A principios de este año, la Unión Europea nos observaba con esa perplejidad que se sitúa entre el divertimento y la incógnita.
En el PSOE actual casi nadie ha leído una palabra de los ideólogos que crearon el cuerpo de doctrina de la izquierda.
Tres días antes de que la UCO (Guardia Civil) entrara por orden judicial en la sede central del PSOE en Madrid en busca de pruebas sobre las actividades presuntamente delictivas de Santos Cerdán, número dos del partido hasta hace una semana, Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso, tras un encuentro con Pedro Sánchez en la Moncloa salió diciendo que le notaba "tocado".
¿Con qué cara aparecerá Pedro Sánchez el martes en La Haya, en la 'cumbre' más conflictiva que la OTAN habrá celebrado en su historia, si el día anterior, es decir, este lunes, las declaraciones de Abalos y Koldo ante el Supremo le ponen, como algunos dicen que podría ocurrir, en un serio aprieto? No faltan analistas que piensen que uno de los 'escapes' del presidente español ante su angustiosa situación interna es sacar pecho de estadista y enfrentarse nada menos que a Trump aprovechando está reunión de la Alianza Atlántica, que coincide con los bombardeos estadounidenses sobre Irán, una auténtica guerra que nadie sabe muy bien cómo parará.
El sector turístico español ha vuelto a demostrar su enorme peso en la economía nacional.
Solamente alguien como Pedro Sánchez podría sobrevivir, y no mucho tiempo, a las portadas de los periódicos en los últimos días.
Que no cunda el pánico. El aún presidente del Gobierno no se planta ante la UCO por haber registrado la sede central del PSOE (escribo a la espera de acontecimientos), sino ante los jerarcas de la OTAN porque le obligan a gastar en cañones lo que no se podrá gastar en mantequilla.
Huyendo de la quema --los casos de corrupción en los que están siendo investigados quienes eran dos de sus colaboradores más próximos-- Pedro Sánchez enciende otra hoguera.
En medio de una notable polémica en las redes sociales -no tanto en los medios clásicos-, el Rey Felipe VI ha ejercido su prerrogativa de ennoblecer con el título de marqueses a tres españoles y tres españolas notables en sus diferentes trayectorias.
Parece ser que el Gobierno no se había enterado de que, en España, se ejerce la prostitución, y se anuncia, hasta que no han salido las grabaciones de dos conocidos puteros socialistas.
Algunos lo atribuyen al maquillaje excesivo y tal vez equivocado, pero a mí no me engaña: ese rostro contraído, esa mirada demasiado fija, esa pérdida de control en una respuesta al 'socio' que le ha salido respondón (Rufián) en el Congreso, evidencian al hombre contra las cuerdas.
Deberíamos estar hablando de respuestas a los problemas de los ciudadanos y sólo tenemos preguntas: ¿cuánto queda por salir?, ¿cuántos más estarán en los audios?, ¿qué sabían los que debían saberlo y por qué no hicieron nada?
Deberíamos hablar de transparencia y el presidente se ha encerrado en un bunker y él y varios de sus ministros se esconden y no se atreven a salir a la calle.
El director general de Diversidad de la Generalitat Valenciana se ha casado consigo mismo; se ve que con ese cargo en un gobierno regional apoyado y mantenido por Vox no tendría cosa mejor que hacer.
Este miércoles saltaron todos los registros de la bronca habitual en las sesiones de control del Congreso.
El escándalo de las presuntas mordidas que, según el informe de la Guardia Civil, se quedaban Ábalos y Cerdán a cambio de mediar en las contrataciones de obras públicas incomoda a los socios de Sánchez.
Escuchar a Pedro Sánchez diciendo: "Esto no va de mí" -idea que ha vuelto a reiterar en la última de sus lúgubres comparecencias- tras conocerse el informe de la UCO sobre la trama organizada por Santos Cerdán, número dos del PSOE, para cobrar comisiones instaló a media España en la perplejidad.
Parece mentira que más de cuatro décadas después de las primeras elecciones democráticas en España, la contratación de obra pública siga siendo un foco constante de corrupción.
Pedro Sánchez ha comparecido. Y eso, en la España de 2025, ya es noticia. Pero no se equivoquen: no ha dicho nada. Ha hecho lo que mejor sabe hacer, lo que lleva años perfeccionando: posar, victimizarse, desviar. Ha salido, no para dar explicaciones sobre la podredumbre que corroe su partido, sino para recitar otro monólogo de autocompasión, revestirse de falsa solemnidad institucional y repartir culpas.
¿Irse?¿Convocar elecciones anticipadas? Al menos ¿aceptar una cuestión de confianza?¿Remodelación gubernamental?¿Separar de la dirección del PSOE a responsables gubernamentales, como María Jesús Montero? Nada de eso.
Dos sombras negras planean sobre el futuro de Sánchez. Una es la presunta financiación ilegal del PSOE, ya apuntada a modo de "indicios reforzados" en el informe de la UCO (Guardia Civil) que ha puesto al Gobierno contra las cuerdas.
No es un secreto que los ladrones sienten una insuperable atracción por el dinero, pero lo que termina de fascinarles es que allí donde esté no se halle ni bien protegido ni bien guardado.
Si no lo sabían es porque se negaban a saberlo, y aún peor, su único objetivo durante todo este tiempo de atrás, desde aquella pantomima de espantada de Sánchez, no ha sido otro que ocultar la verdad e impedir que los demás lo pudiéramos saber.
La "hybris", el exceso de arrogancia, está en el origen de la indeclinable caída de Pedro Sánchez.