Los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reunieron el viernes para discutir sobre el fondo de ayuda planteado hace ya días por la Comisión.
Ahora resulta que, en medio de la pandemia y con la peor crisis económica que se recuerda, el objetivo a abatir es la figura del ex presidente Felipe González.
Costó entrar en estado de alarma con el consiguiente confinamiento, recurso utilizado desde tiempo inmemorial, para hacer frente a las pandemia y ya estamos con las puertas abiertas. Lo vivido parece una pesadilla, algo que no nos ha ocurrido a nosotros pero nos ha ocurrido,¡¡vaya que si ha ocurrido!!.
Llevo semanas, meses, incluso años, buscando noticias esperanzadoras, mensajes que me permitan decir que esto va bien, que puede ir mejor, que hay esperanza.
Dice Caballero Bonald, que a sus 93 años se ha repuesto del zarpazo del coronavirus, que estamos viviendo el fin de la realidad, y como todo lo que dice el buen escritor jerezano, es muy probable que sea cierto.
No se enmascaran para protegerse del virus, al que se consideran poco menos que inmunes, porque no son "viejos" sino para disfrazarse y autoploclamarse antifascistas (antifa es el nombre de "moda", porque es eso, "moda"), cuando ni han visto en su vida uno de veras, ni fascista ni nazi, y aún menos lo han sufrido. En realidad son ellos quienes más se les asemejan. Ya travestidos de heroicos combatientes se disponen a hacer lo que consideran su aportación a la historia del mundo: romper cosas, quemar otras, saquear tiendas y derribar estatuas.
Hace poco me preguntaba un compañero si era posible poner gratis el transporte público de pasajeros para facilitar la movilidad durante la salida de crisis económica y social a la que nos ha abocado la Covid-19.
Es una cuestión recurrente hablar del “alto precio de nuestro transporte público” cuando nos vemos inmersos en periodos de crisis económicas, pero la realidad es bien diferente: el 60% del coste del transporte se cubre vía directa a través del Consorcio Regional de Transportes de Madrid (que se financia, a su vez, con ingresos presupuestarios e impuestos), mientras que el usuario paga por vía directa el otro 40% de lo que nos cuesta a los madrileños tener este sistema de transporte.
Es un modelo diseñado para que el transporte sea accesible económicamente para todos, para que cumpla con su función social de facilitar la movilidad y de reducir las brechas sociales. Es un sistema en el que se cumple la premisa de que quien más tenga, más ponga, puesto que se financia con los impuestos de todos los madrileños y ofrece, además, precios reducidos para jóvenes, mayores, familias numerosas y colectivos en riesgo de exclusión.
Estas son las cifras previas a la crisis de la Covid-19, cifras válidas para un entorno “normal” con un funcionamiento normal de la sociedad y con una capacidad de producción y unos índices de desempleo anteriores a la crisis.
Lo que es evidente es que todo el sector del transporte de pasajeros debe afrontar el reto de mantener el nivel de servicio en una situación de excepcionalidad. De media, nuestro transporte ha reducido su capacidad de transporte un 50%. Es decir, que para mover el mismo número de personas necesitaremos el doble de vehículos, necesitaremos el doble de recursos en vehículos, en personal, en combustible, …
Trabajamos en un entorno incierto donde la recuperación económica de nuestra sociedad marcará la demanda del transporte, que también se verá afectada por el nivel de implantación del teletrabajo o de la entrada escalonada al puesto de trabajo. En definitiva podemos hablar de un alto grado de incertidumbre, de unas cifras cambiantes que obligan a los gestores a desarrollar modelos flexibles capaces de adaptarse a los cambios a una velocidad desconocida hasta el momento. Todo, para poder dar el servicio que los madrileños se merecen.
Esta situación nos lleva al convencimiento de que hay que buscar soluciones entre todos. Hace unos días escribía sobre la necesidad de que todo el sector trabajase de la mano. Hablaba de la necesidad de realizar importantes esfuerzos por todas las partes, por el sector público y el sector privado, por el sector del transporte y el sector financiero y, no lo olvidemos, por trabajadores y sindicatos, que deben asumir de igual forma el nuevo escenario en el que nos movemos y las consecuencias de cada decisión. Porque, cuando el sistema se ponga en tensión, la única manera de afrontar la senda de la recuperación es encararla de la mano.
