Un impuesto no es una requisa, sino una contribución, un aporte al común, y en el caso de los ricos, también una devolución. Un rico, para serlo y ser identificado como tal, necesita que la inmensa mayoría de sus compatriotas no lo sea, pero una cosa es eso, y otra, algo distinta, es que el rico, obcecado patológicamente por serlo más y más, sin tasa ni medida, requiera que sus compatriotas no sólo no sean ricos, sino que devengan en pobres de pedir.
Hoy comienza a andar, cuando los españoles llevamos más de dos meses confinados, la Comisión del Congreso que tratará de aunar esfuerzos para paliar la terrible crisis económica que se avecina. Los pronósticos no son buenos. Solo la presencia al frente de la misma de un hombre de tan acreditada trayectoria de consensos, como el ex lehendakari Patxi López, ofrece alguna garantía de que las sesiones no serán una bronca permanente.
Pocos días han bastado, desde la toma de posesión de Sánchez, para que el PSOE quede ampliamente desacreditado. No sabe de gestión, ni de economía, ni de medicina, ni de pandemias. Ni él ni su equipo.
Se me ocurrió publicar un tuit manifestando mi apoyo al Padre Ángel García, el presidente de 'Mensajeros de la Paz', y no tienen ustedes idea de la que se armó. Pocas personas en España suscitan mayor entusiasmo por su labor', pero cuenta también con sus detractores, claro: algunos le acusan de ser 'la Iglesia de la izquierda', y otros de moverse en ambientes de políticos, periodistas y empresarios "que no deben ser los que frecuente un sacerdote", me escribía alguien, enfurecido por mi respaldo al mediático cura en unos momentos de tribulación personal para él. Como si hubiese Iglesia de izquierda y de derecha. Como si un religioso tuviese que confinarse -aún más- en su parroquia y punto.
Puede que madurar no sea otra cosa que irte dando cuenta, a medida que pasan los años, de que en muy raras ocasiones eres dueño de tu propio destino. Y eso no quiere decir que las rodillas de los dioses se muevan siempre en contra, sino que tanto en lo bueno como en lo malo tu destino depende de factores que no dominas, ni estás en condiciones de cambiar.
Justo hace una semana y en estas mismas líneas sostuve que quizás no le vendría mal al Gobierno un pequeño susto. Entonces, y así quedó dicho, no se sabía cuál iba a ser la posición final de los grupos parlamentarios en torno a una nueva prorroga del estado de alarma pero un pequeño susto era necesario.
Lo más positivo de los últimos días en la gran crisis es el importante descenso de otro peldaño, que nos lleva a la cifra más pequeña de fallecimientos (164) y contagios (838) en 24 horas nada menos que en el último mes y medio.
El partido del vicepresidente Pablo Iglesias, responsable, en la crisis, de los servicios sociales, incluidas las residencias de mayores de toda España, ha presentado una propuesta en el Congreso que busca retirar a las empresas privadas de este sector y nacionalizarlo para "acabar con esta situación de forma inmediata".
El Gobierno envió el jueves a Bruselas, con nocturnidad, el nuevo Plan de Estabilidad. Las previsiones macroeconómicas se antojan optimistas a pesar de ser catastróficas.
Aunque en la monotonía del confinamiento impuesto por la Covid-19 los ciclos semanales y las festividades parezcan perder buena parte de su sentido, el calendario nos ha llevado ya hasta el 2 de mayo, fecha en la que los madrileños celebramos el Día de nuestra Comunidad. Será una jornada con actos oficiales reducidos al mínimo, sin fiestas populares y sin que los ciudadanos, por mucho que el buen tiempo primaveral nos invite a hacerlo, podamos reunirnos relajadamente en parques, terrazas o cualquier lugar público.
Los días de fiesta encajan mal en el marco de las restricciones impuestas por un estado de alarma y peor aún lo hacen en una situación de luto oficial, como la que actualmente rige en Madrid (aunque, de manera incomprensible, no en el conjunto del Estado). Por eso, la celebración de este este 2 de mayo va a ser muy extraña. Pero eso no quiere decir que carezca de sentido. Más bien al contrario, en este caso las difíciles circunstancias que atravesamos otorgan a la conmemoración un sentido especial.
Quizá alguien piense que la imagen del 2 de mayo como un cuadro bélico de levantamiento de la nación en armas contra un ejército invasor podría servir como metáfora de la lucha que actualmente mantenemos contra el coronavirus. No creo, sin embargo, que eso sea lo más acertado. Afortunadamente, no estamos en una guerra entre dos ejércitos que combatan entre sí buscando su mutua destrucción. Tampoco, por desgracia, podemos aspirar a celebrar ningún día de la victoria, porque con un balance de decenas de miles de personas fallecidas tendremos poco que celebrar cuando todo esto pase.
