Alberto Núñez Feijóo, que domina mal la escena internacional, y no solo por la carencia de idiomas, tiene ahora la oportunidad de dar el salto al menos europeo; al menos con sus teóricos correligionarios del Partido Popular Europeo; al menos en Valencia, donde el PP se reunirá dentro de pocos días en un ambiente en el que se quiere pasar página del recuerdo de la dana y de la actuación del president de la Generalitat, Mazón, en tan triste episodio.
El acceso a una vivienda es el gran problema de los españoles. Cada año se forman decenas de miles de hogares que no tienen donde establecerse.
La Moncloa difundió este jueves por la tarde un vídeo con fotografías en las que el Rey y Pedro Sánchez se dan la mano, sonrientes, meteóricamente, a la entrada de la reunión del Consejo de Seguridad Nacional, en la que se debatieron nada menos que los planes de gasto en Defensa y, supongo, algo se hablaría colateralmente (o no) del asunto de la famosa compra de balas a Israel.
A Pedro Sánchez se le están agotando los recursos de su amplio repertorio de funámbulo político.
A la virtud por el chantaje. Según los partidos minoritarios integrados en el Gobierno (Movimiento Sumar, IU, Comunes y Mas Madrid), hartos de las decisiones unilaterales de Sánchez, "en la Moncloa solo se entiende el choque".
De todos los errores que Pedro Sánchez ha cometido en este último año, comenzando por aquella retirada a 'meditar sobre su continuidad' en La Moncloa, me parece que el más grave aún quizá podría, no sé si ya protocolariamente está a tiempo, evitarlo: no acudir a las exequias del Papa Francisco es un dislate de tomo y lomo.
Es tan minuciosa, persistente y eficaz, la campaña de los secesionistas catalanes para lograr que el resto de los españoles sintamos rechazo y antipatía hacia Cataluña, que nos olvidamos de que hay más de 4 millones de catalanes que rechazan la independencia, que se sienten españoles, y que son una mayoría coaccionada, extorsionada, molestada y perseguida por los supremacistas convencidos de que, en cuanto consigan la independencia, los cojos andarán, los tontos se volverán inteligentes, y el más aburrido contador de chistes malos se convertirá en una persona graciosa y divertida.
Vivimos en un mundo marcado por las guerras más injustas, duraderas y crueles -Ucrania, Gaza, Sudán, Congo, Yemen, Nigeria- con la complicidad, la indiferencia o la tolerancia de los demás países y de las instituciones democráticas internacionales, donde los inocentes pagan con su vida, donde crecen las desigualdades sociales y no hay alimentos ni agua ni educación para cientos de millones de niños y adolescentes, donde se levantan muros y barreras para evitar que los perseguidos, los vulnerados, los que sufren puedan escapar.
El cuerpo sin vida de Francisco ya está expuesto en la Basílica de San Pedro para que los fieles, alineados pacientemente en una cola interminable que seguramente ilustrará las portadas de muchos medios de comunicación, puedan despedirse del Papa.
Donald Trump habría hecho buenas migas con Millán Astray: su ataque a las universidades del país, que persigue su control ideológico para estupidizarlas y reducirlas a vivero de estrellas del "basket", constituye un "¡Muera la inteligencia!" en toda regla.
En la España de nuestros días el silencio de los partidos de izquierdas ante los casos de corrupción es tan llamativo que suena a complicidad.
A medida que pasan las horas parece agrandarse la figura del papa Francisco. Todo son palabras de encomio.
Los sindicatos mayoritarios han decidido salir este 1 de Mayo contra la Comunidad de Madrid, convocando una manifestación en el centro de la capital para clamar, según ellos, contra las "políticas disfrazadas de libertad" que estarían mermando derechos. Llama la atención que no haya convocatorias semejantes contra el Gobierno de Pedro Sánchez, que desde Moncloa ha firmado las mayores agresiones al bolsillo, a la justicia y al sentido común en décadas, sin que ni UGT ni CCOO hayan movido un dedo en la calle.
Cientos de miles de españoles han presentado ya su declaración anual del Impuesto sobre la Renta y otros tantos están en ello.
La contingencia es una bronquitis que derivó en neumonía bilateral. Pero los recados de la muerte del Papa Francisco nada tienen que ver con el contenido de un parte médico ni con las referencias a su sentido del humor argentino o el franciscanismo de un jesuita sensible a la injusticia social.
Yo sabía que era el único Papa que podría, por idioma y sobre todo por talante, entender lo que desde hacía mucho quería decirle.
El Papa Francisco se fue a morir el lunes de Pascua de Resurrección de Jesucristo. Había estado al borde antes de la Semana Santa, pero aguantó hasta pasarla y se fue a morir a "casa", o sea al Vaticano en vez de hacerlo en el hospital.
Lo más parecido a un tonto de derechas es un tonto de izquierdas, y lo más parecido a un autoritario de izquierdas es un autoritario de derechas.
Se extiende la preocupación por la deriva facha de la última generación, adolescentes y jóvenes que parecen añorar lo que nunca conocieron, y el debate sobre una eventual reducción a los 16 años de la edad para estrenar el derecho al voto, la ha recrudecido, pero independientemente de que muchos de esos chicos y chicas anden basculando hacia la barbarie encarnada por la ultraderecha, convendría recordar, siquiera para aminorar un poco el susto, que las personas crecen, y que ellos se hallan en pleno crecimiento.
Pedir de manera reiterada la dimisión del presidente del Gobierno sin que el señalado se dé por aludido conlleva un desgaste político que el jefe de la oposición debería ahorrarse.
Cuando un Gobierno está más preocupado en sobrevivir que en gobernar, los que sufren su precariedad son los ciudadanos, sobre todo, los que menos tienen.
Coincide más o menos este año la celebración del Día del Libro, este miércoles, con dos acontecimientos a mi juicio importantes: la muerte de Vargas Llosa, un monstruo de la literatura, que cierra una etapa de gloria para las letras hispanas, y los casi cien días de mandato del actual inquilino de la Casa Blanca, que ha colocado la moralidad política en sus cotas más bajas.
El calendario de cierre de las centrales nucleares avanza y el Gobierno no hace nada.
Si hemos de decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, habremos de confesar que, durante las jornadas de la Semana Santa, el periodista tiene pocas oportunidades de toparse con alguna fuente digna de interés.