La mentira en la política se ha instalado entre nosotros desde hace tiempo y no hay peor enfermedad social porque con ella desaparece la confianza, se genera una tensión permanente, se desconfía de todos, se sospecha que nada es verdad y la convivencia se hace imposible.
A saber, claro, por dónde saldrá Pedro Sánchez este lunes cuando se reúna con la comisión ejecutiva del PSOE, cuya remodelación -faltaría más-anunció.
El bolsillo de los consumidores vuelve a resentirse: el precio de la electricidad sufrirá un nuevo incremento en las próximas semanas.
La impresión que nos dejó Pedro Sánchez el jueves, en su primera rueda de prensa en más de cuarenta días, forzada por la constatación definitiva de que el 'número tres' del PSOE era un corrupto, fue la de que el presidente no es del todo consciente de un pequeño detalle: que todo ha volado por los aires.
Al fin una buena noticia: la televisión pública ha decidido suspender el programa más hortera e insustancial puesto en antena desde hacía tiempo, y mira que eso es mucho decir, porque entre broncanos, motos y demás, la calidad intelectual de nuestras teles es cuando menos, ejem, mejorable.
Una de las alumnas del colegio de Graz (Austria), donde un joven de 21 asesinó a diez personas antes de suicidarse, se consoló diciendo: "Esta es una historia americana, no austriaca".
Sánchez no asume ninguna responsabilidad política. Ahora que ha trascendido el informe de la UCO con sobrados indicios de las presuntas mordidas de quien hasta ahora venía siendo el secretario de Organización del PSOE, Pedro Sánchez pide disculpas, pero ni dimite, ni asume la responsabilidad política, ni plantea una cuestión de confianza, ni convoca elecciones.
Pedro Sánchez ya no gobierna: se atrinchera. No comparece, no responde, no asume. Solo sobrevive, rodeado de tramas, sumido en el fango de su propio poder y envuelto en el silencio cómplice de un PSOE que ya no representa ni a sus siglas. El caso de Santos Cerdán no es un episodio aislado. Es la enésima mancha en una tela que hace tiempo dejó de ser roja para teñirse de gris oscuro, casi negro, como el estado moral de este Gobierno. Y mientras cae el secretario de Organización, salpicado por un informe de la Guardia Civil por presuntas mordidas, el presidente del Gobierno no mueve un músculo. Nos lanza otra maniobra de distracción: una auditoría. Como quien rocía ambientador en un vertedero.
Lo siento, presidente, pero no puedo creerle. No basta con expresar cinco veces seguidas disculpas a la ciudadanía por la conducta de un militante socialista.
Pocas horas antes, cuando estaba a punto de saberse, lo que ya sabíamos muchos, que el señor Cerdán tenía un gran interés por la ingeniería de caminos, canales y puertos, o más bien, sobre las empresas que los construyen, la mentirosa ministra de Hacienda, y secretaria general del PSOE de Andalucía -o al revés- respondió, ante la pregunta de si apoyaba a Santos Cerdán.
La presidenta del Consejo General del Poder Judicial exige al Gobierno que "cese en su presiones intolerables" sobre los jueces.
Las decisiones equivocadas de un juez, o de un tribunal, pueden arruinar la vida de una persona, razón por la que no sólo es necesaria, sino imprescindible, la crítica razonada a sus actos y a sus resoluciones, crítica a la que también tienen derecho, como parece natural, los perjudicados directamente por ellas.
Cuarenta y cuatro días escondido y en el día cuarenta y cinco se dignó a responder a una ambiciosa pregunta del jefe de la oposición.
Al presidente del Gobierno le pregunta el jefe de la oposición si va a exigir la dimisión del fiscal general del Estado -procesado por el Tribunal Supremo por un presunto delito de revelación de secretos- y no responde y le endosa a la Cámara un balance de gestión en el que se mezcla el aumento de la dotación para becas con lo bien que va la implantación de la fibra óptica.
La muerte, no por esperada menos dolorosa, de José Enrique Serrano, que fue jefe de Gabinete de Felipe González y de Zapatero, evidencia lo que va de 'aquél' partido socialista a este.
En los siete años que lleva Pedro Sánchez en la Presidencia del Gobierno han pasado y siguen pasando cosas que no tienen precedentes.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha expresado su preocupación por la sostenibilidad del sistema público de pensiones en España tras concluir su última visita anual al país.
No sé qué más ha de pasar cuando te procesan a 'tu' fiscal general del Estado, cuando el partido que te sustenta se tambalea ante sospechas graves de corrupción, cuando tu propia mujer y tu hermano son cuestionados quizá no penalmente pero sí éticamente, cuando el máximo órgano que decide lo que es o no legal es forzado hasta el extremo para que decida que la amnistía, claramente inconstitucional a mi modo de ver, es, por el contrario, constitucional.
Desacreditar la convocatoria de la manifestación del pasado domingo tiene un peligro. El de relativizar la eventual caída de Sánchez por una cuestión de higiene democrática percibida dentro y fuera de su propio partido.
El centro no existe, porque es un punto tan minúsculo que basta una leve brisa para llevarlo hacia la izquierda o hacia la derecha.
La "centralidad" debe ser un sitio muy raro, desde el que se percibe la realidad severamente deformada.
Sencillamente, y más allá de cualquier otra consideración, al personal de a pie y sin antojeras, lo de tener que ponerse pinganillos para que les traduzcan entre gentes que saben hablar perfectamente la misma lengua, les parece un verdadera y patente gilipollez.
España no constituye un problema para la mayoría de los españoles, pero lo es para una minoría.
Amelia Valcárcel es una de nuestras mejores pensadoras. Una feminista cuando no había casi feministas; una catedrática cuando eran muy pocas, ahora emérita, de Filosofía Moral y Polìtica; una socialista que probó la polìtica activa como consejera de Educación, Cultura y Deporte en Asturias y a la que el PSOE nombró consejera de Estado en 2004, cargo que abandonó en 2023; y una mujer independiente y libre que siempre ha defendido sus ideas con argumentos, no como otros.