No era un secreto, pero que Pablo Iglesias haya reconocido públicamente que el Presidente del Gobierno no se fía de él y no le comenta los asuntos sensibles ,es revelador. Revelador porque describe a las claras que en realidad la cacareada cohesión del Gobierno de coalición no es tal o sí se prefiere ,depende de para qué asuntos y en según qué circunstancias.
España es un país poblado de silencios densos. Y, por tanto, al faltar clamorosamente la transparencia, es también un país poblado de espías. Aficionados los más, y así salen las chapuzas que les salen, y profesionales otros, entre cuyas ambiciones se encuentra nada menos que hacer que el Estado se tambalee y, claro, también les sale mal.
Los días pasan y el Gobierno sigue sin poner encima de la mesa los números con los que va a articular los Presupuestos Generales del Estado para el año próximo. De hecho, nadie ha visto en las reuniones que Pedro Sánchez ha mantenido con los líderes de los partidos políticos, una sóla cifra, ni tampoco ideas claras sobre qué se va a hacer con asuntos tan importantes como los impuestos, las pensiones, los salarios de los funcionarios, las partidas de gasto más importantes de las cuentas de cada año.
Tenemos un Gobierno con dos cabezas que son partidarias de la República y no de la Monarquía parlamentaria que define la Constitución. Los unos mantienen el respeto formal, fundamentalmente porque gobiernan y porque no ha llegado el momento del cambio posible: "El PSOE viene de una tradición republicana.
De un tiempo a esta parte, Pablo Iglesias ha acentuado el relato de las discrepancias con su socio de Gobierno, Pedro Sánchez, para encubrir su pérdida de poder. Primero fueron las críticas a la saga/fuga del Emérito, siguió su negativa a un pacto presupuestario con Ciudadanos, su discrepancia con la ministra de Hacienda por la remuneración de los padres con niños confinados y finalmente sus críticas a la fusión de la Caixa y Bankia auspiciada por Bruselas.
El pasado viernes saltaba la bomba económica. Caixabank y Bankia se dirigen a la CNMV para informar de que están en conversaciones para una posible fusión. El sector bancario está realmente atravesando duros momentos.
Reconozco que Pedro Sánchez a veces me deja pasmado. Es el perfecto equilibrista. Capaz de negociar con su pringoso socio de coalición -a ver cómo se traga ahora el sapo de la fusión Bankia-Caixabank un Pablo Iglesias que tan en contra se mostraba de fortalecer la banca privada--.
"El esfuerzo inútil conduce a la melancolía", ha dicho Pablo Casado tras su reunión con el Presidente del Gobierno. Con estas palabras respondía a una pregunta referida a la moción de censura que Vox va a presentar a lo largo de este mes de septiembre.
Alberto Garzón, ese ministro de Consumo por la gracia de Pedro y Pablo, dice que hay que hacer unos presupuestos orientados a la izquierda. Pues va a ser que no, camarada comunista, porque el Gobierno es tan libre de confeccionar unos presupuestos, como yo de organizar este periódico, sin tener cargo alguno.
Los nietos de Franco deberán devolver al Patrimonio Nacional el Pazo de Meirás porque fue un regalo que en su día se hizo al Jefe del Estado y no al ciudadano Francisco Franco.
Asisto angustiado a las sucesivas ruedas de prensa de Pablo Casado y la ministra portavoz, María Jesús Montero, tras el encuentro -cuatro meses sin hablarse_del presidente del Gobierno y el líder de la oposición.
Lo que trasluce en la calle, salvadas las declaraciones rutinarias, tras las que se esconde la falta de transparencia y un cierto trilerismo, es que, hoy por hoy, es Inés Arrimadas el único ariete que nos queda frente al 'pablismo' (de Pablo Iglesias, naturalmente).
El presidente del Gobierno reunió el pasado lunes a grandes empresarios y a una representación de la sociedad civil para supuestamente presentar un ambicioso plan de reformas que brilló por su ausencia.
