En el "Arte de la guerra", libro mítico de estrategia, Sun Tzu asegura que "Nada es más útil en la guerra que saber ver la ocasión y aprovecharla". Y en eso están, y de qué manera, en La Moncloa al hilo de la confusa explicación del vicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo, sobre un protocolo relacionado con el aborto.
El pasado 5 de enero el rey emérito Juan Carlos I cumplió 85 años. Los últimos tres fuera de España, en Abu Dabi. De hecho atraviesa por una situación de exilio a todas luces impuesto.
Cada uno se defiende como puede. El recurso elegido por Alfonso Fernández Mañueco, presidente de la Comunidad de Castilla y León, es el de la "sobreactuación". Se refiere a los aspavientos del Gobierno central que, a título preventivo y en formato "requerimiento" dirigido a la Consejería de Sanidad de la Junta, le pide que se abstenga de aprobar o aplicar cualquier medida antiabortista, bajo amenaza de ir a los tribunales si desoye la advertencia.
Me temo que la elección por la mínima del ex fiscal general Conde-Pumpido como presidente de un Tribunal Constitucional con serios daños en su imagen no va a servir para frenar el desprestigio de la institución.
El coste del servicio de la deuda fijado en los Presupuestos Generales del Estado para 2023 quedó fijado en 31.275 millones de euros, un 3,6% más que en el año anterior. El montante de los intereses es la tercera partida más abultada de las cuentas públicas y su aumento tiene sin duda que ver con el aumento de los tipos de interés llevado a cabo por el Banco Central Europeo.
No lo quería casi nadie como presidente del Tribunal Constitucional, excepto Pedro Sánchez. Pero, a pesar de esa oposición entre algunos jueces autodenominados progresistas, y la totalidad de los llamados conservadores, por fin ha obtenido la anhelada Presidencia.
Dijo Pedro Sánchez, festejando hace unas horas en la sede de UGT un aniversario tan atípico como la puesta en marcha de 'su' Gobierno de coalición, que, por mucho que disguste a la oposición, "el apocalipsis no va a llegar".
Si la polarización merma las expectativas de las formaciones de centro, las guerras fratricidas son responsables de la desaparición de cualquier sigla. Viene esto a cuento por los estertores del partido, creado a imagen y semejanza de Albert Rivera, que estos días deberá elegir a quien seguramente sólo le quede cerrar la sede.
Faltan cinco meses para las elecciones de mayo pero en las palabras y en los excesos verbales de algunos dirigentes políticos se detecta algo así como un temblor de vísperas. Serán comicios locales y autonómicos pero, dada la extremada polarización que padecemos, se perfilan como un primer examen sobre la política nacional.
Hace apenas unos días, el secretario de Estado de Seguridad Social presentaba los datos de paro registrado en el SEPE y afiliación a la Seguridad Social del mes de diciembre y por tanto de todo el año 2022.
Andan a la greña los dirigentes de Ciudadanos (Inés Arrimadas, Edmundo Bal) en disputa por el liderazgo y malbaratando la imagen, camino del recuerdo, de un partido que fue la gran esperanza de muchos españoles críticos con los excesos del bipartidismo que imperó en España desde los tiempos de la Transición.
Un día en que la caridad, o el despiste, se apoderó de la junta directiva de la Hermandad de Amigos del Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil, me nombraron socio honorario, generosidad que comparto con otros colegas de medios de comunicación.
El Gobierno está muy contento porque en noviembre y diciembre el IPC se ha moderado en España. Y es cierto. El pasado viernes Eurostat, la Oficina de Estadística de la Unión Europea hizo públicos los datos de inflación de los 27 países de la UE y nuestro país es el que menor tasa registra.
Qué duda cabe de que uno de los más interesantes y quizá prometedores rostros políticos de este 2023 va a ser el de la ministra de Trabajo y vicepresidenta, Yolanda Díaz. El halo de incertidumbre que rodea su futuro político, su propia indefinición a la hora de decantarse por algunas de las vías por las que creo que aún puede optar, contribuyen a que su rostro, día sí, día también, aparezca en las páginas de los periódicos y, por cierto, casi siempre en las páginas positivas, incluyendo las internacionales.
Nos aboca el calendario a vivir un año que en términos políticos concluirá en medio de fuertes tensiones vinculadas al resultado de los dos procesos electorales que tenemos por delante: comicios locales y autonómicos y elecciones legislativas.
Un célebre director de un programa radiofónico montó un lío hace horas anunciando, con gracia, que al día siguiente, es decir, este 6 de enero, iba a entrevistar al Rey. Dejaba pasar unos minutos, para que la competencia rabiara y los oyentes se pusieran en alerta.
Calculo que, en algunos lugares, es probable que los Reyes Magos puedan llegar con retraso. Me refiero a la gran demanda de pantalones vaqueros rotos, y al descubrimiento de que los pantalones nuevos son más baratos que los pantalones rotos.
El Gobierno se enfrentaba a un final de año de alto riesgo y lo ha solventado con suficiencia. Hay Presupuestos, se han sacado adelante leyes que ponían en riesgo la coalición, aunque haya sido cediendo en asuntos que darán más problemas legales futuros, se cierra el año con buenas cifras de empleo y, sobre todo, ha ganado la guerra de la renovación del Constitucional aunque haya sido dejándose pelos en la gatera.
Acabamos de saber que la informática hace posible la comparación de los genomas completos de los seres humanos actuales con los de sus ancestros. Se trata de recuperar proteínas descatalogadas en los mapas genéticos actuales.
Lo de Yolanda Díaz, vicepresidenta del Gobierno y ministra de Trabajo, militante del Partido Comunista y cabeza tractora de una plataforma política -"Sumar"- tan ambigua como aplazada, es un misterio.
Hace apenas unos días el INE hizo público el comportamiento del PIB en el tercer trimestre del año. La economía creció apenas un 0,1% confirmando así que durante el verano se produjo el estancamiento que más o menos todos los economistas auguraban.
Empezamos un año de perfiles políticos gramscianos. Las más que justificadas sospechas acerca de nuevas cesiones de Pedro Sánchez para seguir contando con el apoyo de los separatistas de ERC siguen marcando el horizonte.
En la España de los ochenta solía yo leer de vez en cuando algunas secciones de «El País», especialmente las de cultura y sociedad, pues la política ya entonces me daba cortocicuitos y migrañas. Y no dejaba de llamarme la atención la demonización continua que el periódico hacía del entonces Prefecto para la Congregación de la Fe, el cardenal Ratzinger, que siempre aparecía en fotos con cara de pocos amigos, subtítulos alusivos a la Inquisición y clarificando o condenando o alguna idea o posición secular o religiosa implícita o explícitamente bendecida por el periódico.
Los grandes cambios se producen en largos periodos de tiempo, pero observo un par de ellos que en, menos de dos lustros, se han asentado entre nosotros, sin que llamen demasiado la atención.
Uno de ellos fue la concienciación -durante la crisis económica que nos sacudió, siendo presidente José Luis Rodriguez Zapatero- del absentismo laboral que provocaban los puentes.