Estoy de vacaciones y me gusta ver el mar de Ulises, pero enciendo el televisor de manera mecánica y escucho la sintonía de "Verano Azul", compuesta por Carmelo Bernaola, y esas imágenes me resultan familiares, porque las veía cuando mis hijos tenían una edad semejante a la de los protagonistas.
La deuda pública sigue subiendo de forma alarmante. En junio, según los datos hechos públicos ayer por el Banco de España, alcanzó los 1,42 billones de euros, con un aumento del 1,7% en tasa mensual.
La crisis económica provocada por la COVID-19 ha sido la más intensa desde el fnal de la Segunda Guerra Mundial, y ello va a tener un impacto importante sobre el sistema de pensiones en España, y solo en el mejor de los casos, temporal. Porque, mientras el gasto en pensiones ha mantenido un ritmo de crecimiento relativamente estable, la intensa disminución de los ingresos por cotizaciones sociales durante la pandemia ha ahondado el deterioro del déficit contributivo a la Seguridad Social.
Durante casi 19 años, en periodos diferentes, fue presidente del Gobierno de España don Antonio Maura, quien, en determinada ocasión, expresó que él, para gobernar, "sólo necesito luz y taquígrafos".
Un periódico nacional tituló hace unos días que Pilar Alegría, la nueva ministra de Educación "pone en marcha su misión de desactivar el conflicto educativo". Pues menos mal.
Tal vez sea lo primero que ve un recién nacido, ese botón cálido y nutricio que le compensa de haber perdido para siempre el paraíso líquido en el que se fue gestando. Eso en el caso de que el recién nacido conservara a su madre, lo que no siempre sucedía en tiempos de tantas muertes puerperales en el parto, pero otras diversas causas negaban también al bebé el alimento natural, y para socorrer a esas criaturas carentes de lo más básico para su supervivencia se creó en España La Gota de Leche, fundación benéfica para proveerles de biberones de leche fresca.
El recibo de la luz sigue por las nubes. Cada día se van superando los máximos del día anterior y el Gobierno se lava las manos. No se nos olvida lo fácil que veía la izquierda bajar el precio de la electricidad cuando gobernaban los otros.
Soy tan ingenuo, tan despistado y tan escasamente inteligente que, al estudiar las matemáticas, nunca advertí su carácter sexista, amarrado por ese heteropatriarcado del que no teníamos ni puñetera idea, incluso a la hora de caer bajo los vicios de Onán.
Los socialistas siguen empeñados en perjudicar a los madrileños por la vía de dañar al gobierno de la Comunidad de Madrid. Creen que rebajando las cantidades a que tendría derecho tanto de la financiación autonómica como de los fondos europeos, impulsando un impuesto específico o tachando a Madrid poco menos de paraíso fiscal, los ciudadanos de otros territorios van a tragar la patraña y quizás lograr que el éxito de Ayuso no se repita en otras comunidades en unas próximas citas electorales.
En un tiempo no lejano éramos más felices de lo que imaginábamos. Nos enfadaban los atascos, nos molestaba hacer cola para pagar o que el coche se averiase y no impidiera hacer el plan previsto.
Recibo informaciones sobre la Nueva Masculinidad, promovida por doña Ada Colau, y confieso que a pesar de algunas iniciativas deslumbrantes, como cuidar de un huevo de gallina durante una semana, me parece que el propósito se queda algo alicorto, tímido, y escasamente revolucionario.
El presidente Sánchez ha elogiado el compromiso personal de Felipe VI por "la transparencia, la actualización y la renovación de la Corona" y afirmarlo no solo es necesario, sino de justicia.
El presidente del Gobierno está muy contento porque España es medalla de oro en vacunaciones, la recuperación económica es intensa y el mercado laboral marcha a pleno gas. Puedo estar de acuerdo en que vacunamos mucho en comparación con otros países, aunque también habría que preguntarse por qué al tiempo nuestra incidencia es muy alta, muchísimo más alta que en países que han vacunado menos.
Los que vivimos en familias estructuradas venimos a ejercer de ministros de economía domésticos. Y, sabemos, por experiencia, que cuando disminuyen los ingresos hay que disminuir los gastos, porque, si no lo haces así, unos señores de negro llegan un mal día y te embargan el piso, o te echan si vives de alquiler.
Tal vez Santiago Abascal suponía que por su actuación en los días terribles que se vivieron en Ceuta cuando Marruecos ensayó contra ella su amago de Marcha Verde, por el desierto del mar en esa ocasión, le iban a erigir en la ciudad española del norte de África un monumento.
Muchos españoles están ya de vacaciones y otros las van a disfrutar en las próximas semanas, aunque nada sea igual a las de hace un par de años. Nos merecemos unas vacaciones para descansar y disfrutar, pero, lamentablemente, la quinta ola de la pandemia está limitando las posibilidades reales, está poniendo de nuevo en graves dificultades a muchos sectores, el sanitario y el económico, sobre todo, y está evidenciando que no hay una autoridad sanitaria que sea capaz de prevenir y enfocar adecuadamente la desescalada veraniega.
Pedro Sánchez no ofrece ruedas de prensa en España desde hace semanas, pero en su periplo americano no ha parado. Allí podía decir lo que le viniera en gana. Quizás pensó antes de embarcarse que las preguntas de los periodistas norteamericanos iban a ser fáciles y las respuestas más todavía.
Me pasé el bachillerato oyendo y escuchando lo crueles que habían sido los rojos, culpables de la guerra, de las tormentas y del precio del recibo de la luz. A la vejez, en lugar de viruelas, resulta que tengo que olvidar todo o que he leído, sabido, escuchado y aprendido, hablando incluso con quienes protagonizaron la guerra civil, y aprenderme bien que los rojos siempre fueron buenos, que nunca fusilaron a nadie, y que José Antonio se debió suicidar en Alicante, a pesar de que hay actas del juicio sumarísimo, de lo que se deduce que todo el que no sea rojo, es decir, cualquiera que vote a la derecha, es un franquista redomado que tiene la culpa de la guerra civil, de la subida de la luz y de las inundaciones que se han producido, se producen y se producirán.
La reelección de Alberto Núñez Feijoo como líder incontestado del PP en Galicia arropado por Pablo Casado y Mariano Rajoy -presidente del partido y ex presidente del Gobierno-, más allá de describir su fuerte liderazgo adquiere un valor simbólico añadido.
Por si faltaba algo al carajal de las diferentes restricciones ante el Covid, según la Comunidad Autónoma en la que se viva, la sentencia del Constitucional complica aún más las cosas.
Las previsiones más optimistas que han realizado en los últimos días sobre la marcha de la economía en este tercer trimestre y para lo queda de año se van complicado. Es cierto que aún los distintos organismos creen que el PIB crecerá este 2021 algo por encima del 6%, aunque en general empeoran la escalada para 2022.
No hemos aprendido nada o muy poco. Este dichoso virus que se ha llevado por delante vidas y haciendas, que ha destrozado infinidad de proyectos personales y que ha hundido en la tristeza a miles y miles de familias, ha optado por no abandonarnos.
Hace año y medio, cuando el gurú en jefe de la Propaganda le aconsejó a Pedro Sánchez que repartiera esperanza -mucho antes de que lo arrojaran por el barranco- dijo aquello de "Saldremos más fuertes".
Hace tres días me enviaron a través de Twitter un maravilloso titular de periódico: "Choca en Palencia con un árbol ebrio y sin documentación". Me preguntaban con qué regábamos los árboles en Palencia y respondí que con lo que pillamos.