Las chirriantes colisiones PSOE-PP durante la sesión de control al Gobierno de este miércoles, en ausencia de Sánchez, denotan que no será fácil un reencuentro de esos partidos en el plan de país para ayudar a trabajadores, empresas y sectores afectados por la pandemia arancelaria desatada por Donald Trump.
En tanto el mundo se despeña empujado por delincuentes, psicópatas y mafiosos, Podemos, ese disparate político que tanto avergonzó a la izquierda liberal y democrática, se propone resucitar matando.
Como en "La carta robada", el famoso relato de Edgar Allan Poe, la noticia estaba a la vista de todos.
La economía mundial está en "shock". Desde que entraron en vigor los primeros aranceles decretados por Trump, las bolsas del planeta, el petróleo, las criptomonedas, el índice del miedo, todo está revuelto y respondiendo al presentimiento de que la economía mundial sufrirá si no una recesión, un decrecimiento que nos hará más pobres a todos.
Debe ser que he recuperado la fe, porque ya me lo creo casi todo. Por ejemplo, me dicen que José Luis Rodriguez Zapatero esta mediando entre el Papa y San Pedro, sobre un posible encuentro en el futuro, y tendría alguna duda, pero serían escasos segundos, porque está demostrado que el Gran Mediador de Casi Todo es Zapatero.
Partiendo de la pintoresca idea que tienen muchos norteamericanos de España, exótico país que sitúan ora en Sudamérica, ora en África, es improbable que Donald Trump, que tan bien conecta culturalmente con esa masa ignara compuesta, como mínimo, por los 77 millones de personas que le votaron, es improbable, digo, que sepa algo de nuestra historia, incluso de la más reciente, o de los personajes que la protagonizaron.
La aclamación de Irene Montero, ex ministra de Igualdad de Pedro Sánchez y hoy enemiga del propio Sánchez, como candidata de Podemos en unas futuras elecciones generales nos abre una interesante panorámica política.
Aunque en principio no se le había pedido expresamente desde Bruselas y aunque teóricamente no puede hablar en su nombre, Pedro Sánchez viaja a la China comunista como enviado especial de la Unión Europea.
Sánchez creyó que con sus dos cachicanes, Pumpido y Garcia Ortiz, al mando el uno del Constitucional y el otro de la Fiscalía, ya tenia al Poder Judicial estabulado y con crotal.
Cuando alguna institución internacional, medio de comunicación u organización de cualquier tipo deja en buen lugar a nuestro país, el Gobierno las cita y evoca como reconocimiento externo de su buen hacer.
Le gustaba terminar todas sus intervenciones recordando el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros".
No, Pedro Sánchez no comparece esta semana en la sesión de control parlamentario del Congreso.
La economía mundial vive estos días con mucha preocupación la decisión del presidente de Estados Unidos de imponer aranceles a las exportaciones de medio mundo.
Dice el tipo ese que nos ha hecho, por lo pronto, un diez por ciento más pobres que "este es un gran momento para hacerse rico".
Claro que no están las cosas como para echar las campanas al vuelo, pero lo menos que puede decirse es que la política irracional de Trump, que solo es susceptible de ser compartida por los extremistas al borde de la insania (en mi opinión, claro), ha servido para acercar a los lejanos, en un esfuerzo al menos aparente por dar una mano de pintura de concordia hacia un objetivo común.
El nuevo sheriff de la Casa Blanca se ha destapado como un distópico defensor de la autarquía.
Tras conocer el calado de la atrabiliaria, brutal y desproporcionada subida de aranceles anunciada por Donald Trump para los países que comercian con los Estados Unidos, son muchas las voces que se han dejado oír advirtiendo que, lejos de favorecer a las empresas norteamericanas, a no tardar, semejante quiebra de uno de los fundamentos del libre comercio provocará un efecto bumerán lesivo, también para la economía estadounidense.
Corren malos tiempos. Hay cientos de miles de ciudadanos que no saben que el trabajo que tienen en una fábrica de automoción, en una refinería de petróleo, en un hotel, o en una embotelladora de aceite de oliva, se va suprimir.
Esto parece una cruzada por mi parte, pero me siento en el deber de insistir una vez más en que no está el mundo para que nosotros, país europeo y muy afectado por las insensatas medidas iliberales de Trump, sigamos sacudiéndonos los unos a los otros por un quítame allá estas pajas.
Si no fuera porque las cosas son como son, y no como parece que son, uno tendría la tentación de maliciarse un bien apañado consorcio del rey emérito, don Juan Carlos de Borbón, y el expresidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, que siempre fueron buenos amigos, para consolidar el innecesario protagonismo de ambos.
Escribe Milena Busquets en su último libro, 'Ensayo general': "Me gusta la frivolidad y la ligereza, lo que no deja cicatrices".
No se duda de que las cotorras argentinas sean criaturas de dios, pero tampoco de que parecen serlo del diablo.
Conozco desde hace tiempo a mi paisano Miguel Ángel Revilla. Para lo bueno, porque el personaje tiene su gracia, y para lo malo, porque a veces lo que hace -a mí me engañó en una información que me causó bastantes disgustos- no tiene ninguna gracia.
El Gobierno se lo está tomando con calma. Nos habla mucho de la transición energética y del despliegue que se ha hecho en la generación de energías renovables.