Pedro Sánchez fía su resurrección política al ámbito internacional porque en España ni puede salir a la calle ni hay ningún acto público en el que, salvo que lo rellenen sólo con militantes socialistas con autobús gratis y bocadillo de nocilla incluido, no salga abucheado e insultado.
Presumiblemente, Pedro Sánchez no estará este martes en el último pleno del Congreso de la temporada -nada excesivamente relevante, excepto la 'leña' que PSOE y PP se van a dar a cuenta del 'affaire Montoro'--, ni en la que quizá sea última o penúltima reunión del Consejo de Ministros del período de sesiones.
El sector eléctrico español atraviesa uno de sus momentos más críticos en años.
Que España ha perdido peso en política exterior, al menos con respecto a los tiempos de Felipe González y Aznar, es una evidencia.
A reserva del progreso de las investigaciones del juzgado de Tarragona que se ha hecho cargo del caso ha trascendido que Cristóbal Montoro y otras 27 personas están bajo la lupa de la Justicia acusados entre otros presuntos delitos de cohecho, prevaricación, fraude contra la administración pública, falsedad documental y corrupción en los negocios.
Tantas ganas le tenían a Cristóbal Montoro propios y extraños que el culebrón destapado hace ocho años por el ABC y por el Congreso no añade nada nuevo al hermanamiento de populares y socialistas en el mismo pecado de la indolencia política frente a la corrupción.
Confieso que me irritan quienes, en su afán legítimo de criticar a un Gobierno obviamente criticable, insisten en los males que aquejan a la política económica española.
El PSOE habla de corrupción como si no llevara en su ADN el saqueo institucional desde hace décadas. El PP le responde con el dedo acusador, mientras esconde bajo la alfombra cientos de causas abiertas, piezas separadas, sobresueldos y cajas B. Y vuelta a empezar. “Tú más”. “Tú peor”. Esa es la miseria política en la que se ha instalado el bipartidismo español: una guerra de fango en la que ambos bandos chapotean con comodidad. Porque el fango es su medio natural.
Lo de ir, cada no sé cuantas semanas, a la Unión Europea, a pedir que el catalán sea declarado oficialmente una lengua, y así poder pagar a una docena de traductores --paga España, claro-- es ridículo y, su persistencia, sumamente estúpida.
Hasta ahora Desguaces La Torre pasaba por ser el mayor desguace de España, de Europa y del mundo con unas instalaciones espectaculares que abarcan un millón de metros cuadrados y una facturación de unos cuarenta millones de euros al año.
Atención a la coletilla de la pieza informativa que anuncia recursos de inconstitucionalidad contra el separatismo fiscal de Cataluña pactado en su día por el PSC de Illa y la ERC de Oriol Junqueras para que el primero diera el salto a la presidencia de la Generalitat.
Las redes sociales, donde habitan los cretinos que injurian, regüeldan, señalan, embisten y amenazan desde el más cobarde de los anonimatos, pretenden crear realidad, pero se trata de una realidad infecta, irrespirable y tóxica no apta para la vida.
La negociación bilateral entre el Gobierno de España y el partido político ERC que oficializa la cesión a Cataluña de la recaudación de todos los impuestos y compromete la creación de una Agencia Tributaria específicamente catalana excede del marco que establece la Constitución.
Aposté hace tiempo que la amnistía iba a tardar en poder aplicarse, como tal, a Puigdemont y 'su' malversación.
El acuerdo entre el Gobierno y los partidos independentistas catalanes ha reabierto una profunda brecha política e institucional en España.
Hace siete años en los compases iniciales del nuevo Gabinete surgido de la moción de censura que de manera artera tumbó a Mariano Rajoy uno de los ministros nombrados por Pedro Sánchez se vio forzado a dimitir -por haber tenido un contencioso con Hacienda que cuando trascendió ya había regularizado-.
Creo que Pedro Sánchez acertaba cuando pensaba -si es que realmente algún día lo pensó- en marcharse.
Como justificación, o aperitivo, o ensayo general con todo del designio fascista de deportación de inmigrantes, los machacas de los que alientan ese depravado propósito han caído sobre la localidad murciana de Torre Pacheco, donde un tercio de su población, empleada principalmente en labores relacionadas con la agricultura, es de origen magrebí.
Los habitantes de los despachos de la calle Génova, sede del PP, no son expertos en degustar y digerir la paella valenciana.
Ante las malas noticias que le llegan al PSOE sobre una significativa deserción del voto feminista a un partido de puteros ilustres, en la Moncloa han pensado que lo mejor es organizar cursillos de formación para que las mujeres sepan plantar cara a los acosadores y recuperar la fallida iniciativa legislativa con la que hace tres años el Gobierno de Pedro Sánchez quiso llevar al BOE la abolición de la prostitución.
Los sanchistas se han afanado estos días en impostar una "victoria" en el debate del Congreso de los Diputados con el argumentario de que se lo esperaban peor y que salió "vivo" del trance.
Ante el ejercicio de fariseísmo protagonizado por los partidos de la izquierda en el pleno dedicado a la corrupción por los casos recientes que afectan al Gobierno (Ábalos, Cerdán, etc.
Parece que no aprendemos de nuestros propios errores. El Partido Popular lanzó las campanas al vuelo antes de las últimas elecciones dando por seguro no ya que las iba a ganar, sino que podría gobernar, aunque fuera con el auxilio de Vox.
Pedro Sánchez aún tiene capacidad de actuación, de hacer aprobar leyes, de ejercer su influencia en el extranjero.