Nada nuevo en los mensajes de las comparecencias de Sánchez y Feijóo. El que gobierna y el que puede gobernar de un momento a otro, pues el pulso de la legislatura es casi indetectable.
Tras la II Guerra Mundial, los aliados victoriosos justificaron su inacción frente a las matanzas de los campos de exterminio nazis en el hecho de que las desconocían.
Rueda de prensa de 'final de temporada' de Pedro Sánchez.
Después de un curso político tan bronco, tan áspero, tan ineficiente, tan dañino para la confianza en la política y en los políticos, lo mejor que pueden hacer éstos es irse de vacaciones.
¿Prepara Pedro Sánchez una remodelación del Consejo de Ministros para el otoño? Si tuviese que apostar, yo diría que sí.
La Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al segundo trimestre del año ha sido recibida con entusiasmo por el Gobierno.
Que el futuro del Gobierno de la cuarta potencia de la UE dependa de un tal Koldo García, ex portero de, ejem, discoteca; de un delincuente confeso (bueno, llamémosle presunto), Víctor Gonzalo de Aldama, experto en trincar comisiones; y también de un prófugo de la justicia que quiso dar un golpe de estado y desapareció en un alarde de escapismo que ni Houdini, da una idea de la podredumbre moral que se ha adueñado de la política en nuestro país.
El "Somos más" sigue vivo en la agenda de Sánchez, a juzgar por su declarada intención de seguir en el pedestal, según ha explicado a los informadores que le han acompañado en su gira sudamericana.
Escuché a mi compañero Ángel Expósito apostar por el fin de la legislatura: Sánchez logrará llegar hasta el final, allá por julio de 2027, piensa, que no es lo mismo pensar que desear.
En España no son pocas las voces alertando acerca de la deriva autoritaria de Pedro Sánchez por el retorcimiento de las leyes: forzó la reforma del Código Penal para suprimir el delito de sedición y rebajó las penas por malversación para favorecer a los golpistas catalanes, socios parlamentarios de su investidura; por su tendencia a colonizar las instituciones y por inmiscuirse en la vida de las empresas como fue el caso de Telefónica o la OPA del BBVA al Banco de Sabadell.
Quizá no hayamos valorado tanto como merece la ceremonia de entrega este miércoles de los Premios Princesa de Girona en el Palacio del Liceu de Barcelona, con asistencia del president de la Generalitat y de numerosas personalidades de la vida social, económica y artística (y hasta futbolística) de Cataluña.
La dimisión de Noelia Núñez de todos sus cargos —el escaño en el Congreso, la portavocía del PP en Fuenlabrada y su puesto en la dirección nacional del partido— es una decisión que honra, al menos, el principio de responsabilidad. Ha cometido un error, lo ha reconocido públicamente y ha actuado en consecuencia. Ha dejado de representar a los ciudadanos tras admitirse que su currículum incluía afirmaciones que no se correspondían con la realidad de su formación académica. Es lo que se espera de quien ejerce un cargo público. Ni más, ni menos.
Han pasado dos años. ¿De gobierno o desgobierno? ¿Progresista o sectario? ¿De una mayoría sólida o de un chantaje permanente y de cesiones que ponen en riesgo la democracia y el Estado de Derecho? Este es un presidente y un gobierno: Sin mayorías que le apoyen y le sostengan y, por tanto, sin autonomía real.
No acierto a perimetrar las causas de que un asunto recurrente en los Juzgados de Familia (¿o alguien piensa que lo de Juana Rivas es especial?) se haya convertido en un culebrón que abre los telediarios y conmueve a la sociedad española.
La estadía gratis total de Isabel Díaz Ayuso y sus familiares en un chalet de la Comunidad de Madrid sito en el término de Rascafría ha producido, como es lógico, consternación y perplejidad, pero no sólo porque en el estatuto que regula su cargo no se menciona que pueda usar inmuebles de titularidad pública para sus expansiones privadas, sino porque en sus explicaciones tras ser pillada ha comparado lo suyo, para exculparse, con la utilización que el presidente del Gobierno o los ministros pueden hacer de esos espacios, en Lanzarote, en Doñana, en Quintos de Mora, para la que por ley sí están autorizados.
Este miércoles, 23 de julio, concluyó una etapa en el maléfico calendario político que nos domina.
Despedimos la primera parte del curso político constatando la debilidad parlamentaria del Gobierno que, por falta de apoyos en el último pleno antes de las vacaciones, tuvo que tragarse dos de sus proyectos estrella: la llamada "ley Bolaños" sobre la reforma de la Justicia y el último intento de la vicepresidenta Yolanda Díaz para reducir la jornada laboral.
Reyes Maroto exige que el Ayuntamiento de Madrid pida perdón por retirar los nombres de Largo Caballero e Indalecio Prieto del callejero. Lo dice sin pestañear, con el aplomo de quien cree estar haciendo justicia histórica y no una ofensa a la verdad. Como si fueran figuras ejemplares, demócratas cabales, luchadores por la libertad. Como si la historia se pudiera tergiversar con un par de declaraciones institucionales y una placa.
Desde el año 2000, la industria ha perdido protagonismo en la economía española.
Siete veces llevamos contadas del rechazo de la Unión Europea a incluir el catalán, el euskera y el gallego como lenguas oficiales.
Me confieso impactado por la excelente, rigurosa y oportuna pieza informativa firmada este lunes por Manuel G.
Sánchez, con tal de no asomar por una calle de España, se ha ido de gira a Iberoamérica para verse allí con los presidentes de Chile, Boric; de Colombia, Petro, ambos a un pelo de dejarlo de ser, y Lula da Silva, de Brasil.
Cuando Cristobal Montoro amenazaba a todo quisque, salvo al parecer a las gasísticas, le salía una risilla de conejo.
"Sin Presupuestos no se puede gobernar y si no se pude gobernar hay que convocar elecciones".