Del légamo que quede de éste diluvio de cuarenta días y cuarenta noches que se ha desplomado sobre nosotros brotará el tapiz de la primavera, pero hay flores espúreas que han ido naciendo y creciendo mientras nos llovía: En el mundo, las flores del mal cuyos pétalos siniestros esparcen los Trump, los Putin y los Netanyahu por la superficie de la Tierra, y aquí, los habituales cardos de una política ruin y el espectáculo grotesco e infame que ha ido protagonizando el que no alertó a su gente ni de la inminencia ni de la envergadura de un diluvio anterior, el que vomitó toneladas de cañas y barro sobre el sur de Valencia.
Es un sarcasmo, pero la renovada alianza del PP valenciano con Vox para aprobar los presupuestos de la comunidad sirve en bandeja a Pedro Sánchez el guion para acusar de xenófobo al partido que dirige Alberto Núñez Feijóo.
No gana uno para sobresaltos. Y no me refiero a las danas, las riadas, las crecidas desbordadas de ríos y embalses que han llevado a España a una situación casi desconocida.
Dos meses y seis días después de que la toma de posesión de Donald Trump alterase el pulso del mundo, Pedro Sánchez se convertirá este miércoles en uno de los últimos líderes europeos en comparecer ante su Parlamento para explicar los planes de la Unión Europea, y sobre todo los de su propio Gobierno, ante la enorme crisis internacional que se ha abierto con la victoria del líder republicano en los Estados Unidos.
El "sanchismo" se ha revelado como una forma de hacer política que muchos analistas aseguran que roza la autocracia.
Los españoles tendemos a ser bastante 'seguidistas' con las consignas que nos llegan: veo una encuesta publicada este sábado en la que se nos dice que más del 66 por ciento apoya aumentar el gasto militar, incluso a costa de recortar otras partidas, se supone que más 'sociales'.
Cuando el llamado caso "Koldo" empezó a permear en la opinión pública hubo un sonoro rasgado de vestiduras en la Moncloa y en Ferraz.
Pedro Sánchez ríe. Se ríe cuando le preguntan si, visto que no va a sacar adelante los Presupuestos, ha pensado en convocar elecciones.
Perdón por lo quizá exagerado del titular que he elegido para mi comentario.
Llegó Salvador Illa a Madrid, llenó el salón del Círculo de Bellas Artes de adeptos, entre ellos la mayor parte de los ministros del PSOE, y lanzó, a mi juicio, el discurso que debería haber hecho Pedro Sánchez hace un mes.
La tristeza y la alegría son una yunta excepcional sobre la que, en algunas ocasiones, aramos el campo de la vida.
Nos quejamos micho de los políticos que tenemos -con bastante razón-, de su falta de capacidad para el diálogo, de su decisiones al borde de la legalidad, o saltándosela, de las componendas permanentes para seguir en el poder, de los pactos y las cesiones poco confesables, de la opacidad de sus decisiones, del intento permanente de colonizar las instituciones, las empresas públicas y hasta las privadas, de lo que mienten, del interés permanente en destruir al contrario, de la escasa atención que prestan a las necesidades reales y a los problemas de los ciudadanos, de lo que cobran o de lo que roban, de la corrupción y los líos, de aprovechar el dinero público para sus intereses personales, incluso colocando "novias" en empresas públicas, de defender una cosa un día y la contraria al día siguiente, de la falta de democracia interna en los partidos para que sólo el que manda pueda hacer lo que quiera, del descrédito del Parlamento, de la utilización sectaria de instituciones como la Fiscalía General del Estado, el Tribunal Constitucional, el CIS, el Poder Judicial, del reparto de los inmigrantes menores por interés político y no para solucionar el problema.
El ex presidente de Filipinas Rodrigo Duterte (la masacre como inhumana herramienta en su singular cruzada contra el narcotráfico) ya está a disposición del Tribunal Penal Internacional de La Haya, donde será juzgado por crímenes contra la humanidad.
Carlos Mazón ha acreditado sobradamente que es capaz de cualquier cosa, salvo de estar a la altura del cargo público en el que se apalanca, de decir la verdad y de asumir responsabilidades, pero que sea capaz también de negar el cambio climático cuyos efectos anegaron el sur de Valencia, cobrándose centenares de víctimas mortales y dejando un volúmen incalculable de destrozos, rebasa toda capacidad humana de ser absolutamente incapaz.
El Imperio Británico se sostuvo durante siglos aplicando un famoso lema de Lord Palmerston que iba directamente al grano: "Gran Bretaña no tiene ni amigos permanentes, ni enemigos permanentes, solo tiene intereses permanentes".
Asisto al rifirrafe, un diálogo para besugos más, entre el Gobierno y la oposición en la sesión de control parlamentario.
Desde la perspectiva de un náufrago que bracea con el agua al cuello lo normal es que intente aferrarse a lo que sea con tal de que flote.
El gobierno de Pedro Sánchez ha subido desde que llegó a La Moncloa más de 90 impuestos.
Espero muy de veras equivocarme en lo que a continuación voy a escribir.
"Aprobar los presupuestos es la primera y principal obligación de un Gobierno, porque sin presupuestos no hay nada que gobernar" le afeaba Pedro Sánchez a Mariano Rajoy en 2018.
Todo apunta a que la verdad judicial se llevará por delante a Carlos Mazón. Se quedaría en la calle con lo puesto y su oficio de abogado.
Sánchez, el desenterrador de momias franquistas de siglo pasado, quiere enterrarnos la memoria doliente del Covid, al igual que quiere hacer con la sangrienta de ETA.
El Gobierno se esfuerza en convencer a la gente de que el anunciado incremento del gasto en Defensa no supondrá una retracción en los recursos destinados a política social, esto es, al bienestar de la mayoría, y en su argumentación alude a un misterioso fondo sin fondo, del que se pueden sacar los dineros sin que las cuentas del Estado sufran merma ninguna.
Claro, la memoria es selectiva, y quién se acuerda ya de que hace treinta y nueve años, un 12 de marzo de 1986, se celebraba el referéndum sobre la permanencia o no de España en la OTAN, tras el viraje del Gobierno de Felipe González, primero predicando el 'no' y después, convenientemente 'asesorado' por Reagan desde los Estados Unidos, por el 'sí'.