero, tal es el desprecio y la inquina con que la ministra lo trata. Aunque también puede ser que el castellano no le haya hecho nada, y que se trate solo de una manifestación más del filibusterismo político que la mencionada cultiva, mediante el cual se traslada a las palabras la responsabilidad y la capacidad de transformar la realidad, una cosa que solo pueden hacer los buenos escritores y los buenos poetas, y por pudor no lo hacen.
Lo del miércoles en Telemadrid va a ser de alquilar balcones. Palomitas, más bien. Todos contra todos, porque hay recelos en ambos bandos. Pero la resultante será la foto de dos bloques.
Iba a titularlo con el neutro y globalizador "tonto", como se hizo con aquel maravilloso premio, "El tonto contemporáneo", que no recuerdo que ganara ninguna mujer, pero en este caso hay que reconocer, en justicia y puridad, que sería impropio no otorgar los méritos y la gloria del descubrimiento a Irene Montero y poner el "la" como escudo, blasón y primogenitura de su nombramiento como "tonta tridimensional".
La democracia es un procedimiento para dirimir las diferencias sin tener que acudir a la violencia. Por eso, cualquier agresión, cualquier intento de escrache realizado contra los participantes en actos políticos tales como mítines o conferencias resulta reprobable cuando no directamente delictivo.
Si yo, en este periódico, soy autor de calumnias o injurias sobre cualquier ciudadano, éste podrá presentar la correspondiente querella, y yo tendré que responder a la Justicia.
El refranero es una fuente de sabiduría popular. Uno de los refranes que más repetimos es ese de "Que Dios me libre de mis amigos que de mis enemigos ya me libro yo". Refrán que le va como anillo al dedo al candidato socialista a presidir la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo.
Los dos pícaros, Sánchez e Iglesias, están metidos en la campaña electoral, pero de manera diferente. Pablo Iglesias, que se piensa que es un demagogo de provecho y más listo que un ratón de campo, ha dimitido de vicepresidente para estar más libre en la campaña.
Mientras cualquier partido legal, de la ideología que sea, no pueda ir libremente --sin miedo a que sus miembros sean amenazados, agredidos o perseguidos-- a dar un mitin en cualquier lugar de Cataluña o del País Vasco --como sucede ahora en algunas ciudades-- o, incluso en Madrid, como acaba de pasar en Vallecas donde se ha tratado de impedir un acto de Vox con violencia y amenazas, no se debería decir que la democracia funciona, especialmente si la protección de la Ertzaintza, de los Mossos o de la Policía Nacional no existe o es incapaz de garantizar el ejercicio de un derecho democrático.
Queda menos de un mes para que desaparezca legalmente el estado de alarma que ha permitido las restricciones a la movilidad y el recorte de derechos en este fatídico año pandémico.
La vicepresidenta Calviño ha tenido que rectificar. El Gobierno ha reconocido que sus previsiones eran puro voluntarismo, un espejismo con el que hacer política y de la mala y finalmente ha modificado el cuadro macroeconómico que presentó junto con los Presupuestos Generales del Estado para 2021.
No acabo de creerme que el 9 de mayo concluya el Estado de Alarma, porque es lo que ha afirmado Sánchez, y pensar que Sánchez ha dicho una verdad resulta increíble. Más bien, supongo que el anuncio lo ha llevado a cabo al aroma de las elecciones madrileñas, y que, una vez pasadas, se volverá a reflexionar sobre la medida, amparado en las condiciones de la extensión de la pandemia.
La recuperación económica va para largo. No se salvó la Semana Santa, los casos no dejan de crecer y la exasperante lentitud en la administración de las vacunas pone en peligro el verano económico.
El relato es bien sencillo, dejemos las florituras para los sonetos con endecasílabos. El ministro del interior y la directora general de la Guardia Civil siguiendo sus instrucciones ordenan al jefe de la Guardia Civil de Madrid, coronel Pérez de los Cobos, que le de información sobre una investigaciones que un juez le ha ordenado expresamente y por escrito que permanezcan en absoluto secreto.
El paso de la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, por los Desayunos de EuropaPress, confirmó la potencia de su discurso populista. Nunca mejor dicho lo de populista, al elegir la vía más directa y menos sofisticada de llegar a los votantes.