¿Qué es entonces lo que hoy puede aportarnos la memoria de la jornada del 2 de mayo de 1808? Mucho, porque, a poco que profundicemos bajo los evidentes tintes épicos de aquellos sucesos históricos, encontramos referencias admirables de espíritu de comunidad, generosidad y, por supuesto, dignidad. Todo ese potente sentimiento cívico es el que, de forma más o menos consciente en sus protagonistas anónimos, eclosionó aquel día de 1808 en Madrid.
La situación que vivimos hoy en muy poco se parece a aquella de las guerras napoleónicas. Sin embargo, los mismos valores ciudadanos que entonces cobraron repentina fuerza siguen hoy manteniendo todo su vigor, porque forman el sustrato imprescindible para toda sociedad que quiera progresar en democracia y libertad.
Ahora, después de que esta devastadora epidemia nos haya pillado desprevenidos, cuando estamos atravesando días de incertidumbre, angustia y dolor, nos llenan, sin embargo, de esperanza tantos ejemplos admirables de sentido del deber, de altruismo y de entrega, como estamos encontrando en nuestros profesionales sanitarios, nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad, nuestro ejército y, en general, en todos aquellos que tanto se están esforzando por mantener en correcto funcionamiento los servicios esenciales para la comunidad.
Todos ellos son nuestros héroes de este 2 de mayo, nuestros modelos a seguir para afrontar el difícil panorama que tenemos por delante y que va a exigir de todos los madrileños y del conjunto de los españoles un gran esfuerzo solidario para remontar las adversidades y salir más fortalecidos de esta prueba. Será ese también el mejor homenaje que podamos tributar a la memoria de todos aquellos familiares, amigos y vecinos que ahora estamos perdiendo y que tanto trabajaron por hacer posible esta España en convivencia y libertad que ahora nos toca, con todas nuestras energías, defender y fortalecer.
Pío García-Escudero
Presidente del Partido Popular de la Comunidad de Madrid y Vicepresidente segundo del Senado
Este no es un 2 de Mayo cualquiera. Nuestra fiesta regional no la protagonizan la apertura, el espíritu o la vanguardia de Madrid, sino el homenaje a todos los que han perdido la vida, a sus seres queridos o a los que siguen jugándosela ahí fuera contra la Covid-19. Sin embargo, los madrileños siempre vemos la luz al final del túnel y ya estamos listos para levantarnos de nuevo.
El coronavirus nos ha obligado a confinarnos en nuestros hogares casi dos meses, alejándonos, en muchos casos, de nuestras familias y allegados y limitando el contacto a través de las nuevas tecnologías. Como cada vez que ha sido necesario, los madrileños estamos dando ejemplo de sacrificio por el bien común, aunque ello nos impida ver a nuestros padres, madres, hijos, hermanos o amigos. Y, a pesar de todo, seguimos manteniendo nuestro carácter combativo, festivo, alegre, irónico… En resumen, castizo.
Estamos viendo cómo muchos ciudadanos vierten su creatividad en las redes sociales. Pero no es solo entretenimiento: si de algo podemos sentirnos orgullosos es de ver cómo Madrid ha canalizado a través de este y de otros medios una ola de solidaridad para hacer la compra a los mayores o facilitar auxilio a los vecinos en dificultades.
En este 2 de Mayo nos comprometemos a no olvidar a los más de 8.000 madrileños fallecidos a causa de la Covid-19, muchos de los cuales se han marchado sin que sus familiares pudieran despedirse de ellos. Especialmente trágica es la pérdida de nuestros mayores, la generación que trabajó para dejarnos una democracia joven y cuyo legado difícilmente se podrá igualar. Todo mi recuerdo y mis condolencias para ellos.
Tampoco puedo dejar de pensar en el personal sanitario, los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, los productores, los transportistas, los comerciantes, los hosteleros, los taxistas y todos aquellos que han puesto su pequeño granito de arena para vencer a la pandemia.
A estos y a todos los que han cumplido con su deber personal manteniendo el confinamiento nunca podremos darles las gracias lo suficiente. Por eso, la mayor labor que tenemos por delante los representantes políticos es reconstruir la economía y el bienestar de la Comunidad de Madrid lo antes posible. Es nuestra obligación dejar la ideología a un lado para sumar fuerzas. Y puedo garantizar que ese es el papel en el que nos van a encontrar los ciudadanos. Se lo debemos y no podemos fallarles.
