Cristóbal Colón descubrió América porque equivocó su rumbo. Aquel error acabó en éxito, siempre considerado desde la óptica del navegante y del reino que amparó su aventura, que ya saben que en esta materia hay opiniones discrepantes.
Esta semana, en el Auditorio Nacional, Plácido Domingo recibió algo más que una ovación llena de afecto y reconocimiento a sus facultades demostradas a los ochenta años -esta vez en clave de barítono- sino una especie de resarcimiento a dos años de represalias excesivas, por una conducta de presunto acoso sexual, que jamás tuvo una prueba, y que se remonta a decenios del siglo pasado.
A lo que parece, el Presidente de Gobierno, con el aval de sus socios --Podemos y compañía--, va a poder esquivar comparecer en una sesión monográfica en el Congreso para explicar su decisión de indultar a los dirigentes independentistas que cumplen penas por haber intentado subvertir el orden constitucional.
El ser humano no es solo la única criatura capaz de tropezar dos veces en la misma piedra, sino también la única capaz de tropezar dos veces con la foto de Colón. No a todos los seres humanos, ciertamente, les sucede eso, pero a Casado sí, y ni las funestas consecuencias electorales que tuvo para su partido la primera foto, ni el hecho de que la convocatoria de esta segunda sea cosa de Rosa Díez, parecen disuadirle de asistir el domingo a la de antemano gafada sesión fotográfica con Vox.
Visto el contenido de la carta enviada desde la celda por Oriol Junqueras a dos medios de comunicación, que cada uno a su manera ampara el proceso de indultos a los políticos catalanes presos por sedición, puede concluirse que, ante el creciente malestar que se detecta en el seno del PSOE por este asunto, quien va a beneficiarse en breve de la medida de gracia ha decidió echarle un cable al Presidente del Gobierno.
Ocho de la mañana con un pie en la calle para iniciar la jornada laboral después de haber dejado la casa más o menos arreglada. Por delante nos esperan unas cuantas horas de trabajo.
Un político debe saber mandar, resistir, apostar, arriesgar y calcular, pero también debe saber pactar. Un político al que le asusten los pactos, o por intransigencia o por miedo, podrá ser un buen dictador, un excelente propietario de un cortijo, el dueño de un patrimonio cuyas decisiones nadie discuta, pero nunca podrá ser un buen politico.
Cuando Casado y su equipo se frotaban las manos por los datos de las últimas encuestas y el coste político que pagará el Partido Socialista por conceder el indulto a los condenados del 'procés', los casos de corrupción del pasado reciente del PP vuelven como fantasmas sin condena.
La operación informativa para blanquear la concesión de indultos a los políticos catalanes presos por delitos de sedición y malversación, está en marcha. Vivimos tiempos de "telecracia" en los que la política se hace más en los platós que en el Parlamento y en ése terreno -el de los medios- el sanchísmo cuenta con abundantes colaboradores.
Hay políticos que aspiran gobernar para el conjunto de la ciudadanía y no solo para sus presuntos votantes. Otros, su sectarismo les lleva a gobernar exclusivamente para los suyos sin importarles el resto de los ciudadanos.
Ábalos es el verbo hecho carne de este gobierno mostrenco y de su manera mostrenca de actuar. No es su caricatura, es su esencia misma, son sus gestos, sus aires, sus intenciones, sus hechos, sus fondos y sus formas.
La mala gestión de la pandemia ha provocado en España la peor crisis económica que se recuerda. Esto no tiene discusión. Lo dicen las estadísticas publicadas, cojas el organismo que cojas.
La posibilidad de que el Gobierno conceda el indulto a los políticos catalanes en prisión como consecuencia del "procés" está suscitando un duro debate sobre la conveniencia o no de esta decisión.
En España aplaudimos a los médicos, pero el ministerio de Sanidad los maltrata. A los médicos en particular y al personal sanitario en general. (Salvo tortura refinada, porque soy cobarde, jamás escribiré la estupidez de "médicos y médicas" o la de "enfermeros y enfermeras", y menos después de leer el libro del Director de la RAE, Darío Villanueva, "Morderse la lengua").
Tiene razón Pedro Sánchez cuando dice que, para decidir sobre los indultos a los políticos catalanes condenados por sedición va a tener muy presentes "valores constitucionales como la concordia, el entendimiento, la superación de una crisis que desgarró al conjunto de la sociedad española en 2017.
En el fondo, la medida de gracia que estudia el Gobierno para la excarcelación de los políticos catalanes presos, el indulto, es una acción que intenta ser intermedia, contemporizadora, entre los extremos contrarios a dicha medida, esto es, entre la derecha nacional que se opone radicalmente a ella por considerar que no se dan las razones de equidad, de oportunidad o de conveniencia pública que señala la ley para su concesión, o, dicho de otro modo, por considerar poco escarmiento los tres años y medio que los reos llevan de cárcel, y los correligionarios y partidarios de éstos, que rechazan el indulto y reclaman la amnistía para los dichos presos y, por extensión, para cuantos, algunos miles, se hallan incursos en procedimientos judiciales por sus acciones en el malhadado "procés".
La España de 2050 que nos presentó el presidente Sánchez la semana pasada da para mucho. Los comentarios y las informaciones sobre ese plan han llenado ya muchas páginas de periódico y muchos informativos.
El dictador de Bioelorrusia lleva más de un cuarto de siglo dirigiendo la vida de casi 10 millones de personas y, como todos los dictadores, no le gusta que le llamen dictador y organiza, de vez en cuando, una puesta en escena de unas elecciones que parecen democráticas y son sólo un pucherazo para que el dictador siga en el poder.
El presidente del Gobierno está empeñado en que olvidemos que ha sido el peor gestor de la pandemia y de la crisis económica que tenemos encima y que desde el fracaso murciano y las elecciones en la Comunidad de Madrid no da una a derechas.
Han sido muchos los que, ante lo ocurrido con la llegada masiva de inmigrantes ("invasores", en lenguaje tremendista de Vox) marroquíes a la costa de Ceuta han querido comparar lo incomparable, equiparar peras con manzanas: ¿cómo se va a presentar, decían, un plan para 2050 cuando ni siquiera somos capaces de prever lo que iba a ocurrir un domingo de mayo de 2021? Las posiciones que escucho en este sentido, no todas, por cierto, procedentes de la oposición, me parecen desacertadas y tan inconvenientes para el gran acuerdo nacional que necesitamos como el 'debate' registrado este miércoles entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición, Pablo Casado, a propósito del último 'affaire marroquí'.
Vaya por delante que la gestión de la ministra de Exteriores, González Laya, ha sido, cuanto menos, desacertada en las maneras de la traída a España del líder del Frente Polisario, Brahim Gali.
Siento mucho, mucho, decirlo, pero España se está convirtiendo en un desastre en lo que a política exterior se refiere. Y conste que salvo las buenas relaciones que el presidente Sánchez está sabiendo -nos dicen_ establecer en el seno de la Unión Europea.
La oficina estadística de la Unión Europea acaba de hacer público que en el primer trimestre del año la eurozona entró de nuevo en recesión tras sufrir una caída de su PIB del 0,6%.
Con Marruecos, nada sale gratis. Sí llevada del amateurismo que la caracteriza la señora González Laya ministra de AA.EE. llegó a pensar que negociar en secreto con Argelia la entrada en España de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, no iba a traer consecuencias, ya conoce la respuesta de Rabat.