Georges Steiner solía decir que el nacionalismo era el veneno de la historia moderna. No se equivocaba. No hay que mirar mucho hacia atrás, al horror que fueron las dos grandes guerras del siglo pasado -sobre todo la última-, para constatar que esa pulsión excluyente que emponzoña las relaciones entre países vecinos sigue latente y destilando odio. En nuestros días contra el gran dique antinacionalista que es la Unión Europea.
Es lo que tiene el desconocimiento de la Historia: muchos ciudadanos son incapaces de relacionar algunos sucesos del pasado con el presente.
Por eso, no estaría de más que en algún momento en las aulas se explicara y estudiara lo que sucedió en Alemania en los años treinta, y cómo fue anidando el huevo de la serpiente en la sociedad hasta alumbrar el monstruo del nazismo.
Hay quien se ha escandalizado porque el secesionista que preside la autonomía de Cataluña afirma que, si no les conceden la separación de España, buscarán otros medios. A mí lo que me hubiera causado una enorme sorpresa hubiese sido su renuncia y la confesión de que se sentía español.
En algún estudio he leído que las mujeres son las más intuitivas para asociar sus aptitudes y habilidades que los hombres, y que una mujer lo descubre mucho antes.
La sexta ola se llevó por delante la ilusión de que estas fiestas iban a ser lo que siempre fueron antes del coronavirus. Nuestro gozo en el pozo del desaliento. Ni la cantinela de la lotería del día 22 de diciembre sonó como en otras ocasiones, mientras nos acercábamos a unas Navidades rotas por una especie de depresión colectiva.
La nueva variante del coronavirus se ha instalado entre nosotros. A pesar de las estúpidas predicciones de Simón ya es predominante en muchas Comunidades Autónomas. Cierto, que gracias a las vacunas y a los españoles que se la han puesto masivamente, el daño en la salud y la presión hospitalaria aún es soportable.
En las últimas semanas había observado, al hablar con personas relacionadas con Ferraz, cierto nerviosismo por las encuestas que publicaban algunos periódicos, en las que el PSOE, sin desplomarse, no dejaba de perder porcentajes en intención de voto.
El Banco de España publicó el viernes sus nuevas previsiones sobre la evolución de la economía española este año y los próximos. La primera idea, a la luz de los datos que maneja el organismo, es que España va a tardar cinco años en superar la brecha abierta por la pandemia del coronavirus o lo que es lo mismo, un lustro perdido para el crecimiento.
Leyendo algunas declaraciones de destacados socialistas tiendo a pensar que el PSOE está al borde del vomito, o, por lo menos, de la náusea.!!Qué difícil debe ser estar en el Gobierno y que el principal partido de la Oposición produzca tanto asco!!.
Hay que descubrirse ante el talento, y, por tanto, reconocer el sobrado talento político de la vicepresidenta Yolanda Díaz, cuya estrella no para de brillar y a lo que parece va a conseguir sacar adelante su reforma laboral.
"Pero ¿qué coño tiene que pasar, señor Sánchez, para que asuma sus responsabilidades?". Así concluyó Pablo Casado, líder de la oposición, su cruce de espadas verbal con el presidente del Gobierno en la sesión de control parlamentario de este miércoles.
El gobierno de coalición montado por Pedro Sánchez es sobre todo un tropel de ministros que no saben gestionar y que han llevado al desastre muchas de las medidas estrella que ellos mismos habían vendido como progresistas y nacidas para no dejar a nadie atrás.
Nos acordamos de Marruecos cuando se produce un salto de la valla en Ceuta o Melilla o cuando una patera alcanza las costas de Canarias. Después se apagan los focos de la televisión y nos olvidamos del vecino del sur.
Las postrimerías del año 2021 en Cataluña presentan circunstancias muy parecidas a los albores del nazismo del año 1933 en Alemania. Los mostrencos sucesos en Canet de Mar han destapado con impudicia todos los síntomas totalitarios de una persecución sin cuartel a todos aquellos que no compartan las ideas secesionistas.
El Gobierno parece dispuesto a aprobar la reforma del mercado laboral antes del 31 de diciembre con acuerdo o sin acuerdo. A pesar de que Bruselas no ha puesto pegas a que el plazo acordado se extienda para lograr el mejor acuerdo y consensuado, Calviño y Díaz no quieren esperar.
Mala cosa cuando quieres hacer un resumen de lo que ha ocurrido en la semana política y te encuentras con tanta noticia que afecta a los niños. No lo digo solamente porque este sábado se vaya a producir esa absurda 'huelga de juguetes' decretada por un Ministerio en el que, al parecer, no hay mejor cosa que hacer.
Este sábado, día 11, el Papa Francisco recibe en el Vaticano a Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda del Gobierno. Puede ser que el toque neoperonista detectado en su "plan de país" acorte la distancia con un pontífice de origen argentino, pues no se me alcanza que Francisco y Yolanda anden muy sobrados de campos comunes sobre los que mantener una conversación.
España tiene dos embajadas en Roma: la una es ante Italia y, la otra, ante el Estado Vaticano. La más importante es esta última, porque Italia es un país importante, pero con sólo unos sesenta millones de habitantes, mientras el Vaticano extiende su influencia sobre cerca de mil millones, quinientos millones de católicos, repartidos en los cinco continentes.
Ante la perspectiva cierta de un rebrote de contagios de covid 19 generados por la variante denominada "ómicron" --nombre tomado de la decimoquinta letra del alfabeto griego--, el Gobierno de España se escabulle y deposita en manos de las Comunidades Autónomas la regulación de las medida para afrontar la situación.
En el cuarenta y tres cumpleaños de la Constitución las élites institucionales del Reino de España se pasearon a cuerpo porque la pandemia ataca de nuevo. El solemne acto se celebró al aire libre, en las escalerillas del Palacio, junto a los leones del Congreso, en una mañana fría pero soleada.
El derecho a contagiar no existe, luego la obligatoriedad de la vacuna no atenta contra él. Semejante obviedad, sin embargo, es percibida sólo por el 15% de los españoles, o, cuando menos, por el 15% de los españoles consultados en las diferentes encuestas que se están haciendo sobre el particular, en tanto que una abrumadora mayoría debe suponer que la obligación legal (y moral, y social) de no atentar contra la salud y la vida de los demás al insignificante coste de un pinchazo, sería una imposición monstruosa, tiránica y anticonstitucional.
En los últimos días han sido varios los organismos y servicios de estudios los que han puesto blanco sobre negro las previsiones sobre la evolución de la economía española este año y el próximo que está a punto de comenzar.
La Asociación de la Prensa de Madrid, ante el intento de censurar la presencia de medios y periodistas no afines a la izquierda, en el Congreso de los Diputados, ha emitido un obsequioso comunicado, en el que, lejos de defender este ataque sectario a la libertad de Prensa, opta por convertirse en observadores por encima del bien y del mal, recomendando que a ver si los políticos y los plumillas son buenos chicos, y se comportan de manera educada.