El santo y seña de aquí a que se aprueben unos presupuestos que, al presentarlos en la Unión Europea, ni les dé la risa, ni les provoquen náuseas, va a ser la unidad. Y olvidar la ideología en aras, según Pedro Sánchez del bien supremo.
Semana importante o frustrante, según lo que vaya a ocurrir. Sobre todo, en ese encuentro entre Pedro Sánchez y Pablo Casado, este miércoles. Dice el portavoz del PP, Martínez Almeida, que el presidente de este partido está dispuesto a llegar a pactos, en función de lo que se le diga en La Moncloa.
Puede que lo peor de todo lo que nos está pasando no sea, y mira que es malo, la mortandad y secuelas de la pandemia y el desastre económico subyacente, sino que de ello salgamos, si no lo estamos ya íntimamente, derrotados.
No sólo Miguel Bosé parece ir envejeciendo mal; también ese futbolista que atiende al nombre de Lionel Messi y que, al parecer, sucedió en el trono del Olimpo balompédico al dios anterior, Maradona, otro que envejeció fatal.
Se acabó el verano. También para el Gobierno, que ha tenido unas vacaciones casi idénticas a las de otros años, como si no pasara nada; para la oposición, que ha estado a medio rendimiento; y para el Parlamento, ausente absolutamente, como si los representantes del pueblo solo se representaran a sí mismos y a sus partidos.
Buenos días, He llamado dos veces a vuestro teléfono y no me están atendiendo bien.
Disculpe el lector este titular, un tanto forzado, lo admito. Se acumulan las desgracias. Iba a escribir sobre la nacional-depresión que sin duda ha causado el anuncio de Messi, quizá el mejor futbolista del mundo, con el abandono de su club, que es más que un club, y seguramente con su marcha, cuando supere sus litigios económicos, de Cataluña y del resto de España.
¿De verdad nadie se imaginaba que, tras el fin del estado de alarma iba a haber rebrotes? ¿De verdad nadie en el Gobierno central y en los de las autonomías sabía que, tras el desconfinamiento, en pleno verano y sin tomar medidas, los contactos sociales, con o sin medidas preventivas, se iban a multiplicar especialmente entre niños y jóvenes? ¿De verdad nadie sabía que en las residencias de ancianos, una vez "superada" la pandemia, abriendo las puertas de par en par, y otra vez sin tomar medidas sanitarias o médicas, no iban a resurgir con fuerza los contagios? ¿De verdad alguien se tomó en serio lo de los rastreadores, lo de reforzar la atención primaria y los hospitales ante un posible rebrote antes del otoño? ¿De verdad alguien elaboró un Plan nacional de Desescalada, un Plan nacional para las residencias de ancianos, públicas y privadas, un Plan nacional para la vuelta al cole? No solo no hicieron nada de eso ni quisieron imaginar nada de lo que podía pasar, sino que todos, empezando por el presidente del Gobierno y siguiendo por sus ministros y ministras, se fueron de vacaciones.
Me cuento entre quienes creen que los cambios en la dirección del Partido Popular han sido, seguramente, para bien. Y digo 'seguramente' porque, la verdad, no he podido apreciar en los discursos posteriores de los recién elegidos, ni en el del propio Pablo Casado, variación sustancial alguna en la línea a seguir ni, por tanto, un avance esperanzador en la reconstrucción del país.
"Tenemos que evitar el error fatal de que para defender las convicciones hay que cavar trincheras y utilizar palabras como puños". Así se ha manifestado Pablo Casado ante a dirección nacional del Partido Popular que ayer ratificó los nombramientos de Cuca Gamarra, Ana Pastor y Jose Luis Martinez Almeida.
Las batallas internas de los partidos políticos me interesan tanto como la batallas internas de las grandes empresas y sus codazos para que culos huérfanos encuentren un sillón para ocuparlo en un consejo de Administración.