Hoy, 2 de Mayo, día de la Comunidad de Madrid, es un buen momento para echar la vista atrás para recordar que nunca nos hemos dejado vencer ante las dificultades y que no bajamos los brazos; no lo hicimos ante el golpe terrorista del 11 de marzo de 2004 y tampoco nos hundiremos en esta ocasión. Madrid se levanta de nuevo para volver a ser ejemplo de acogida, prosperidad y libertad. Hagamos de este día el primero de la reconstrucción y un homenaje para todos.
César Zafra
Portavoz de Ciudadanos en la Asamblea de Madrid
En los últimos 25 años, Madrid ha sido el laboratorio de las políticas neoliberales del PP. El resultado es la región más desigual de Europa; desvertebrada, con el 60% de su territorio, rural y de pequeños municipios, abandonado; un ecosistema de precariedad, inseguridad y atomización social que atraviesa todas las dimensiones de nuestras vidas.
El otro signo característico del Madrid del PP es la utilización a éste como trinchera contra el Gobierno central. Y ello es una metáfora del efecto de desvertebración del territorio a su alrededor: convertida en un paraíso fiscal para rentas altas, con su riqueza inflada por el efecto capitalidad, jóvenes y trabajadores precarios se agolpan en su periferia mientras la España, primero rural y ahora también de ciudades de provincias, envejece y se vacía.
Ahora bien, Madrid no siempre ha sido esto. “Las insurrecciones son tan viejas en España como el gobierno de los favoritos de Palacio contra los cuales han ido habitualmente dirigidas”, escribió Marx. Organizado en juntas, concilios, ayuntamientos o Cortes, el pueblo español siempre ha vigilado a sus gobernantes: a Carlos I las Cortes castellanas advirtieron “Habréis de saber, señor, que el rey no es más que un servidor retribuido de la nación”; y los representantes nombraban a los reyes aragoneses supeditándolos al bien común y el interés general: “Nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos Principal, Rey y Señor entre los iguales, con tal que guardéis nuestros fueros y libertades; y si no, no”. El soberano sólo lo es en tanto proteja y garantice la libertad intransferible de su pueblo; “y si no, no”.
Hace hoy más de 200 años, continuando esta tradición, el Dos de Mayo de 1808, el pueblo madrileño salió a la calle. Hace casi 10 años, la plaza del Sol volvió a mostrar esa vitalidad. Hoy, en 2020, Madrid enfrenta un reto formidable. Una pandemia ha dejado miles de muertos y amenaza con una crisis económica de proporciones inmensas.
En 1808, las “mujeres fieras” de Goya salieron a las calles también en Madrid, al frente de un cañón, lanzando macetas o arengando la revuelta: Manuela Malasaña con sus tijeras, Benita Pastrana, que murió "defendiendo el cañón del teniente Ruíz hasta ser herida de muerte", Clara del Rey, luchando junto su marido y tres hijos con los artilleros del Cuartel de Monteleón, María Beano, la niña de doce años Manuela Aramayona... En 1808, campesinos, costureras, artesanos, estudiantes, granujillas, tinajeras se levantaron, con lo que tenían a mano, improvisando, en guerrillas echadas al monte, mimetizados con el propio terreno: escribía Pérez Galdós, “el país en armas, el territorio, la geografía misma batiéndose”.
En 2020, profesionales del sector sanitario y de cuidados, sectores altamente feminizados, hacen ya innegociable que el cuidado de la vida es el centro de nuestra vida social, y como tal tiene que ser defendido y protegido: nunca más recortes en Sanidad pública, nunca más profesionales trabajando en residencias con condiciones de miseria. En 2020, todo Madrid ha tenido que movilizarse contra una pandemia: sanitarios doblando turnos, repartidores y agricultores asegurando el abastecimiento, padres y madres cuidando y teletrabajando a la vez, estudiantes y profesores acabando online el curso escolar, militares desinfectando residencias, cajeros atendiéndonos en los supermercados, voluntarios cosiendo mascarillas, trabajadores acudiendo a sus lugares de trabajo… todos a una, como siempre en las malas, anónimos, sin buscar gloria ni reconocimiento, pero contribuyendo, quizás sin saberlo, a hacer que volvamos a ser el pueblo de Madrid.
