Sánchez reapareció en la tele el fin de semana para reafirmarse en su voluntad de ayudar a Díaz Ayuso poniendo todos los recursos del Estado a disposición de la Comunidad de Madrid.
Hay que reconocer que quien diseñó aquél famoso lema que decía que España era diferente acertó de lleno. El nuestro es el país de la UE con más contagiados y fallecidos a causa de la segunda oleada de la pandemia y mientras en otros países -Francia, Italia, Alemania- nombraron un comité interdisciplinar de expertos para asesorar acerca de las medidas a tomar para acotar los efectos de la Covid 19, aquí al frente del dispositivo, sólo tenemos a uno, el doctor Fernando Simón, quien en pleno rebrote se ha ido a bucear para salir en un programa de televisión.
En los últimos días se acumulan los informes que empeoran las previsiones económicas para España. Los últimos han sido los del Banco de España y la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas).
El plan de Ayuso, que tanto ha costado asumir, se queda corto. Además, está lleno de incongruencias. Se entiende el malestar (intentaremos no llamarle cabreo) que inunda la sede del PP en la calle Génova, ante las dilaciones, los titubeos y la petición de "auxilio" a Sánchez por parte del gobierno de la Comunidad de Madrid.
Leí este eslógan hace unos pocos días en el centenario tabloide británico Daily Mail: "Salvemos la Navidad", pedía, en un expresivo titular. Se supone que hay que salvar la Navidad porque el otoño, que ya se nos ha echado encima, está perdido.
El debate sobre el futuro de las pensiones se ha reavivado estos días con notables discrepancias en el seno del gobierno de coalición de Pedro Sánchez. Mientras el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, proponía retrasar la edad real de jubilación hasta los 67 años - ahora está en 64 años y medio - y bonificar a quien incluso desee posponerla, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, replicaba que esa ampliación sería un tapón para las generaciones jóvenes, que son las llamadas a financiar y sostener el sistema con su trabajo y sus cotizaciones.
No te rindas, por favor, no cedas. Aunque el frio queme Aunque el miedo muerda Aunque el sol se ponga y se calle el viento Aún hay fuego en tu alma Aún hay vida en tus sueños (Mario Benedetti ).
El entusiasmo generalizado por la fusión de dos bancos me hizo pensar que, a lo mejor, más de la mitad de los españoles eran accionistas de alguna de las dos entidades, pero enseguida caí en la cuenta de que dado el número de empadronados en este país (que supera los 47 millones) y el número de accionistas concentrados en el Ibex, la suposición era errónea y estadísticamente imposible.
Cuando ambos trabajábamos en el desaparecido diario vespertino Informaciones, Juan Luis Cebrián, entonces subdirector del vetusto y entonces prestigioso rotativo, escribía una columna titulada 'Corresponsal en Madrid'.
Da mucha envidia la pantera negra avistada en los campos de Granada: anda suelta. Desde que descubrimos durante el confinamiento que el bien más preciado es, en efecto, la libertad, nos atormenta la sospecha de que quizá lo hayamos descubierto demasiado tarde.
Los de Puigdemont, reagrupados tras las confiscadas siglas de JxCat, acusan sin complejos a los de Junqueras (ERC) de "complicidad con Madrid". No les perdonan que decidieran unilateralmente la investidura de Sánchez y la mesa de diálogo sobre Cataluña.
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, no soporta que se persiga a los pobres que no pueden pagar la hipoteca de su piso, pero no tiene ninguna brizna de misericordia con esas clases humildes -fontaneros, albañiles, cerrajeros, generalistas en chapuzas- que, después de estar casi medio año confinados y sin ingresos, no han tenido la solidaridad con el medioambiente de haber cambiado su vieja furgoneta alimentada con diesel por un vehículo híbrido, o eléctrico total, como puede poseer cualquier pijo de la alta burguesía catalana.
Las presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, cumplió el pasado mes de agosto un año desde su toma de posesión al frente del Gobierno regional.
Cuesta en estos días encontrar noticias positivas, esas que te hacen sonreírle a la taza de café por la mañana. La inmensa mayoría lo que te caen es como cascotes de escombros en la cabeza del derrumbe generalizado.
Por lo general no me calza la conformidad con las posiciones de Podemos. Tengo aversión al sesgo narcisista-leninista del hoy vicepresidente del Gobierno, Iglesias Turrión.
Como pieza de caza política Mariano Rajo está más que amortizado pero aún así sirve de munición contra el PP que ahora preside Pablo Casado. Está amortizado porque perdió la presidencia del Gobierno al ser tumbado por la moción de censura que le abrió a Pedro Sánchez las puertas de La Moncloa pero estos días -tras levantarse el secreto del sumario de la llamada "operación Kitchen"- su incierto horizonte judicial se ha convertido en combustible para los propagandistas del Gobierno.
Aunque creada para desarticular al entorno político de ETA vedándole el disfrute de los diferentes derechos y beneficios institucionales, la Ley de Partidos Políticos de 2002 se justificaba en su preámbulo como necesaria para garantizar el funcionamiento del sistema democrático, "impidiendo que un partido político pueda, de forma reiterada y grave, atentar contra ese régimen democrático de libertades".
Con esta frase estrafalaria respondió Mariano Rajoy a un periodista que le preguntaba, hace unos días, por las graves revelaciones del caso Kitchen. Si a eso le sumamos las declaraciones de quien fuera Secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, alegando que su gran error fue "ser leal a miserables como Jorge, Rajoy o Cospedal" se intuye por donde va a caminar la causa judicial del espionaje a Bárcenas.
El partido Ciudadanos, que naciera de la base de la sociedad civil catalana -harta del sofocante afán totalitario de los secesionistas, y que tantas esperanzas suscitó- ha ido cambiando de líder, y rebajando sus expectativas, hasta el punto de que se encuentra como la rana en la época medieval, que suscitó grandes debates ideológicos, sobre si podía consumirse durante la abstinencia de la Cuaresma, según se considerara que era carne o que era pescado.
Uno asiste con cierta desesperanza a las primeras sesiones parlamentarias de la temporada. Nuestras Señorías no parecen haber aprovechado las demasiado largas vacaciones veraniegas de las Cámaras para reflexionar acerca de que estamos ante una era especialmente difícil para España, con un auténtico clamor en favor del acuerdo entre los partidos.
Se están llamando de todo menos "bonito". Y cada vez sube más el tono de confrontación: bloqueo, deslealtad, impunidad, desfachatez* Sánchez acusa a Casado de "incumplir la Constitución" por negarse a pactar la renovación del Consejo del Poder Judicial y Casado le responde que "sólo (lo) renovaré si Sánchez lo despolitiza y no entra Podemos".
El líder del PP, Pablo Casado, se desmarca de las posibles malas prácticas de la dirección de su partido en tiempo pasado. Los supuestos son graves: violación de la intimidad, destrucción de pruebas judiciales, malversación de fondos públicos, uso de las instituciones en favor de intereses partidistas, etc.
No tanto como una vacuna, pero casi, se necesitaría en las actuales circunstancias un poco de ilusión. Antes, esperanza de despertar cuanto antes de esta pesadilla que convierte la vida en una cosa que se parece muy poco a la vida, y luego sí, ilusión para reconstruir y reconstruirnos cuando despertemos de ella.
En general, los políticos cuando están en el poder se olvidan de que sus actos quedan grabados en la memoria de sus subordinados. Memoria que así que desaparece la dependencia jerárquica recobra autonomía.