Vaya por delante que la gestión de la ministra de Exteriores, González Laya, ha sido, cuanto menos, desacertada en las maneras de la traída a España del líder del Frente Polisario, Brahim Gali.
Siento mucho, mucho, decirlo, pero España se está convirtiendo en un desastre en lo que a política exterior se refiere. Y conste que salvo las buenas relaciones que el presidente Sánchez está sabiendo -nos dicen_ establecer en el seno de la Unión Europea.
La oficina estadística de la Unión Europea acaba de hacer público que en el primer trimestre del año la eurozona entró de nuevo en recesión tras sufrir una caída de su PIB del 0,6%.
Con Marruecos, nada sale gratis. Sí llevada del amateurismo que la caracteriza la señora González Laya ministra de AA.EE. llegó a pensar que negociar en secreto con Argelia la entrada en España de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, no iba a traer consecuencias, ya conoce la respuesta de Rabat.
España cuenta hoy con prácticamente cuatro millones de parados, 400.000 más que cuando estalló la pandemia, y todavía hay en ERTE cerca de 750.000 trabajadores, muchos de los cuales van a ser pasto de EREs, es decir de despidos.
El ministro Escrivá, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, ha presentado estos días su propuesta de sablazo a los autónomos. Finalmente, se han cumplido los vaticinios y el Gobierno plantea que los autónomos coticen a la Seguridad Social en función de sus ingresos reales.
En política, en los momentos de crisis aguda, suele dar resultado optar por la vía inaugurada por Winston Churchill cambiando de partido para no cambiar de ideas. Ciudadanos, que fue una brillante apuesta para frenar al separatismo en Cataluña pero que terminó siendo víctima del mal de altura cuando de la mano de Albert Rivera dio el salto a la política nacional, vive días de quebranto en un ambiente de liquidación.
Hace ya más de treinta años que murió el profesor Laurence Johnston Peter, conocido mundialmente, tras la publicación de su ingenioso y deslumbrante libro, "The Peter Principle", a finales del decenio de los sesenta del siglo pasado.
La vicepresidenta Yolanda Díaz tiene buen "cartel", nada que ver con el de su antecesor y amigo Pablo Iglesias. Cae bien dentro y fuera del Gobierno, seguramente porque su manera de estar en política pasa más por "hacer" que por "decir".
Pues resulta que no; que el resultado de las elecciones en Madrid, que muchos pensábamos que haría reflexionar a muy diversos estamentos, dejan incólumes las lamentables estructuras políticas españolas.
De la misma manera que Pedro Sánchez huyó del público, tras el cuatro de mayo, Pablo Casado multiplicó sus apariciones con tanta persistencia y entusiasmo que llegó un momento en que me llevó a la confusión, y hasta llegué a pensar si el que se había presentado a la presidencia de la Comunidad de Madrid era Pablo Casado y no Isabel Díaz Ayuso.
El AGITPROP de la progrecracia nacional vive desde el 4-M en un desasosiego que lleva a algunos al ya totalmente descarnado activismo político y a otros a un retranqueo preventivo.
La aplastante derrota sufrida por el PSOE en Madrid tiene noqueado a Pedro Sánchez. Lleva una semana huyendo de los periodistas. Quien durante el estado de alarma gustaba de largas homilías televisivas en las que se escuchaba y recreaba, ahora está desaparecido.
Quedan pocas horas para que, dependiendo de en qué Comunidad viva usted, pueda hacer de su capa un sayo y moverse, saliendo donde quiera y sin horario. El Gobierno de Sánchez ha decidido hacerse un "Ayuso" y, en vista de los buenos resultados electorales, dejar en manos de la ciudadanía la responsabilidad de evitar el contagio.
Lo recuerdo de mis años de futbolista juvenil. Un cartel en los vestuarios que decía: "Ganar con humildad y perder con elegancia". No es de aplicación al actual presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ni a las personas que le rodean.
Dicta la buena educación respetar los momentos de celebración y duelo de individuos y organizaciones. Y eso es lo que debemos hacer con los protagonistas de las elecciones que se han celebrado en la Comunidad de Madrid, que bastante tienen con digerir lo que les ha sucedido, sea el éxito arrollador de Ayuso, el más moderado de Mónica García, los fracasos de distinta magnitud de cualificados personajes como Edmundo Bal y Ángel Gabilondo, o la victoria pírrica de Pablo Iglesias que le ha llevado a dejar la política.
Concluyeron las elecciones madrileñas como concluyeron y, de pronto, todo fueron anuncios poco agradables para nuestro futuro procedentes del Gobierno: lo del alza de los impuestos queda para no mucho más tarde, en efecto se suprimirán los beneficios a las declaraciones conjuntas de la renta, sube la luz, alza considerable de la presión fiscal al diesel, suben los billetes de avión y... habrá peajes en casi todas las autovías, y vaya usted a saber en cuántas carreteras más, a partir de 2024. España se consolida como un paraíso de la inseguridad jurídica, ese país donde de pronto te enteras de los 'diktats' procedentes de los gobiernos. Y, por cierto, donde te van contando, gota a gota, cuánto habremos de apretarnos el cinturón a cuenta de lo que se ha prometido a la UE para captar los famosos fondos de reconstrucción.
Si los ciudadanos nos hubiésemos creído algunas de las "perlas"lanzadas como misiles por parte de los partidos de izquierda contra Isabel Díaz Ayuso, ahora mismo tendríamos que estar temblando o haciendo las maletas para huir.
La apabullante victoria de Diaz Ayuso, evitando el crecimiento de Vox, la contundente derrota del PSOE, sobrepasado por Mas Madrid, el rotundo fracaso de Iglesias y el hundimiento total de Ciudadanos -lo único lamentable- evitan hacer demasiados comentarios sobre los resultados del 4M en Madrid.
En un peculiar estado de crispación ideológica, similar al estado de crispación identitaria reinante en Cataluña, dimos por terminada el martes pasado la extenuante y embrutecida batalla por los votos de los españoles censados en la Comunidad de Madrid.
La espantada de Pablo Iglesias abandonando la política al ser abandonado por buena parte de sus seguidores no debería enmascarar la derrota de Pedro Sánchez, de pie junto a Ángel Gabilondo, el candidato del PSOE en las elecciones de Madrid.
Se cumplieron los rumores y expectativas: Pablo Iglesias deja la política. Se va hacia otros rumbos, aplastado por sus propios ex correligionarios. No será el único. Supongo que, más tarde o más temprano, algunos candidatos y sus mentores en estas elecciones de Madrid tendrán que replantearse su continuidad en la política: quizá el propio Gabilondo, que ha peleado la batalla que le han dejado pelear; Inés Arrimadas -es culpable de buena parte del desastre de Ciudadanos- debería moralmente haber dimitido ya, antes de que la 'dimitan'.
Podemos lleva camino de ser un partido irrelevante. El discurso incendiario de Pablo Iglesias les aupó hasta cotas de representación muy notables pero la posterior trayectoria arribista de éste líder les fue arrastrando hasta la situación en la que se encuentran.
Imposible disociar las elecciones autonómicas de este martes en Madrid de lo que vaya a ocurrir en la política nacional. Que no digo yo, desde luego, y aunque otros comentaristas sí lo hagan, que de la votación para elegir al/a la presidente/a de la Comunidad madrileña dependa la supervivencia a medio plazo de Pedro Sánchez; claro que no.