Con el corazón "tocado" y a la espera de que el verano y las vacaciones judiciales lleguen cuanto antes para que cuanto antes se olvide su falta de credibilidad y decoro, ya indisociable de su imagen pública, Sánchez no logró convencer con sus disculpas por no haber detectado la corrupción.
Pude hablar con varios diputados de todos los grupos, incluido alguno socialista, en la sesión parlamentaria que más expectativa ha acumulado en mucho tiempo.
A Vox le ocurre verdaderamente eso de lo que falsamente acusa a unos cuantos millones de trabajadores inmigrantes, "una incapacidad permanente de integración".
Ni dimisión, ni cuestión de confianza. El pronóstico era fácil: Sánchez nunca ha tenido intención de tirar la toalla, dimitir y convocar elecciones.
La Unión Europea ha transferido recientemente a España cerca de 23.000 millones de euros correspondientes al quinto pago de los fondos Next Generation, aunque ha aplicado una penalización de aproximadamente 1.100 millones por incumplimientos en varios compromisos clave.
Pedro Sánchez quizá no reparó en que la metáfora del "capitán del barco" sirve en bandeja la imagen del naufragio pero a pesar de la situación desesperada por la que atraviesa el Partido Socialista por parte del PP lo inteligente sería no exagerar el registro de euforia con el que saldó el reciente Congreso celebrado en Madrid.
El fulgor de la estrella de Sánchez no es que decline, sino que se ha tornado algo espectral.
El ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, excelentísimo señor don Pablo Bustinduy Amador, quiere prohibir los automóviles a gasolina o diésel, aunque de momento lo que va a prohibir es la publicidad.
El debate parlamentario que este miércoles cierra la temporada política puede desembocar de dos maneras: en más de lo mismo, una batalla en la que los contendientes se repetirán las barbaridades que se vienen diciendo miércoles tras miércoles en los controles parlamentarios al Gobierno o.
Comencé a ver el discurso de Feijóo con la desgana de quien lleva escuchando soflamas políticas desde hace más de medio siglo.
"O yo o Sánchez", dice. Es el dilema electoral de los españoles cuando, más pronto que tarde, sean llamados a las urnas.
Pese a decir que se iría si pensara que marchándose se solucionaría la crisis del PSOE todos sabemos que Pedro Sánchez no renunciará porque dados los procedimientos judiciales que gravitan sobre su entorno familiar no puede hacer otra cosa que resistir.
En vísperas del Comité Federal del PSOE, convocado para este sábado, salta a los medios algo parecido a una purga en la Comisión Ejecutiva.
Sí en el transcurso de la investigación que lleva el Tribunal Supremo sobre una trama de corrupción cuyos indicios han desembocado en la entrada en prisión de Santos Cerdán, ex secretario de Organización del PSOE, encausado bajo la acusación de dirigir una organización criminal, aparecieran pruebas suficientes de qué la mencionada trama encubría la financiación ilegal del Partido Socialista, resulta difícil pensar que dicho escándalo no desembocará en la dimisión de Pedro Sánchez y la consecuente convocatoria de elecciones.
Pido perdón por hablar de mí mismo, cosa que, con excepciones contadas, debe uno evitar al hacer una crónica política, económica, deportiva, local o científica.
El otrora agudo intelectual y catedrático José Félix Tezanos ha llevado a cabo uno de esos giros biográficos que deslumbran, y merecen la atención por insólitos.
Reyes Maroto ha vuelto a hablar. Y, como cada vez que lo hace, no ha aportado ni una pizca de decencia ni un gramo de sentido común. Esta vez ha elegido criticar al alcalde de Madrid por no presidir una sesión del Consejo Social, olvidando —o despreciando— que José Luis Martínez-Almeida está a punto de ser padre. ¿Qué hay más humano, más noble, más natural, que un hombre que decide acompañar a su mujer en ese momento trascendental? Para el socialismo, nada. Porque la izquierda ha declarado la guerra a la familia. A la maternidad. A la paternidad. A todo lo que no encaje en su agenda ideológica deconstructiva.
Somos un gran país a pesar de que no seamos un país grande. Tenemos excelentes profesionales, capacidades para los negocios, excelentes infraestructuras y servicios, una sanidad, a pesar de todos los problemas, excelente, nos visitan cada año cien millones de personas, el doble de nuestra población.
Curiosa (y odiosa) coincidencia: PP y PSOE, los dos principales partidos nacionales, que suman entre ambos más de quince millones de votos, celebran este fin de semana sendas 'cumbres' en teoría de remodelación de sus órganos directivos y de reflexión sobre lo actuado y sobre las líneas éticas, estéticas, tácticas y estratégicas a seguir.
Feijóo se blinda con su hombre de confianza nombrándole secretario general del PP.
El vendaval no cesa, pero ya escribió Lucas Mallada ("Los males de la patria", 1890) que "sin fuertes vendavales es imposible purificar la pestilente atmósfera que nos rodea".
Vienen días en los que los dos principales partidos nacionales, cada uno, naturalmente, por su lado, prometen reflexionar a fondo sobre sus planteamientos, sobre sus tácticas y sus estrategias, al tiempo que cambian algunos rostros quemados.
En medio de una tensa batalla interna entre las vicepresidentas primera, María Jesús Montero, y segunda, Yolanda Díaz, el Gobierno ha aprobado una polémica enmienda que exime de pagar IRPF a los trabajadores que perciben el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), pero deja fuera a otros colectivos vulnerables, como pensionistas y personas en paro, que cobran cuantías similares.
Un juez del Tribunal Supremo ha enviado a prisión a Santos Cerdán imputándole delitos de organización criminal, tráfico de influencias y cohecho.