Es el momento en el que todos debemos mostrar responsabilidad social. Si no entendemos el cambio que hemos sufrido, no seremos capaces de recuperarnos. Si las empresas no asumen una reducción drástica de sus ingresos sin penalizar el empleo, estaremos incrementando el tiempo para atravesar este desierto. Si los representantes de los trabajadores no asumen que es momento de arrimar el hombro, todo se volverá más difícil. Y si las Administraciones Públicas no asumen que deben ser el motor y la guía de toda la recuperación, nos dejaremos a muchos por el camino. Buscar soluciones es responsabilidad de todos, es nuestra responsabilidad social.
Por Juan Rubio, portavoz de Cs en la comisión de Transportes de la Asamblea de Madrid
La Generalitat de Cataluña no se olvida de las personas que han sido galardonadas con la Cruz de Sant Jordi y, en caso de fallecimiento, subvenciona los gastos que conlleva la publicación de una esquela oficial en los diarios de mayor tirada de la región.
La reacción contra el asesinato de George Floyd se convirtió enseguida en un espectáculo antiterrorista descomunal y en el más duro conflicto social en Estados Unidos en el último medio siglo, después del asesinato de Martin Luther King.
Comenzó este 'annus horribilis', que inaugura una década quizá no muy feliz, con la formación de un Gobierno de coalición 'de progreso' como no lo había habido en casi un siglo; este fue el primer corte con el pasado.
Lo que se le viene encima al Gobierno, y al país en general, no es como para distraerse en los ensueños tribales de algún territorio o en las teorías conspiratorias de Podemos retroalimentadas con las de Vox. Los extremos se tocan. Y no hacen ninguna falta frente a una venidera realidad de retroceso económico "sin precedentes", según el Banco de España. Es la puerta abierta al paro, la pobreza y el malestar social.
A la luz de las últimas noticias sobre las circunstancias que desembocaron en la destitución del coronel Diego Pérez de los Cobos como jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid se puede decir, sin temor a errar, que fue un acto injusto. Incluso ilegal, a la vista de que el coronel -cumpliendo con su deber- se negó a facilitar información acerca de las diligencias judiciales sobre el 8M.
El cierre de la economía sigue haciendo estragos en el mercado laboral. Cierto que el tímido inicio de la actividad ha sacado a muchos trabajadores del ERTE y de las listas del paro.
Ya saben ese viejo chiste de dos vascos que buscaban setas en el bosque y de pronto, uno de ellos se encuentra un rolex y el otro le dice que lo deje "¿A qué estamos, Patxi, a setas o a rolex?
Inmersos ya en la fase 1, comienzan a recuperarse poco a poco los sectores de nuestra economía que más han sufrido el parón de la actividad; entre ellos las actividades comerciales que no fueron consideradas esenciales, un importantísimo colectivo compuesto por tiendas especializadas en sector textil, calzado, servicios, comercio especializado y actividades como peluquerías, dentistas o fisioterapeutas.
Todas ellas se preparan para retomar su actividad con unas normas sanitarias sumamente estrictas y de obligado cumplimiento. La ilusión de estas pymes les está haciendo superar estas dificultades. Con un esfuerzo enorme, están cumpliendo las exigencias de una forma estoica después de casi tres meses sin facturar. Afrontan el pago de alquileres y de gastos fijos, no siempre con las ayudas de los ERTE.
Su adaptación es camaleónica porque han cambiado muchos hábitos, desde los saludos más elementales al uso obligatorio de mascarillas y el gel hidroalcohólico. De todos estos cambios, el más influyente es la “distancia social”, que les ha hecho modificar sus establecimientos o el acceso a los mismos para dar un servicio seguro.
