A Pablo Iglesias los tribunales no le pueden juzgar, ya lo ha dicho él mismo, si el Tribunal Supremo decidiera abrir una investigación sobre él, sería algo "inimaginable". Es más si el mas alto tribunal español decidiera tal cosa eso significaría "una vulneración del Derecho sin parangón en este país".
Comparen ustedes. Por un lado, el decimotercer Roland Garros de Rafa Nadal en Paris, con deportivos honores a nuestro himno y nuestra bandera a escala mundial. Por otro, el tuit del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, invitándonos a recordar lo que somos: "una España solidaria, abierta y plural".
Había que estar especialmente atentos este año a la conmemoración del Día de la Fiesta Nacional. No solamente, claro, porque jamás se había celebrado en esta versión reducida y con mascarillas, sino, especialmente, para calibrar hasta qué punto la tensión política puede llegar a afectar incluso al protocolo, cosa que, hasta donde se me alcanza, no ocurrió.
Estamos a mediados de octubre y seguimos siendo gobernados con unos Presupuestos de 2018 que se aprobaron siete meses tarde y que Pedro Sánchez --entonces todavía, por poco tiempo, en la oposición-- rechazó tajantemente, aunque haya sido incapaz hasta ahora de lograr la aprobación de unos nuevos.
El Gobierno lleva meses vendiendo que los 140.000 millones de euros de los que dispondría España del Fondo Europeo para la Reconstrucción poco menos que ya nos lo han dado. Incluso ha negado que esos fondos estuvieran condicionados a reforma alguna, ni siquiera a un plan serio para la reducción del déficit.
Los ciudadanos pagan la desidia de sus gobernantes. Los poderes públicos no han hecho sus deberes.
Cuando a un partido político le agobian los problemas o un político teme por su futuro los expertos en comunicación le recomiendan que ponga en circulación una nueva historia. Un "storytelling".
<"background-color: inherit; color: inherit; caret-color: auto;">Una de las grandes diferencias entre la transición, que algunos quieren denostar ahora, y la época actual es que, en aquel momento, los protagonistas de uno y otro lado aparcaron el rencor y el odio, para el que tenían suficientes motivos, y hasta la sed de venganza, para concentrarse en lo que interesaba de verdad: una democracia en libertad, con ciudadanos en lugar de súbditos, una sociedad más igual y, cuanto antes, fuerte económicamente.
<"background-color: inherit; color: inherit; caret-color: auto;">Hace un año enterramos a Pepe Oneto, periodista de referencia, en su tierra gaditana de San Fernando. El recuerdo del amigo se cruza con las tareas de ahora mismo, coincidentes con la comparecencia pública del presidente del Gobierno para explicar su "plan de recuperación, transformación y resilencia de la economía española", ya en camino hacia Bruselas.
<"background-color: inherit; color: inherit; caret-color: auto;">Pese al confinamiento perimetral al que estan sometidos por temor a los efectos de la pandemia, quienes viven en Madrid ya pueden estar tranquilos porque el Gobierno central y el autonómico han decidido crear una comisión -el Grupo Covid-19 - que se encargará de seguir los estragos provocados por el corona virus.
En torno a la cuarta parte de los estudiantes que participaron en el botellón multitudinario que se montó en la azotea del Colegio Mayor Galileo Galilei, de Valencia, y que ha provocado un contagio masivo de Covid-19, cursa Ciencias de la Salud.
<"background-color: inherit; color: inherit; caret-color: auto;">El próximo 3 de noviembre, el Congreso de los Diputados realizará un homenaje a Manuel Azaña en el 80 aniversario de su fallecimiento en el exilio de Montaubán (Francia), donde reposan sus restos.
El Gobierno va perfilando los Presupuestos Generales del Estado para el próximo año y ya se atisba que la idea es gastar como si no hubiera mañana y freírnos a impuestos.
Los sondeos de opinión no reemplazan a los datos de la jornada electoral, pero avisan. Son como el canario y el grisú. En los últimos conocidos el PP no remonta y ese gap acontece pese a la pésima gestión gubernamental de la pandemia.
Mientras seguimos pendientes de que unos jueces, que no saben de salud, y no los expertos, dictaminen cómo hay que gestionar esta segunda ola de la pandemia, 55 sociedades científicas, que representan a más de 170.000 profesionales sanitarios -los expertos de verdad- han hecho público en un diario de información nacional, un anuncio de pago, dirigido al presidente del Gobierno y a los de las 17 comunidades autónomas en el que denuncian que aunque ellos manden en la salud, tampoco saben y que deberían aceptar, de una vez, que las decisiones se tomen por criterios científicos desligados por completo del continuo enfrentamiento político.
Se preguntaba una alta funcionaria de la Organización Mundial de la Salud por las razones por las cuales España tiene muchos más rebrotes de coronavirus que los restantes países europeos y concluía que la Organización era incapaz de hallar las razones.
Y esto es el fracaso institucional contra la pandemia, la ineficacia de las medidas adoptadas, la lucha política y, sobre todo, partidista, que impide frenar los contagios. Como consecuencia de todo ello, y pese a la prometida ayuda europea, los organismos internacionales advierten de que la crisis económica española será catastrófica y sin precedentes.
La satisfacción con que el Gobierno y sus diversos portavoces recibieron los datos de paro y afiliación a la Seguridad Social del mes de setiembre resulta obscena. El número de parados se redujo en 26.000 personas y los nuevos empleos subieron en poco más de 84.000.
Octubre, en su tercer aniversario de los sucesos tremendos de 2017, promete ser otra vez un mes políticamente aciago. Un viento de locura parece haberse instalado en los despachos políticos, mientras se constata el deterioro institucional que, comenzando por la Corona, ha padecido, está padeciendo, España en estos tres años.
El título de este artículo no es una simple figura retórica. Cuando el ya expresidente de la Generalitat, Quim Torra (ahora un simple juguete roto de Carles Puigdemont) hace sus llamamientos a la confrontación en nombre de la "ruptura democrática", está señalando el camino a sus caseras falanges macedónicas.
"Si perdemos este desafío, estarán en su derecho de mandarnos a casa". El desafío al que se refería con estas palabras el primer ministro italiano Giuseppe Conte es el plan de recuperación diseñado por el Gobierno de Roma para hacer frente a la crisis sanitaria y económica que enfrenta el país tras el recrudecimiento de los brotes de la Covid-19.
Ayer, por primera vez en siete meses, me atreví a ir al teatro, en plena Plaza de Santa Ana, Madrid. Gentes que, como uno mismo, se sentían casi poseídas por un valor suicida simplemente por salir de casa, por escuchar las severas admoniciones por los altavoces -"la mascarilla en todo momento, no se puede salir de la sala hasta que se lo ordenen"-, aguantar sin toser toda la representación, no vaya a pensar alguien que.
Cuento entre mis amigos con varios jueces y abogados. Mi hija Calíope ejerció la abogacía -y una de sus amigas íntimas es juez- personalmente aprecio el Derecho, pero me hundo en la perplejidad, cuando no comprendo las resoluciones judiciales y sus manifiestas injusticias, que serán legales, pero son injusticias.
Isabel Diaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, tiene sus defectos y ha cometido torpezas políticas de primer orden, pero no es Quim Torra y por ello ha optado, con buen criterio, por acatar la orden dictada por el Ministerio de Sanidad pese a no estar de acuerdo con su contenido.