Siguiendo ese hilo, Madrid puede llegar a ser una región que cuida y protege, solidaria y orgullosa de su territorio, costumbres e historia, modelo de entendimiento y vertebración con el resto de España. Cómo salgamos de esta crisis determinará si vamos a serlo. De ésta saldremos juntos, “y si no, no”. Contra Napoleón, los madrileños se echaron a la calle; cuando se fue, añade Galdós, siguieron en la calle, “y todavía no han vuelto a casa”. Este Dos de Mayo el pueblo madrileño tiene que pasarlo en casa. Pero, incluso desde casa, lo colectivo perdura. Lo primero que ocurrió en el confinamiento fue la instauración de un rito, los aplausos de las 20:00. Seguramente porque no podemos olvidar que somos, lo que siempre ya hemos sido: una comunidad.
Clara Ramas San Miguel
Diputada de Más Madrid en la Asamblea de Madrid
Percibí, horas antes del inicio, parcial y vigilado, de eso que se llama, horrible palabro, desconfinamiento, un cierto caos entre los que me rodeaban: la casuística siempre es peligrosa --sobre todo, si está mal explicada--, genera muchas dudas y, al final, la interpretación estará en manos de quienes, a partir de este sábado, tengan que vigilar nuestros pasos.
Tenía yo unos diez años cuando la varicela se apoderó de mí en un mes de mayo. Polvos de talco y paciencia, recomendó el médico de cabecera que me atendió cuando mi madre me llevó al consultorio de un pueblo cercano al mío. El fin de semana siguiente vinieron a vernos unos amigos de la familia con sus dos hijos, de edades muy similares a la mía y no podía salir a jugar con ellos por estar encamada. Todo un fastidio.
Pedro Sánchez ha anunciado las directrices generales del camino que nos hará transitar desde el confinamiento actual a la "nueva normalidad". Esta construcción es uno de los muchos inventos retóricos que los hacedores de discursos han ido acuñando en este tiempo de pandemia.
Aunque la gestión última de la crisis que ha provocado el coronavirus en España está en manos del Gobierno de España, las comunidades autónomas y los municipicios también tienen, dentro de sus competencias, la posibilidad de realizar acciones para mitigar y combatir la pandemia.
Por Alfredo Fernández
Un amigo periodista me animó a realizar una sencilla investigación al alcance de cualquiera. Un estudio que revela las vergüenzas -si es que algo les queda- de nuestros gobernantes nacionales en la gestión del coronavirus.
Indignado ante un Gobierno que no tenía un plan de qué hacer ante una pandemia --como ha reconocido el ministro Duque--, no lo ha elaborado después, se ha instalado en la improvisación permanente ejerciendo la rectificación continua, se ha escudado en los técnicos para esconder sus errores, no ha contado con la oposición ni con los agentes sociales, y ya veremos si, de verdad tiene un plan de salida del confinamiento para el conjunto de la sociedad, empresas, trabajadores y ciudadanos.
Queridos vecinos y vecinas:
Llevamos ya varias semanas bajo el estado de alarma decretado por el Gobierno de España, y mi equipo de Gobierno y yo mismo seguimos trabajando sin descanso para tomar medidas con el fin de que nadie se quede atrás en estos momentos tan difíciles que estamos atravesando.
Tan cierto es que la revelación del general José Manuel Santiago de la Guardia Civil, relativa a las prácticas de ésta para "minimizar" los ataques a la gestión del Gobierno en la crisis sanitaria, resulta inquietante, como que muchos de esos ataques, lanzados desde las redes sociales, desde oscuros partidos y desde unos medios que ni bajo los efectos del más potente narcótico podrían calificarse de periodísticos, nada tienen que ver con la crítica, y sí con la intoxicación, la insidia, el energumenismo sectario, la calumnia y la maldad.
El pleno del Ayuntamiento de Madrid, esta semana, se ha convertido en el paradigma de lo que hay que hacer en política cuando la sociedad sufre una crisis sin precedentes que causa miles de muertos y va a hundir la economía nacional por mucho tiempo.
Sánchez lo llama el pacto de la posguerra. Difícil alumbramiento, si no imposible, mientras no encaje claramente en la centralidad constitucional. Sin PP y sin Ciudadanos puede haber renovación del pacto de investidura, pero no será un pacto de Estado. No puede serlo sobre unos costaleros de aversión declarada al Estado mismo o al sistema que lo sustenta.
Por Isaac Martín
Dos agentes de la Policía Nacional se personaban en la parroquia de los Santos Juan y Pablo, en San Fernando de Henares, el pasado día 13 de abril. Fueron alertados por un vecino del municipio tras observar a los fieles acudir a la habitual celebración de la misa de 19:30 y considerar que estos no cumplían con las medidas de protección adecuadas, como el uso de guantes y mascarillas.
El Consejo de Ministros aprobó ayer la posibilidad de que Pymes y autónomos con facturación inferior a 600.000 euros puedan retrasar el pago de los impuestos.