Por eso ahora, cuando el foco se centra en la recuperación económica, es cuando los gobernantes deben demostrar imaginación, agilidad para implementar normas claras y definidas. Hemos venido padeciendo por parte del Gobierno de Sánchez un carrusel de disposiciones erróneas que se corregían, a las pocas horas, en una demostración de improvisación y desconocimiento: rebajas sí, rebajas no; horarios cambiantes; reducción de los metros cuadrados disponibles por local… Cuando lo sencillo habría sido consultar a los profesionales.
La lucha de las pymes y los autónomos contra la recesión económica será titánica y diaria. Nada duele más a un autónomo que tener que prescindir de un trabajador o tener que cerrar su proyecto, su tienda, su sueño, en el que ha volcado tiempo, experiencia, ahorros y toneladas de trabajo. Por todo ello, es momento de que el Gobierno genere certidumbre, cuente con los profesionales e impulse moratorias, flexibilizaciones, refinanciación y acceso a créditos y pólizas adecuadas.
Los comerciantes y los restauradores son imprescindibles para salir de esta crisis económica. Su ansiado regreso, que incide en más del 25 % de los empleos de nuestra Comunidad, debe ser apoyado y arropado en su travesía hacia la normalidad, ya que desde hace muchas décadas son “santo y seña” de la modernidad y de la imagen que acompaña a la región. Es preciso un escenario basado en la estabilidad y la confianza, alejado de los bandazos o las ocurrencias.
El presente solo volverá a ser brillante y próspero si estos sectores son fuertes y mantienen la salud. Ahora estamos a tiempo de elegir el modelo a seguir, qué estrategia tomar, para que el sector servicios siga siendo un ejemplo de innovación y un reclamo para los que viven y los que llegan a Madrid.
Luis Pacheco
Diputado de Ciudadanos en la Asamblea de Madrid
Pese a que el vicepresidente Iglesias aprovechó ayer la comparecencia en Moncloa para apuntarse el tanto de la aprobación del ingreso mínimo vital, con la demagógica frase de agradecerle a Sánchez que hubiera atendido su propuesta, la gestión de los recursos y la puesta en marcha del cobro de la prestación va a depender del ministro se Seguridad Social.
La desconfianza del ministro de Interior ya no se restringe a los altos mandos de la Guardia Civil, sino que se proyecta sobre la totalidad de los ciudadanos, que tampoco gozamos de su confianza.
Demasiadas teclas que tocar a partir de los importantes cambios en la crisis del virus que afectan al país estos últimos días de mayo y primeros de junio.
Este es un gobierno de consignas y propagandas. Que suelen ser muy bonitas pero que no se compadecen en absoluto con la realidad. Pasen y vean.
El jueves, 21 de mayo de 2020, ha sido el peor día en la vida (vida política, se entiende) del aún presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, desde aquel desdichado comité federal de "Puerto Hurraco" que le expulsó de la secretaría general del PSOE el 1 octubre 2016.
Los informes de perspectivas de la economía española se suceden y el lunes le tocó al gobernador del Banco de España exponer el suyo en el Congreso de los Diputados.
La tarea esencial, obsesiva, del Gobierno durante estos dos meses largos con la población enclaustrada ha sido intentar borrar de la memoria su tardanza, irresponsabilidad, insensatez y dejación, hecho probados incluso por sus propias palabras y decisiones, ante la llegada y consecuencias del virus.
Escribo desde el 'cerocomacincoporciento', el confinamiento especial al que estamos sometidos siete millones de habitantes de la Comunidad de Madrid. Gentes que andan de los nervios, en situación anímica que en algunos casos llega al límite. Que culpan al Gobierno. O, en el otro extremo, que culpan a los que ruidosamente culpan al Gobierno. Socorro, que alguien haga algo.
Al unir el carro de Ciudadanos a la caravana del Gobierno de coalición PSOE-Podemos, Inés Arrimadas se adentra en un territorio político proceloso. Pedro Sánchez utilizará ese apoyo para sacar adelante la quinta prórroga del estado de Alarma que esta vez pretende que sea de un mes, hasta el 29 de junio.