Me dicen que he tenido suerte, aunque a la hora en la que escribo, las 11.45 de la mañana, ignoro si tengo o no casa.
No sería de extrañar que algunos en Vox anden dando palmas con las orejas por el incendio de la Mezquita de Córdoba, al ser cosa de moros.
Casi la mitad de los españoles está de vacaciones, un tercio trabaja para mantener todo en marcha y un veinte por ciento, diez millones, no puede permitirse ese lujo.
Al Gobierno se lo ha tragado la tierra en estos días de asueto veraniego.
Sr. alcalde de Madrid...
Sra. presidenta de la Comunidad de Madrid: dejo bien claro desde el principio que a mí no me interesa la política y tampoco el mundo en el que viven los políticos. Lo que sí me interesa es la dejadez en la que se encuentra Madrid y, sobre todo, mi barrio. Céntrico. Castizo. Con mucho encanto. Los vecinos del barrio de Lavapiés todos los días nos preguntamos el porqué de la dejadez y el mal estado de nuestro barrio. ¿Por qué, Sr. alcalde del Ayuntamiento de Madrid?
Señor director:
Soy un ciudadano madrileño desplazado temporalmente por vacaciones a otra provincia de España y me he quedado sin medicación habitual por un fallo grave en la atención sanitaria de la Comunidad de Madrid. Mi tratamiento requiere recetas que se renuevan cada año. Acudí a una farmacia a por mi medicación y fue entonces cuando descubrí que todas las recetas estaban caducadas. No me lo podía creer.
El titular es equívoco, porque no significa la obviedad de que los aviones vuelen, sino que están en el aire los aviones que el Gobierno iba a comprar a Estados Unidos -los F-35- para sustituir a los viejos Harrier.
Leer y mirar la naturaleza debería ser obligatorio todo el año y para todos, pero en verano más, porque hay más tiempo, menos agobio, más tranquilidad.
Las relaciones de Trump con Europa se han vuelto inaceptables: el chantaje permanente, cuando precisamente este 7 de agosto entrarían en vigor los nuevos aranceles, que el presidente americano amenaza con subir si la UE no le da de inmediato 'sus' 600.000 millones de euros.
La apócrifa cuidadora de ancianos que atiende al nombre de Lorena M. está más muerta que viva.
Más que el edadismo, esto es, la discriminación que sufren las personas mayores, el problema es la edad, aunque, eso sí, el edadismo lo agrava.
Que alguien diga que el Ministerio Fiscal es una mera prolongación del Gobierno parece una obviedad, por lamentable que sea.
En España la integración de los inmigrantes no es uno de los principales problemas, aunque así lo piensen en 63,6 por ciento de los españoles.
Los meses de agosto de los últimos años no han necesitado ya que los periódicos se inventen serpientes de verano o monstruos del lago Ness: siempre hay un monstruo, dicho sea con perdón, claro, de carne y hueso, una serpiente pitón con forma humana que se traga todo lo que encuentra a su paso.
Se pregunta un digital catalán, bastante simpatizante de Junts, "dónde está Feijoo en las portadas".
A Alvaro García Ortiz hay que reconocerle, como a todo el mundo, la presunción de inocencia.
En alguna ocasión me han encomendado tareas relacionadas con los juzgados, y he conocido compañeros con tanta experiencia como conocimiento, y nunca oí hablar de un auto judicial, en el que se calificara, denostara y denigrara, un informe llevado a cabo por la policía judicial.
Si uno quiere hacer una casa llama a un arquitecto. Y si quiere saber si tal o cual conducta es delictiva llama a un juez.
"España va bien". Lo dijo Aznar en su día. Lo repite todos los días Pedro Sánchez.
El problema es que el Gobierno de Pedro Sánchez de ninguna manera podrá cumplir con lo que dice que va a hacer.
Podrán decir lo que quieran los dos magistrados de la Sala de Apelaciones del Tribunal Supremo que han desestimado, valiéndose de su mayoría, la de Álvaro García Ortíz, Fiscal General del Estado, en contra de su procesamiento, pero lo que dice el tercer miembro de dicha Sala en su voto particular discrepante tiene el sentido jurídico que huele más a verdad.
Tras meses de amenazas, prórrogas y una negociación marcada por el chantaje, Donald Trump ha conseguido su propósito: imponer a la Unión Europea un acuerdo arancelario claramente favorable a los intereses de Estados Unidos.
Las fanfarronadas han surtido efecto, y la Unión Europea se ha puesto la cofia de doncella, y se ha mostrado dispuesta a servir un aumento del 15% a todos los empresarios europeos.
Escribo desde la ciudad que en mi gusto personal es la más hermosa de toda la América Hispana.